“Todas las carreras políticas terminan en el fracaso”. La frase, atribuida a Golda Meir, la Primer Ministra de Jerusalen y una de las mujeres más influyentes del siglo XX; invita a reflexionar no solo sobre la naturaleza efímera del poder, sino también sobre la constante resistencia que enfrentan las mujeres cuando alcanzan espacios de liderazgo y transformación social.
En sociedades estructuradas para sepultar sus conquistas. Que a pesar de los advances, la mujer continúa reclamando espacios de respeto e igualdad. Hoy, el poder femenino enfrentan las mismas luchas que siglos anteriores, pero ahora con espacios de difusión abiertos a través de las redes sociales. Donde se promueve un movimiento que normaliza el maltrato a estas.
Al diseminar discursos misóginos y que convierten la revictimización femenina en lucrativos contenidos. La llamada “machosfera”, se ha convertido en uno de los movimientos de maltrato femenino de mayor consumo a nivel global. Que según el análisis regional de las Encuestas de Salud de la Mujer realizadas entre 2016 y 2019 en cinco Estados miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM).
“La desigualdad de género y la misoginia contribuyen directamente a la violencia de pareja”.
Estos grupos, sostienen el argumento de ser promotores de la masculinidad, cuyos defensores difunden mensajes que responsabilizan a las mujeres como el eje central de los problemas que estos enfrentan. Pero en realidad, esos espacios son el vehículo difusor de la mediocridad varonil en toda su expresión. Que pone en relieve explicito sentimientos de insuficiencia e inseguridad personal.
Ese grupo de resentidos sociales, construye narrativas donde el éxito alcanzado por mujeres lo consideran una fuerte amenaza y cuyos constructores de dichos espacios tienen al frente nombres como Andrew Tate, Myron Gaines, Adin Ross, Julien Rochedy, Batiste Marcháis, Valek, Stéphane Eduard entre otros.
No hace falta analizar la historia para reconocer los aportes de las mujeres a la dinámica socio-económica del mundo, cuyo papel protagónico –pese- a los esfuerzos de detractores sociales de esconder el impacto. de dichas contribuciones. Que van desde la ciencia, la política, las artes y la sociedad en general.
Sin embargo, cada logro alcanzado por estas es sometido al escrutinio social y la resistencia de grupos incapaces de reconocer y aceptar que el liderazgo femenino compite en igualdad de condiciones. Es muy por el contrario. Ellas no compiten, se preparan para impactar.
Pero, mientras las mujeres más se desarrollan, luchando por espacios permeados por hombres, el incremento de los feminicidios y la violencia doméstica y otras formas de maltrato y discriminación contra la mujer; se anexara a inútiles sistemas educativos, pocas estructuras de consecuencia. Asi como pobreza extrema y la normalización de discursos de odio con ellas.
La revictimización femenina, es la nueva cara de una sociedad que promueve sin reprimenda el maltrato. Mientras se fortalece el papel de “victimas” de los hombres. Es por ello, que es fundamental el establecimiento de controles y regulaciones necesarias no solo a las plataformas sociales quienes patrocinan.
Para la proliferación de dichos contenidos, demandando mayor participación ciudadana; para promover valores de inclusión social. Con el arma ponderosa como lo es la educación. Y que el respeto a las mujeres, se promueva dentro de una cultura que desintegre el maltrato; para que se desarticulen movimientos que como el de la machosfera, persigue acrecentar el resentimiento. Al sembrar el odio al ser de mayores contribuciones a la sociedad y al mundo. Como son las mujeres.
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