Los habitantes del país, independientemente de sus años de vida, se involucran de manera directa e indirecta en los procesos electorales. Aunque no es lo más apropiado, en sectores metropolitanos, así como en los campos y las ciudades del país, hasta niños de ambos sexos son vistos agitando banderas y afiches, tarareando consignas y aplaudiendo fervorosamente a los candidatos cuando desfilan frente a sus espacios de residencia. Aunque esa población infantil no ejerce el derecho al sufragio en ese momento, es posible que lo haga en los próximos cuatro u ocho años. De modo que familiares directos y vecinos inciden en la formación política de muchos menores de edad cuando se activan a favor de uno o de varios candidatos de sus preferencias, o por un determinado partido político, luego de formalmente abierta cada campaña electoral.

Esa realidad ha ido moldeando el sentimiento y la participación política de la sociedad cada vez que llega la fecha de cambiar o reelegir las autoridades presidenciales, legislativas y municipales del país. En ese orden, resulta conveniente que el organismo electoral valore la posibilidad de orientar desde las aulas escolares sobre la importancia del ejercicio electoral a niños y jóvenes, de modo que cuando posean la edad reglamentaria para ejercer el sufragio, lo hagan con total conocimiento de causa.

En ese arduo trayecto de los procesos electorales nacionales, han participado más de cincuenta millones de personas adultas desde 1962 hasta el año 2024.

Solo basta consultar las fuentes documentales de la Junta Central Electoral, las hemerográficas y bibliográficas del Archivo General de la Nación, para tener una idea clara de cuántos hombres y mujeres han tomado participación en los procesos que han dado lugar a la elección de las autoridades estatales en los tres niveles determinados en los contextos jurídicos (Ley 20-23) de la Ley Electoral.

La población total del país en cada proceso electoral ha comprendido la siguiente relación:

POBLACIÓN GENERAL POBLACIÓN ELECTORAL
1962 – 3 576 737 1962 – 1 658 033
1966 – 3 991 482 1966 – 1 815 493
1970 – 4 487 275 1970 – 2 041 596
1974 – 5 003 261 1974 – 2 116 388
1978 – 5 527 108 1978 – 2 295 158
1982 – 6 061 959 1982 – 2 631 844
1986 – 6 609 380 1986 – 3 039 347
1990 – 7 166 106 1990 – 3 275 570
1994 – 7 735 402 1994 – 3 598 328
1996 – 8 012 121 1996 – 3 748 066
2000 – 8 546 026 2000 – 4 251 218
2004 – 9 086 185 2004 – 5 020 703
2008 – 9 620 062 2008 – 5 764 387
2012 – 10 140 534 2012 – 6 502 968
2016 – 10 633 339 2016 – 6 765 245
2020 – 10 448 499 2020 – 7 529 932
2024 – 11 390 363 2024 – 8 145 548
TOTAL: 128 035 839 TOTAL: 70 199 821

Nota: Cuadro estadístico preparado por el autor para el libro: El voto del pueblo dominicano 1962-2024, trascendencia y proyección.

El total general de habitantes que durante estos sesenta y dos (62) años de vida en democracia han participado de manera directa, permanente u ocasional en los diecisiete (17) procesos electorales del país asciende a la suma de setenta millones ciento noventa y nueve mil ochocientos veintiuno (70 199 821) ciudadanos.

En ese mismo contexto, la cantidad total de habitantes del país ha sido de 128 035 839 millones de ciudadanos. Como es lógico, la masa poblacional general, además de personas adultas, la componen niños y jóvenes sin edad para ejercer el sufragio. Por igual, se contabilizan extranjeros que no cumplen con los requerimientos legales para tener derecho al voto en una consulta comicial que es de la exclusiva competencia de ciudadanos dominicanos por nacimiento o por adopción legal.

Indudablemente, esa población en ascenso constante posee diversas metas, tanto profesionales como personales y familiares. En nuestro particular estadio político, hacer vida activa en una de las organizaciones político-partidistas que la gente pondera como una opción de poder a corto o mediano plazo se convierte en un mecanismo dinámico que los habitantes valoran para trascender socialmente, o de manera simple, gestionar posibilidades laborales, entre otras prebendas materiales.

Es evidente que la población general del país es y debe ser mayor a la población de electores. Esa diferencia se establece por razones de edad biológica entre uno y otro grupo, pero además se toma en consideración la variable hombre-mujer en los procesos, y hasta qué grado uno y otro sexo se ha empoderado de una mayor o menor militancia política.

