La zona del Caribe, de pronto, ha adquirido notoriedad mundial. No creo que se haya vivido en la región una tensión tan grande en el ámbito de la política, quizás solo comparable a aquella famosa “crisis de los misiles de Cuba”, también conocida como “la crisis de Octubre” que duró del 16 al 28 de octubre de 1962.
Para los más jóvenes, esta crisis se vio venir cuando un avión espía Lockheed U-2 de los Estados Unidos generó fotográficamente evidencias de instalaciones de lanzamiento de misiles de mediano y largo alcance en Cuba, lo que generó un bloqueo naval que impidieran que más misiles llegaran procedentes de Rusia.
Este acontecimiento se contextualizó en un período muy complicado post II Guerra Mundial conocido como el de la Guerra Fría, en el que los dos bloques surgidos de ésta, liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética, se enfrentaron en lo político, económico y social, ideológico, militar y propagandístico.
Todo ello obedecía a los esfuerzos de ambos bloques por influir y controlar zonas claves en todos los continentes. La guerra de Corea, la crisis de Suez, la insurrección húngara a principios y mediados de los 50, como la crisis de Berlín y la de los misiles de Cuba, a principios de los 60, entre otras.
La que vivimos en este momento se reviste de características muy especiales, pues dos poderes políticos y económicos mundiales, los Estados Unidos y China, cuyas economías se entretejen de forma muy profunda, se ven envueltos subrepticiamente en este conflicto.
La Guerra Fría y todo aquel montaje de espionaje y contraespionaje de los polos enfrentados ha sido motivo de múltiples películas de acción en el cine y la televisión para la entretención de millones de personas y, por supuesto, un gran negocio a base de aquel conflicto que cargó con millones de vidas humanas y daños importantes a la naturaleza.
Según aparece en la página web werkenrojo.cl a pocas horas de los acontecimientos el líder chino Xi Jinping reúne de emergencia al Comité Permanente del Poliburó, activando lo que estrategas chinos llaman “Respuesta Integral Asimétrica” con el propósito de responder a las acciones llevados a cabo por los EEUU en Venezuela.
Esta se concretiza con la suspensión temporal de todas las transacciones en dólares americanos con grandes corporaciones como Boeing, Lockheet Martin, Raytheon, General Dinámica, vinculadas al sector de defensa. La State Gris Corporation of China que controla la red eléctrica más grande del planeta, anuncia su revisión técnica de todos los contratos con proveedores americanos.
Otras corporaciones chinas como la China National Petroleum Corporation y la China Ocean Shiping Company, esta última controla cerca del 40% de la capacidad del transporte marítimo global, también iniciarán procesos que presionarán toda la cadena de servicios en suelo norteamericanos y otros países.
Estamos ante un escenario inusitado y complejo, cuyas proporciones van más allá de lo coyuntural y que de continuar nos impactará a todos de una u otra manera. Solo apelo a lo planteado por Robert Kaplan en su libro Tierra Baldía. Un mundo en crisis permanente, “mantener la cabeza fría es lo único que nos ha impedido destruir nuestro propio mundo”. Y eso, espero que así sea.
El liderazgo político internacional debe apelar a la solución mediante el diálogo y el entendimiento. El mundo se ha hecho ya muy pequeño y cualquier conflicto que pueda acontecer “en la otra parte del mundo”, como podemos apreciar, tiene repercusiones inmediatas del otro lado.
La vida de todos está colocada en una tela de araña que nos tiene atrapados y de la cual, difícilmente, podemos sustraernos. La economía mundial, que soporta la vida de todos, no tiene colores partidarios ni ideológicos de preferencia. Es una sola y toda ella nos brinda lo que hoy es indispensable para vivir.
Son muchas las cosas que deben ser puestas entre paréntesis si la voluntad está sustentada en la continuidad de la vida, tal y como hasta ahora la conocemos. Lo coyuntural no debe prevalecer sobre lo permanente.
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