Ese es un problema que no es culpa de la IA en actividades académicas. De hecho, tampoco en las de otra naturaleza libidinosa, ya que estas son impotentes cuando existe autocontrol de las contrapartes. Claro, en las aulas hay que ayudar a un ambiente sin tentaciones y una de las formas es tener espacios para completar actividades como en los tiempos cuando la distracción era mirar un punto fijo de la pizarra o hacer garabatos en la mascota. El profesor no puede leer la mente ni en el techo hay espejos que revelen el adorno a la Y entre paréntesis.
Hay temas en los que prohíbo el uso del celular y sanciono con puntos negativos al acumulado o expulsión de la clase a los que no hacen caso. Explicar los pasos de un razonamiento lógico no puede arruinarse usando IA al estilo del bárbaro que, a los dos minutos de la película de misterio, salta con: “el asesino es el jardinero”.
Esto justamente pasó cuando inicié la facilitación para explicar el cupón o tasa de interés de los bonos soberanos dominicanos. A los participantes, todos de la licenciatura en Derecho, les pedí que se imaginaran como pasantes en el Ministerio de Hacienda una hora antes de una nueva emisión de bonos.
Presentes en el despacho del ministro, son testigos, en el primer día de su pasantía, de una llamada donde le informan que el presidente ordena que el bono se emita, sí o sí, a una tasa de 3 %, que ya no aguanta la presión de tantas críticas por el porcentaje del pago de intereses en el presupuesto y que, con esta disposición de tasa, ese gato ya tiene su cascabel de cuernos de toro.
El ministro cierra la llamada, sorprendido por la sugerencia de la tasa y el error del asistente que combinó metáforas que escuchó al estilo de su programa favorito; los mira y pregunta: “Bueno, a esa tasa de 3 % ¿ustedes creen que se colocarán los bonos o es una que encontrarán bajita los inversionistas?”. La expectativa, corroborada en todos los casos, es que nadie tiene idea; se les nota angustia por no saber y les digo: “¡Tranquilos, que les paso a demostrar que tienen las competencias para dar la respuesta, miren este ejercicio parecido…!”.
En la pantalla aparece una yipeta Equinox usada, del 2017, que estoy vendiendo en un millón de pesos. “¿Estoy con un precio al que la vendo como pan caliente por estar barata o el precio es tan alto que seguirá siendo guarida de ratones en la marquesina?”. Ahí van entonces a páginas con referencias de autos y salen con respuestas al estilo: “Mickey Mouse está de acuerdo que la deje en ese precio, que no está por mudarse de la carrocería; Profe, ¿y esa maldad?”.
Bien, les pido que se imaginen que se borra toda la información de precios sobre esa yipeta. ¿Serían capaces de saber si es o no un buen precio? En poco tiempo responden que se puede comparar esa con una similar que sea una referencia de calidad. Bingo, se busca una de las mejores marcas japonesas parecida, del mismo año, y: “No hay forma de vender esa así, Profe; esta de mayor reputación sí se vende en un millón, la americana no…”.
Ahí les digo que apliquemos esa lógica a la pregunta sobre los bonos soberanos y lo ven seguido: buscar un referente de calidad en los bonos, algo que tiene que ver, les explico, con pagar a tiempo intereses y devolver en la fecha contratada el capital. Los pongo a buscar en varias fuentes el rendimiento de un bono del Tesoro de EUA, en los plazos que estamos buscando emitir nosotros, un país que no pudo pagar los primeros dos que emitió en el 2001; de ahí al EMBI y el rollo, realmente, queda bonito.
Todo eso estuvo a punto de arruinar un participante de los que abusa la IA. Suerte que me di cuenta cuando, sonriente, levanta la mano para leer la respuesta que le daba el celular a la pregunta imaginaria del ministro de Hacienda. Solo llego a decir: “La tasa es baja porque…”; le completo la frase con: “el asesino es el jardinero; por favor, salga del aula, violó la prohibición de no usar el celular, completa la lección con IA en la cafetería y pase en una hora a tomar la prueba de esta facilitación sin su asistente para tomar atajos en treinta segundos”.
La IA llegó para quedarse, no es su culpa ese tipo de abusos ni el diluvio de diletantes. En el pasado, con la expansión de las librerías, a nadie se le ocurrió culparlas por la proliferación de la especie de “cultura solapada”. Así que a utilizar la artificial como complemento para mejorar la humana y, por favor, hasta donde le lleguen sus facultades, no se estrese en ser un Hombre del Renacimiento al vapor, que nadie se lo va a creer.
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