La presencia de la mujer en los procesos electorales que se han sucedido desde 1962 hasta el 2024 ha sido tan activa y dinámica como la de los hombres. Aunque aún no se cuenta con estadísticas confiables sobre la participación de estas en dichos procesos, historiadores, sociólogos y analistas políticos han expresado que su presencia ha sido vital para la consolidación de la vida democrática en el país. Su participación activa en los procesos electorales inicia durante la tiranía trujillista, el 10 de enero de 1942. Aunque todo el país conocía la realidad en que se llevaba a cabo ese ejercicio cívico, su implementación facilitó a la mujer dominicana conocer de manera directa la funcionalidad de los procesos electorales, quedando evidente en ellas una extraordinaria experiencia de vida, ya que emprendían su presencia real en los procesos cívicos del país en igualdad de condiciones que los hombres.

Manejo gerencial del poder político

Indudablemente, después de los resultados de cada proceso electoral se presenta el hecho que todos los líderes, en el gobierno o en la oposición, deben valorar al momento de manejar la cosa pública: ¿el gobierno es del país o solo del partido en el poder? Esa disyuntiva es constante luego de cada proceso comicial y crea permanentes fricciones entre los militantes activos y aquellos ciudadanos que apoyan de manera circunstancial una propuesta política. Tanto estos últimos como los demás habitantes, con o sin militancia, poseen derechos más que suficientes para optar por uno de los cargos públicos de carácter administrativo, o por aquellos que se asignan a partir de convocatorias públicas, abiertas y contradictorias, pero que además requieren la presentación de un aval profesional y una entrevista para medir condiciones gerenciales y habilidades conductuales de los ciudadanos interesados. Ese concepto de "pertenencia del poder estatal" al que muchos militantes políticos hacen alusión luego de que su organización obtiene el triunfo en las urnas es un criterio que aún permanece en nuestros ambientes partidarios, creando múltiples fricciones entre funcionarios y las masas partidarias.

Favorablemente, los ejemplos de otros países hermanos, más las transformaciones sociales y políticas de los últimos treinta (30) años en el país, han ido moldeando ese nocivo criterio de administrar la cosa pública luego de que una organización política asume la dirección del Estado.

La población dominicana ha marcado una tendencia constante y positiva hacia la participación en los procesos electorales del país. La actitud democrática que exigen los organismos político-partidistas, más las leyes y resoluciones de la Junta Central Electoral, los han trasladado a los sindicatos profesionales y gremiales, demostrando que desde el año 1962 hasta el presente, la sociedad dominicana ha elevado su capacidad de discernimiento en interés de mantener de manera constante ese legado que sacrificados dominicanos le garantizaron a la generación del siglo XXI y siguientes, cuando en 1962 realizaron las primeras elecciones libres y democráticas después de 30 años y cinco meses de cruenta dictadura.

Los 128 035 839 millones de ciudadanos que desde el 1962 hasta el 2024 han sido testigos de los procesos eleccionarios celebrados en el país constituyen el más fiel reflejo de que la sociedad dominicana ha decidido vivir y luchar por mantener de manera inalterable los más sagrados principios de la democracia representativa.

Las fuentes documentales consultadas para el presente estudio, lamentablemente, no contemplan la participación del elector por sexo. Esa estadística resulta necesaria en estos tiempos para tener una idea precisa de cuántas mujeres y cuántos hombres han participado en cada proceso de elección nacional, desde el año 1962 hasta el año 2024. Es una tarea que desde ya hemos decidido asumir y reflejaremos posteriormente.

Agustín Cortés

Cineasta

Agustín Cortés Robles, nace en Santo Domingo, Capital de la República Dominicana el 23 de julio de 1957. Se graduó de Cineasta el 28 de octubre de 1983 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, formando parte de la primera promoción universitaria de cineastas del país. Posee una maestría y una especialidad en Educación Superior (2003-2005) de la misma Alma Mater. Es miembro fundador del Colectivo Cultural ¨Generación 80¨ del país. Ocupó la Dirección de la Escuela de Cine, Televisión y Fotografía de la Facultad de Artes (UASD), durante dos periodos: 2008-2011 y 2011-2014. En esa unidad docente, además de Director, fue coordinador de las cátedras Teoría e Investigación Cinematográfica y Técnica Cinematográfica. Actualmente es profesor jubilado de la indicada Institución de Educación Superior.

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