Dedicado al doctor Ricardo Nieves.

En la sociedad contemporánea se percibe con claridad un fenómeno inquietante: la erosión del respeto hacia las trayectorias personales, profesionales e intelectuales. Personas que durante años —incluso décadas— construyeron credibilidad a partir del esfuerzo, la coherencia y el servicio público, hoy son cuestionadas sin pudor, a veces con ligereza y otras con abierta hostilidad. No se trata de un sano ejercicio crítico, indispensable en toda sociedad democrática, sino de una desconfianza generalizada que parece haber convertido la sospecha en norma y la deslegitimación en práctica cotidiana.

¿Qué nos ha conducido hasta aquí? Una de las claves está en la transformación de las fuentes de autoridad. Durante mucho tiempo, el conocimiento, la experiencia y la trayectoria otorgaban legitimidad. La palabra de un maestro, un intelectual, un periodista o un líder social tenía peso porque se sustentaba en el tiempo y en la consistencia de su recorrido. Hoy, en cambio, la autoridad se ha desplazado hacia la visibilidad inmediata: quien más habla, quien más se expone o quien mejor maneja el escándalo suele imponerse sobre quien más sabe o más ha reflexionado. La lógica del mérito ha sido sustituida por la lógica del impacto.

Las redes sociales han jugado un papel central en este proceso. Han democratizado la palabra, lo cual es un logro innegable, pero también han diluido los criterios para distinguir entre opinión informada y ocurrencia impulsiva. En ese espacio, la trayectoria pesa menos que el “like”, el argumento menos que la viralidad, y la reputación se vuelve frágil, siempre a merced del juicio inmediato de una multitud anónima. La sospecha se reproduce con rapidez, y la duda, en lugar de investigarse, se comparte.

A esto se suma una crisis más profunda: la pérdida de referentes morales e institucionales. Cuando las instituciones fallan reiteradamente y los escándalos se acumulan, la sociedad desarrolla una actitud defensiva: nadie es digno de confianza.

En ese contexto, incluso quienes han actuado con integridad terminan pagando el precio del descrédito general. La excepción ya no confirma la regla; por el contrario, la regla contamina a la excepción. El cinismo se instala como mecanismo de protección colectiva.

Como víctimas de este fenómeno hemos visto a periodistas que, otrora, gozaban de credibilidad pública como Huchi Lora, Juan Bolívar Díaz, Marino Zapete, Altagracia Salazar caer en una campaña burda de descrédito por asumir posiciones responsables ante acontecimientos sensibles de la sociedad dominicana. Hoy estamos viendo esto con el doctor Cruz Jiminián a quien se procura vincular a un escándalo espantoso de corrupción.

Otro factor determinante es el cambio generacional y cultural. Vivimos en una época marcada por la sospecha hacia todo lo que huela a jerarquía. Se confunde el cuestionamiento legítimo del poder con la negación absoluta de cualquier forma de autoridad. Así, toda trayectoria es vista no como un capital simbólico, sino como un privilegio sospechoso que debe ser desmontado.

Sin embargo, este fenómeno no es inocuo. Una sociedad que deja de reconocer el valor de las trayectorias se vuelve frágil, porque pierde memoria y continuidad. Sin referentes confiables, el debate público se empobrece, el relativismo se impone y la verdad queda atrapada entre opiniones altisonantes. No se trata de idealizar el pasado ni de blindar a nadie frente a la crítica, sino de recuperar la capacidad de distinguir entre el error puntual y una vida coherente, entre la sospecha fundada y el linchamiento moral.

En última instancia, lo que está en juego es la calidad del tejido social. Respetar las trayectorias no implica renunciar al espíritu crítico, sino ejercerlo con responsabilidad. Una sociedad que no sabe reconocer el valor de quienes han construido con honestidad termina condenada a empezar siempre desde cero, desconfiando de todos y aprendiendo de nadie.

Actualmente el principal referente comunicacional sociopolítico que nos queda es el doctor Ricardo Nieves. ¡Cuídese doctor! porque aquí ya no importa quien sea o haya sido usted si algún día un paladín de las redes con algo de notoriedad le dio para usted y decide linchar su moral porque esta sociedad hace años que dejó de ser crítica.

Rafael Alvarez de los Santos

Escritor y educador

Escritor y educador. Autor de las obras, Vivencias en broma y en serio y La Sociedad de la Nada. Twitter: @locutor34 Facebook: vivencias en broma y en serio

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