La curiosidad por los "hombres rana" acompañó a Ángel Lockward desde niño. Nacido en Guananico, Puerto Plata, recuerda con nitidez la imagen de un militar uniformado de negro que saltó de un jeep con teatralidad casi cinematográfica. Aquella estampa se le grabó para siempre. Décadas después, siendo embajador dominicano en Colombia, recibió un mensaje que cambiaría su vida literaria: el legendario coronel Manuel Ramón Montes Arache, comandante histórico de los hombres rana, estaba en su lecho de muerte y deseaba contarle, por fin, las memorias que nadie más había escuchado.

De esa conexión personal —infantil y adulta— nace La leyenda de los hombres rana (2009). Lockward, escritor de trayectoria diversa que incluye novelas como El gabinete de la sombra (1997), Lucrecia, delitos de Estado (1999) y El buscador de tesoros (2000), el poemario Por los caminos de tu piel (1994), El rastro de la sangre de la princesa Anna KinsleyLa tragedia Llenas: un juicio que conmovió al mundo (1998) y los ensayos Haití, la tragediaEntrevistas presidenciales sobre globalizaciónOdebrecht, la caída de un imperio corruptorEl procedimiento administrativo y La cuestión electoral dominicana, no pretendió escribir un tratado histórico. Como advierte explícitamente en la dedicatoria, se trata de "una novela sobre las hazañas de un cuerpo militar, basada en la narración de sus comandantes y en los reportes recogidos por la historia". Esa honestidad marca el tono de una obra que rescata del olvido a uno de los grupos más míticos y menos explorados de la literatura dominicana sobre 1965.

La Revolución de Abril representó un punto de inflexión profundo en la narrativa nacional. Más allá del trauma colectivo, la guerra civil y la intervención estadounidense generaron una explosión de ficción testimonial y de memoria. Junto a obras pioneras como De abril en adelante de Marcio Veloz Maggiolo, Los acorralados de Lipe Collado, Reinbou de Pedro Cabiya o Nosotras las de entonces de Margarita Cordero, La leyenda de los hombres rana ocupa un lugar singular: es la primera novela que cuenta la epopeya desde la perspectiva de los militares profesionalizados que se sumaron al bando constitucionalista.

'La leyenda de los hombres rana' de Ángel Lockward

El contexto histórico es el gran telón de fondo. La unidad de hombres rana (oficialmente Comando Naval de Combate Anfibio) fue creada en 1957 por orden directa del generalísimo Trujillo, con entrenamiento a cargo del italiano Illio Capocci y un propósito inicial de operaciones especiales en el exterior. Aquellos mismos hombres, forjados para matar en silencio y sobrevivir en condiciones extremas, se convirtieron en 1965 en uno de los núcleos más aguerridos del constitucionalismo. El núcleo dramático de la novela es su defensa del Hotel Matum en Santiago de los Caballeros, donde dieciocho comandos vestidos de negro resistieron horas el asedio de tanques, morteros y miles de soldados regulares.

Lockward no idealiza la guerra: muestra con crudeza la escasez de municiones, la conciencia de que cada bala vale una vida y la certeza de un final desigual. Al mismo tiempo, logra algo poco común en la literatura de Abril: retratar al bando rebelde no solo desde los civiles armados, sino también desde militares de élite que rompieron con su formación trujillista.

Uno de los mayores aciertos literarios es su estructura de marco narrativo. La historia se cuenta a través de "la Abuela", una anciana de 86 años que, al escuchar en las noticias la muerte de Montes Arache, comienza a relatar los hechos a su pequeño nieto adoptivo Daniel mientras riega sus flores. Este recurso es magistral: transforma la novela en un acto de transmisión generacional de memoria. Daniel, con su inocencia infantil y su obsesión por el béisbol, funciona como contrapeso perfecto al horror bélico. Sus preguntas simples ("¿y por qué era la guerra?") humanizan el relato y obligan al lector a confrontar lo inexplicable.

El estilo es directo y efectivo, casi periodístico en las escenas de combate, pero se vuelve poético cuando se detiene en los detalles humanos: el coronel que se enamora en segundos de una mujer rubia solo para tener un pretexto creíble de viajar a Santiago y proteger a Francis Caamaño, líder militar de la Revolución y presidente de la llamada "República en Armas"; los comandos que comen con su tropa (privilegio inusual en la época trujillista); o el sargento Quezada que se atreve a cuestionar a su jefe por vieja amistad. Montes Arache no es un superhéroe sin fisuras: es terco, enamoradizo, consciente del costo de sus decisiones y profundamente leal. La propia Abuela —que revela con pudor y dolor haberlo amado— encarna la otra cara de la historia: la mujer que quedó atrás.

Precisamente ahí reside el mayor mérito de la novela: su capacidad de humanizar a los protagonistas sin restarles grandeza. Los hombres rana no son máquinas de guerra ni símbolos abstractos de patriotismo. Son hombres de carne y hueso que sudaron bajo el sol implacable del trópico, que sintieron el miedo genuino ante el fuego enemigo, que cargaron con el peso de lealtades rotas y contradicciones dolorosas, que amaron, discutieron y, al final, eligieron jugarse la vida por una causa que sabían mayor que sus propias existencias. Lockward los muestra vulnerables, imperfectos y profundamente humanos: el coronel terco y enamoradizo, los comandos que comían con su tropa, el sargento que cuestionaba por amistad. Esa ternura y esa crudeza emocional hacen que el lector no solo admire su valor, sino que también los sienta cercanos, como si los hubiera conocido personalmente.

Lockward reconoce las paradojas históricas (creados por la dictadura, terminaron combatiendo contra sus antiguos compañeros) y no oculta las tensiones internas ni el carácter fratricida de la guerra. Ese equilibrio evita la hagiografía y hace que el homenaje resulte creíble y conmovedor.

Su mayor logro es emocional. El lector cierra el libro con la sensación de haber conocido, no a héroes de bronce, sino a seres humanos de carne y hueso.

En tiempos en que la memoria de Abril sigue siendo terreno de disputas políticas, Ángel Lockward ha escrito un libro que honra a los sobrevivientes "que nunca han sido pagados", como dice la dedicatoria, y los devuelve a la memoria colectiva con dignidad y ternura. La leyenda de los hombres rana recuerda que la verdadera grandeza, tanto en la historia como en la literatura, no está en la victoria militar, sino en la capacidad de vencer el olvido.

Ha triunfado la historia, esa que escrita con pasión y respeto se sobrepone a los sesgos de ideologías o pasiones políticas. Con la reimpresión en homenaje al sesenta aniversario del Hotel Matum, el autor hace patria.

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Luis Córdova

Crítico de arte

Conozco la fórmula de engordar sin casi comer. Gozo de paz sin hacer yoga. Vivo en el lugar donde nací. Confío en el prójimo -y he sobrevivido-. Disfruto del arte e incurro en la reiterada ingenuidad de votar en las elecciones. Insisto en ser gestor cultural y narrador. Escribo crónicas sobre artes visuales y he sido docente a nivel de grado y maestría en varias universidades.

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