Los resultados de la prueba PISA, Programme for International Student Assessment., han acentuado la preocupación social por los aprendizajes de los estudiantes. Se pone énfasis, también, en los aprendizajes deficitarios de los docentes y de los gestores. Actualmente tenemos que admitir que el sistema educativo dominicano requiere cambios profundos. Para realizar transformaciones significativas, habría que evaluar primero. Sin una evaluación rigurosa, no se deberían introducir cambios, pues  se  corre el riesgo de actuar al margen de lo esencial que  pudiera estar afectando  la realidad especifica  que se pretende superar..

La evaluación no tiene mucha acogida en el mismo sistema educativo dominicano. Es por ello que, al aplicarla se presentan brotes de resistencia o se deja de aplicar. Es una realidad que afecta la formación de los docentes. Estos en el proceso formativo adquieren conocimiento de la evaluación educativa vinculada a contenidos disciplinares. Pero, tienen poca experiencia o ninguna, de la evaluación del currículo.

La evaluación requiere más atención en los procesos de formación docente. Si en el período de estudio de la carrera los estudiantes de educación adquieren una comprensión del sentido, del alcance y de la importancia de la evaluación educativa, de la evaluación de desempeño, los docentes se sienten más seguros cuando les toca la evaluación de su práctica en el ejercicio profesional. Un sistema educativo que no se evalúa, no puede esperar que los docentes que se forman construyan y valoren  la cultura de la evaluación. Examinar la práctica institucional y de los que ejercen la docencia constituye una ganancia para el docente y para el sistema educativo.

La cultura de la evaluación le aporta al docente en formación y al que está en ejercicio, indicadores de sus avances, de sus innovaciones y de las mejoras que debe introducir en su modo de actuación. El rechazo a la evaluación empobrece la práctica de los estudiantes de educación y de los formadores de los docentes. Asimismo, la carencia de una cultura evaluativa continua, hace que las instituciones educativas presenten déficit de carácter cualitativo en el desarrollo de sus compromisos misionales. La necesidad de avanzar en la construcción de culturas evaluativas  adquiere mayor sentido de urgencia en los tiempos de la cultura digital y de la Inteligencia Artificial.  La evaluación ofrece criterios, estrategias, procesos y procedimientos comprometidos con la revisión crítico-propositiva de los aprendizajes y de los contextos institucionales y socioeducativos,  lo cual es  fundamental para la mejora de la práctica y de los resultados.

En los tiempos actuales hay múltiples oportunidades para actualizar los conocimientos. Este aprendizaje constante, demanda mayor capacidad evaluativa para superar la reproducción acrítica y automática. La evaluación es un proceso que amplía las perspectivas en el tratamiento de las ciencias, de las disciplinas, en el análisis de las culturas y en el ejercicio de la tarea educativa. Urge que los estudiantes de la carrera de educación, los formadores y los equipos de gestión, aprendan a utilizar la evaluación como proceso para cualificar la práctica y constatar cuan cerca o lejos se está de las necesidades de los sujetos y del contexto.

Las políticas de formación docente deben de priorizar la cultura evaluativa. Esta debe de permear las pruebas de ingreso para que se fortalezca el rigor,  y la carrera de educación deje de ser puente coyuntural  para acceder a otra carrera. Si las pruebas de ingreso son muy flexibles, le daremos paso al entren todos en la carrera de educación. Ha llegado el tiempo de elevar los estándares de ingreso a la carrera de educación. No es conveniente continuar con la práctica de que la carrera de educación carece del rigor que los tiempos ameritan. Todo lo relativo a la evaluación educativa demanda estudio, procesos investigativos y especialmente, capacidad de análisis interpretativo para identificar los indicadores cualificadores de lo que se evalúa.

Los aprendizajes y la práctica de los formadores se potencian si utilizan la cultura de la evaluación como proceso ordinario en la acción. Se deben de promover procesos evaluativos recurrentes para fortalecer la calidad de la práctica educativa y para que se superen el miedo  y la intimidación. La evaluación es un proceso y es una  aliada de primer orden, que aporta significativamente a los cambios sociales y educativos.

Dinorah García Romero

Educadora

Rectora del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, ISFODOSU. Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

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