La formación docente que se desarrolla e impulsa en la República Dominicana y en la región de América Latina y el Caribe se inscribe en un contexto de transformación continua y veloz. Las manifestaciones de estas transformaciones son evidentes en la importancia que se le otorga a la construcción de una identidad docente que tenga como eje rector una ruta y un horizonte enfocados a la atención del ser, de la persona del docente. Se evidencia, también, en la construcción de comunidades científicas que enseñan a amar las ciencias y a impulsarlas para que sus procesos y resultados innovadores alcancen a todos.

El trabajo productivo de estas comunidades científicas robustece la calidad académica; potencia el liderazgo de la institución de educación superior en la sociedad y en su campo propio. Las manifestaciones de la transformación se observan, además, en los desafíos que presentan la cultura digital y la Inteligencia Artificial en la formación y en la aplicación práctica. Asimismo, el contexto de la formación docente presenta proyectos, programas y experiencias que requieren enfoques y procesos innovadores. Requieren, también, una visión y una práctica que respondan a las exigencias de los tiempos actuales y a los desafíos del presente-futuro.

Este contexto de transformación demanda una formación docente comprometida con la construcción de una cultura marcada por un ejercicio docente íntegro. Esta integridad ha de tener como elemento estructural, el cuidado y el desarrollo de la vocación docente. Además, el respeto a la institucionalidad por encima de todo. No se puede actuar con la lógica de que el fin justifica los medios. En esta misma dirección, otro elemento estructural fundamental es el estudio sistemático y la investigación desde la propia práctica. La ruptura libre y total con la corrupción micro y macro es, también un soporte central de la formación docente y de las instituciones formadoras de docentes.

La cultura que se ha de crear e impulsar, necesariamente, debe ser inspiradora, con marcos de exigencias que orienten la voluntad, fortalezcan la inteligencia; y activen la memoria biológica y la memoria histórica. La formación docente no es neutra. Tiene que tomar partido, si quiere contribuir con la transformación de las personas, de las comunidades y de la sociedad. Se ha de borrar la falsa neutralidad de la educación y, sobre todo, de la formación docente. Esta formación tiene compromisos sustantivos con la defensa de la dignidad de las personas, de los derechos de los individuos y de los colectivos. Atrás la apariencia de neutralidad para no actuar contra las injusticias.

Esta aparente neutralidad se vive en las aulas, en los centros educativos, en el ministerio y en sus entidades. Son desigualdades que marcan los sistemas educativos del continente. Pero, sobre todo, desde la formación docente se han de proponer valores para que los estudiantes de educación prevean, detecten y encaucen situaciones injustas que obstaculizan los aprendizajes y erosionan la dignidad. Asimismo, para que transformen las realidades que generan y multiplican las desigualdades en la sociedad dominicana y en la región.

La formación docente que se desarrolla e impulsa en un contexto de transformación educativa social y tecnológica ha de priorizar la formación del pensamiento y de la libertad. Los formadores de formadores tienen, también, que potenciar su capacidad de pensar y su potencial creativo. Un docente sin pensamiento libre y lúcido le hace daño a la educación y a la sociedad. Urge una formación docente menos reproductora y más creativa. Por ello, la importancia de crear condiciones que estimulen la capacidad de búsqueda, de invención. Esto se logra con una formación docente que incentive y provoque un funcionamiento autónomo. Sin autonomía personal e institucional, se obstruye el desarrollo y se bloquean las respuestas efectivas a las demandas del contexto.

La formación docente necesita más humanidad. Huele a letras muertas, cuando no se le pone la atención debida a la formación de los sentimientos, de las emociones, del pensamiento. Esta formación es necesaria para los formadores y para los estudiantes de educación. De otra parte, necesitamos una formación docente que genere cohesión en las instituciones y en la sociedad. Es tiempo de tejer lazos de fraternidad para hacer de la Academia una construcción plural, polivalente y preparada para construir desde las diferencias. Las instituciones de formación docente tienen una responsabilidad alta en la construcción de una sociedad inteligente, democrática y corresponsable.

Dinorah García Romero

Educadora

Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

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