¿Durante cuánto tiempo podremos seguir combinando una economía resiliente con una política caótica? ¿Puede la respuesta ser realmente "para siempre"? Si no es así, ¿terminará esta situación con el triunfo de la resiliencia sobre el caos, o todo lo contrario? Estas son las preguntas que plantea la actual combinación de una economía robusta con una política que podría considerarse una farsa, si no fuera tan grave.
A principios de la semana pasada, Donald Trump le advirtió a Irán que, si no se reabría el estrecho de Ormuz, "todo el país podría ser eliminado en una noche, y esa noche podría ser mañana por la noche". Dos días después, se nos informó de que EE. UU. e Irán habían acordado un alto al fuego de dos semanas que permitiría la apertura del Estrecho. Luego, como el alto al fuego resultó no serlo y el Estrecho permaneció cerrado, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, viajó a Islamabad para negociar un acuerdo de paz. Ese intento fracasó. Acto seguido, Trump escribió en Truth Social que "con efecto inmediato, la Armada de EE. UU. comenzará el proceso de BLOQUEAR a todos y cada uno de los barcos que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz". Posteriormente, EE. UU. explicó que su bloqueo abarcaría "la totalidad del litoral iraní", incluyendo los puertos y las terminales petroleras, y que se aplicaría a todos los barcos "independientemente de su bandera".
¿Qué podemos deducir de todo esto? Por un lado, la confusión es una característica, y no un error, del manual de estrategias de Trump. Sin embargo, la imprevisibilidad tiene consecuencias. El más reciente informe "Perspectivas de la economía mundial" (WEO, por sus siglas en inglés) del Fondo Monetario Internacional (FMI) comienza con un análisis de la incertidumbre. La actual guerra en el Medio Oriente es una de las principales fuentes de dicha incertidumbre. Los altibajos de la política comercial estadounidense bajo el mandato de Trump representan otra fuente, por no mencionar la guerra en Ucrania y las rupturas en la alianza occidental. No es de extrañar que diversos indicadores de incertidumbre política y económica se encuentren en niveles elevados.
En este contexto, el FMI en los últimos años ha adoptado un enfoque novedoso para sus pronósticos; en lugar de la tradicional "línea base", presenta un "pronóstico de referencia", basado en la suposición de que las disrupciones causadas por la guerra contra Irán se disiparán para mediados de 2026. Pero también añade escenarios "adversos" y "graves". En el primero, un conflicto más prolongado mantendría los precios de la energía más elevados durante más tiempo. En el segundo, se producirían daños aún más extensos a la infraestructura energética de la región.
En el pronóstico de referencia, se prevé que el crecimiento mundial sea del 3,1 % en 2026 y del 3,2 % en 2027, por debajo del 3,4 % registrado en 2024-25, y que se estabilice en la tasa más baja a mediano plazo. Esto estaría muy por debajo del promedio de 3,7 % registrado entre 2000 y 2019. Este pronóstico más reciente para el crecimiento mundial en 2026 es de apenas 0,2 puntos porcentuales inferior al publicado en enero de 2026. Sin embargo, señala el WEO, de no ser por la guerra, el crecimiento de este año se habría revisado al alza. Además, se anticipa que la inflación alcance el 4,4 % este año.
No obstante, en el escenario adverso del Fondo, el crecimiento mundial se desaceleraría hasta el 2,5 % en 2026 y la inflación alcanzaría el 5,4 %. En su escenario aún más grave, el crecimiento mundial se reduciría a alrededor del 2 % este año, mientras que la inflación alcanzaría el 5,8 %. Por lo tanto, el impacto económico de la guerra depende de lo que suceda a continuación: un cese de las hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz en un futuro próximo, en el mejor de los casos, o un conflicto prolongado y destructivo, en el peor de ellos.
Los costos de la guerra también se distribuyen de manera desigual; la carga es más pesada en la región del conflicto, para los importadores de materias primas y los países con fragilidades preexistentes. De más está decir que nada de eso parece preocupar a quienes la iniciaron.
Si ampliamos aún más la perspectiva, podemos identificar posibilidades más preocupantes y también más alentadoras. En cuanto a las primeras, como señala el Fondo, "predominan los riesgos a la baja". Nos encontramos, como ha señalado Mark Carney, en una era de "ruptura". Las fuerzas en juego no parecen muy diferentes de las del período 1914-1945, con enormes cambios en el equilibrio de poder, y convulsiones ideológicas y tecnológicas. Hoy en día, también podemos observar numerosos riesgos: tensiones geopolíticas; choques en el suministro de materias primas esenciales; disrupciones del comercio; decepción en la rentabilidad de la inteligencia artificial (IA) —y, por lo tanto, un colapso de la inversión en ella—; déficits fiscales prolongados y acumulaciones cada vez mayores de deuda pública; y daño a instituciones cruciales, en particular a los bancos centrales, y una consiguiente desestabilización de las expectativas de inflación. A esa lista hay que añadir —no por el FMI— el colapso de EE. UU. como potencia hegemónica benigna: el lenguaje y las actitudes de quienes promueven esta guerra son su golpe de gracia.
Sin embargo, también hay aspectos positivos. Como acertadamente subraya el FMI, "antes de la guerra, la economía mundial estaba teniendo un desempeño mejor de lo esperado". En particular, el crecimiento de las exportaciones de tecnología, impulsado por el auge de la IA, ayudó a compensar el lastre de los aranceles impuestos por Trump. El impacto de estos últimos también se vio compensado por la rápida reorientación del comercio mundial en respuesta a la guerra comercial entre EE. UU. y China. Además, hasta ahora, el proteccionismo estadounidense no se ha extendido a nivel mundial.
Más recientemente, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría sugiere que su estilo de hacer política —la combinación de corrupción y guerras culturales—, adoptado por Trump y promovido por Putin, puede ser derrotado, siempre y cuando las elecciones sean razonablemente libres, sobre todo porque este enfoque no funciona. Además, al igual que el mundo no desea seguir el proteccionismo de Trump, tampoco desea (hasta ahora) seguir su nueva belicosidad. Sigue existiendo una demanda de cooperación y de relaciones pacíficas. La humanidad aún no ha abandonado por completo todo lo que ha aprendido a cambio de las insensateces del nacionalismo agresivo o de las guerras supuestamente sagradas.
El FMI está describiendo un mundo muy alejado del que anhelaron sus creadores en 1944. Pero el informe WEO muestra que ese mundo aún no ha perecido. Lo que está en riesgo no es solo la paz y la prosperidad, sino un concepto de civilización. De eso, Putin y Trump no tienen ninguna idea. Algunos, sin embargo, aún lo olvidan.
(Martin Wolf. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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