La pedagogía, asumida como profundización en la complejidad del objeto central de la educación y como el razonamiento y el análisis científico de la tarea educativa, es un imperativo hoy. Pensada, también, desde sus múltiples articulaciones, tópicos y expresiones en la cotidianidad educativa, constituye una oportunidad para impulsar cambios significativos en los procesos de formación docente. Además, concebida desde la interrelación entre la realidad educativa actual y la futura, constituye una vía para repensar integralmente los procesos educativos hoy. Lejos de pensar la pedagogía como el cuidado de los niños, la comprendemos como una ciencia que direcciona de forma analítica y crítica la labor educativa, convirtiéndola en una experiencia permanente de exploración y de construcción de nuevos conocimientos y de nuevas prácticas. La búsqueda del sentido de las cosas, de los procesos y de lo que hacemos, pone el énfasis en las razones, en los criterios y en las directrices que están en la base de las decisiones y posiciones que tomamos ante los hechos.
El sentido no solo nos conecta con la filosofía de vida de las personas o de las instituciones. No. El sentido de cualquier fenómeno transparenta su ser, su naturaleza. Subraya la razón o las razones de su existencia. Es aquello que especifica la identidad, las cualidades sustantivas del fenómeno, de la acción o del proceso. Por ello, la importancia de la pedagogía de sentido para impulsar procesos de innovación y cambio en el campo de la educación y en la sociedad. Esta pedagogía pone el acento en el ser docente, en la identidad docente; y, de manera especial, centra su atención en la cultura propia de la docencia. En los procesos de formación docente del país, la pedagogía de sentido tiene escasa aplicabilidad. Es una formación docente que prioriza tiempo, contenidos y herramientas metodológicas para hacer, para ejecutar.
La pedagogía de sentido emplea herramientas que permiten al estudiante de la carrera de educación y a los formadores la internalización, la comprensión del significado de ser docente; se apropian procesualmente de la idiosincrasia de este modo de ser. Esto le permite identificación orgánica con las finalidades, con la misión e implicaciones de su ser docente. Esta pedagogía le permite una triple comprensión del ser docente: epistemológica, cultural y sociopolítica. Desde esta perspectiva, la pedagogía de sentido en el campo de la educación se opone a la simple búsqueda de adquisición de competencias para hacer, para garantizar productos a la medida de los que consideran la formación docente como una mercancía.
Esta pedagogía es necesaria en el contexto educativo actual, por la creciente instrumentalización de la carrera de educación. Se la quiere adaptar para que nadie se quede fuera; se le hacen ajustes para matizar el rigor y mantener las puertas abiertas a los que asumen la carrera como puente para acceder a la de sus sueños o a otra que le ofrezca mayor rentabilidad. Por ello la pedagogía de sentido no puede seguir fuera de los contextos educativos. Priorizarla constituye una garantía para el fortalecimiento de la calidad del sistema educativo dominicano y de la formación docente. Si este se forma con estos lineamientos pedagógicos, además de la identificación y comprensión de su vocación docente, descubre y pone en ejecución sus valores y capacidades como sujeto educativo y social. Al tomar conciencia de esta condición, su ser docente solo lo entiende desde un compromiso orgánico con opciones educativas transformadoras. Su responsabilidad docente se cimenta en motivaciones interiores que les permiten gestionar con inteligencia y equilibrio las políticas, las decisiones y las prácticas que instrumentalizan su ser docente y que no le permitirán avanzar hacia una identidad docente plena.
La pedagogía de sentido posibilita innovaciones educativas y sociales, porque los sujetos formados con sus orientaciones actúan con propósitos; funcionan desde prácticas intencionadas; se apropian integralmente de los fundamentos de la misión que los convoca y empeña. El nivel de desarrollo de su ser docente le permite gestionar con capacidad resolutiva y autónoma las situaciones que fragilizan el compromiso con la misión educativa y social que le corresponde. Los educadores formados con esta pedagogía se resisten a prácticas rutinarias y con una racionalidad que cosifica la educación. Valoran y se ejercitan en el estudio, en el trabajo con otros. Los saberes científicos, tecnológicos y prácticos forman parte de su agenda y de su modo de funcionar.
Las innovaciones educativas se constatan en los esfuerzos que se despliegan en la formación y en el desarrollo del pensamiento de sus estudiantes; en la articulación permanente entre el contexto y la realidad de los procesos educativos. Asimismo, se evidencian en la forma de orientar y acompañar los procesos de aprendizaje; en el diálogo reflexivo y en la práctica investigativa con sus pares; en la postura emprendedora que muestra, introduciendo cambios en el modo de enfocar su trabajo, las relacionarse con sus estudiantes y con sus pares. Se evidencian, también, en el impulso a una educación crítica que moviliza la creatividad personal y colectiva para mejorar la educación y las comunidades de las que proceden.
En el ámbito social, los formadores dejan el anonimato y aportan al debate educativo; denuncian y proponen mejoras significativas. Participan socialmente, establecen nexos entre las entidades en las que trabajan y la sociedad. Impulsan a sus estudiantes a potenciar la cultura del razonamiento, de la participación intencionada y de la creación compartida. La pedagogía de sentido está asociada al aprendizaje autónomo, colaborativo y a una comprensión de la educación como un hecho político que compromete a todos.
Los que se forman con esta orientación pedagógica generan confianza, crean solidaridad y recuperan la autoridad de la formación y del ejercicio docente. Esta autoridad tiene sus raíces en una ética incuestionable, en un saber fundamentado y en una renovación constante de los enfoques, conocimientos y metodologías. Esta pedagogía tiene como valor añadido una opción comprometida con una formación docente y un ejercicio ciudadano que amplíe la libertad, los derechos y la participación social, de estudiantes, formadores y gestores. Crea condiciones para una apertura progresiva a los nuevos saberes y experiencias que aportan las ciencias, los medios digitales, la Inteligencia Artificial, la educación popular y el saber común.
La pedagogía de sentido requiere más espacio en la formación y en el ejercicio docente que se promueve en la República Dominicana.
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