En esta semana se abrió al público, en la capital de la República Dominicana, luego de su primera temporada en Santiago de los Caballeros, la exposición «Un siglo: la dimensión artística de Minerva Mirabal», en la sede del Centro Cultural Banreservas, ubicado en la calle Isabel la Católica n.º 202, de la Ciudad Colonial.
Se exhiben pinturas, esculturas, fotografías y diversos objetos personales vinculados con los ideales y la combatividad de esta heroína, de su esposo, Manolo Tavárez Justo, y de sus hermanas Patria y María Teresa Mirabal Reyes. Estará abierta todos los días, excepto los lunes, a partir de las 10:00 de la mañana, con entrada gratuita.
Esta exposición es patrocinada por el Banco de Reservas y la Fundación Hermanas Mirabal, como parte de las actividades organizadas por la Comisión creada mediante decreto presidencial para la Conmemoración del Centenario del Natalicio de Minerva Mirabal. Su objetivo es que las presentes y futuras generaciones conozcan y valoren el legado de esta heroína en sus dimensiones política, intelectual y artística.
La mayoría de los cuadros fueron pintados por Minerva durante su adolescencia, antes de cumplir los veinte años. Los hacía mientras llenaba cuadernos de poemas y reflexiones filosóficas durante su estadía como estudiante interna en un colegio de La Vega, bajo la supervisión de monjas. Sin embargo, al graduarse en 1946, dejó de pintar. Llegaron entonces la represión, el acoso, el amor, la resistencia y la lucha política; y, lamentablemente, también las prisiones, que comenzaron en 1949. El dictador Rafael Trujillo la encarceló en cuatro ocasiones.
De aquellas dolorosas circunstancias surgieron muchas de sus esculturas inconclusas; mientras la mantenían aislada de su familia, sin herramientas adecuadas —apenas algunas plumillas, una navaja y clavos—, sin luz y sin espacio, pero con una mente inquieta y unas manos necesitadas de crear, produjo obras que simbolizaban esperanza y libertad. El arte se convirtió para ella en una forma de resistencia y supervivencia, al decir del famoso pintor Vincent van Gogh.
¿Cómo se explica que una joven nacida en el poblado rural de Ojo de Agua, con una vida tan breve de apenas 34 años, reciba en 2026 homenajes y reconocimientos tan importantes en su país como en el extranjero?
En el mundo real nadie se hace a sí mismo. Minerva tampoco fue una excepción. Fue el resultado de sus circunstancias y de su esfuerzo personal. Durante la secundaria cultivó intensamente su vocación artística, incluso descuidando estudios. Se graduó de bachiller en Filosofía y Letras con un promedio general de 79 puntos sobre 100. Once años después, en 1957, obtuvo el título de doctora en Derecho con una calificación de 99 puntos, equivalente a sobresaliente o summa cum laude, estando ya casada, con una hija y residiendo en Monte Cristi.
Durante la década de 1940 enriqueció su pensamiento mediante sus relaciones sociales y especialmente sus lecturas de Platón, Aristóteles, Cervantes, Verne, Hostos, Martí, Neruda, Mistral, Alix, Fiallo, Marx y Lenin, y muchos más autores que contribuyeron a despertar y fortalecer su conciencia social. Como expresó la científica Madame Curie: «En todas las épocas, el deseo de saber ha sido uno de los motores más poderosos de la humanidad».
Al interpretar los aportes del psicólogo y premio nobel Daniel Kahneman, podría afirmarse que Minerva fue el resultado de la interacción entre talento, trabajo, familia, oportunidades, contexto cultural, circunstancias históricas y también la suerte. Sin embargo, tuvo además algo que no siempre acompaña a los seres humanos: el valor de actuar de acuerdo con sus convicciones.
Su trascendencia histórica fue destacada por la senadora mexicana Lucía Michel Malú durante un acto celebrado en la Casa Museo Hermanas Mirabal, en la provincia Hermanas Mirabal, el pasado 12 de marzo. Allí afirmó que el ejemplo de Minerva mantiene una extraordinaria vigencia porque dejó una huella universal y demostró que el coraje puede ejercerse en la vida cotidiana y que la dignidad puede convertirse en acción política.
Minerva Mirabal es hoy una de las mujeres más conocidas y admiradas del mundo. Como expresó la destacada antropóloga mexicana Marcela Lagarde: «A Minerva Mirabal no la enterraron; la sembraron». Por eso sigue viva y renace continuamente en la memoria colectiva, en las luchas por la libertad y en exposiciones como esta. Vale la pena visitarla.
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