De cara al 2028, es importante analizar las perspectivas electorales de la llamada oposición mayoritaria.
Veamos el caso del Partido de la Liberación Dominicana.
Cuando un partido dominante deja de serlo, uno de los roles que podría pasar a desempeñar es el de partido bisagra, como han sido los casos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), los cuales, imposibilitados de volver a ocupar el sitial que tuvieron, se convierten en piezas del juego político de los partidos hegemónicos, garantizándoles una posición relativamente cómoda en el espectro legal de partidos y el acceso a una cantidad de recursos no despreciables, pero lejos de las posiciones que ocuparon.
En el caso del PRSC, al cambiar las condiciones históricas que lo hicieron un partido dominante, perdió la primacía política y su espacio a favor del PLD. Por otro lado, el PRD, después del 2004, se sumió en una feroz lucha interna que lo condujo a la división y al surgimiento del Partido Revolucionario Moderno (PRM). En ambas situaciones, otras organizaciones heredaron sus bases políticas y electorales porque en política los vacíos no existen.
En una situación parecida se encuentra el PLD. En las elecciones presidenciales del 2020, este pasó de ocupar el primer lugar al segundo; luego, en el 2024, se colocó en tercer lugar por debajo del PRM y de la Fuerza del Pueblo (FP).
La reflexión obligada es si, como resultado de los comicios de 2028, se reafirmará la tendencia que hemos señalado más arriba o, por el contrario, el PLD podrá evitar su caída e, incluso, subir de posición.
En este aspecto, hay que tomar en cuenta aspectos relacionados con la historia y la situación actual de dicha organización política.
Históricamente, el PLD fue un partido cohesionado y disciplinado que fue perdiendo esas características al transformarse en una eficiente maquinaria electoral; con esa transición, fueron cobrando importancia los intereses personales y de grupos que, al final, terminaron dando al traste con el propio ciclo de gobierno que encabezó dicha fuerza política. Como resultado de este proceso de fragmentación, el peledeísmo se dividió y surgió la FP.
Entre el PLD y la FP se produce una especie de canibalismo político centrado en la disputa por conquistar de manera definitiva el favor de un electorado compartido que fue su base social cuando eran gobierno. Esta disputa por el nicho electoral común se extiende también a la militancia, en lo que podríamos llamar fratricidio político, que se expresa, sobre todo, en el paso de miembros y dirigentes de uno a otro, aunque las deserciones del PLD a la FP han sido más frecuentes, también se han producido en sentido contrario. La interrogante que debe formularse es si este proceso se mantendrá y cuál de los dos se debilitará más de cara a 2028 o, en todo caso, si ambas saldrán debilitadas de este drenaje compartido de simpatías y militancias.
Uno de los principales retos que tiene por delante el PLD es la elección de su candidatura presidencial. Esta organización tiene la particularidad de que su principal figura política, Danilo Medina, se encuentra inhabilitado para participar en las elecciones del 2028. Esto ha generado una intensa lucha interna, entre diferentes precandidatos, por conquistar la nominación presidencial. A diferencia de la FP, que ya tiene su candidatura presidencial más o menos definida, el PLD tiene el reto de definir la suya sin que ello provoque un mayor desgaste y debilitamiento de la organización. El peso de Danilo Medina en la dirección partidaria genera tensiones que podrían ser decisivas en el futuro próximo; se plantea que él estaría detrás de de la candidatura de Gonzalo Castillo, lo cual introduce elementos de desconfianza y desavenencias internas, debido a que las demás candidaturas estarían en una posición de debilidad frente a la que impulsa el propio presidente y líder del partido.
Precisamente, el hecho de que su principal figura política no pueda participar directamente como candidato genera, ante su electorado, una debilidad sustancial que pudiera torcer el voto hacia otra opción, si el partido morado no genera suficiente interés con otra candidatura presidencial. A diferencia del PRM y de la FP, en las elecciones presidenciales del 2020 y del 2024, el PLD presentó candidaturas distintas, en cada ocasión. Lo que puede parecer positivo en un momento puede convertirse en negativo en otro, porque no permitiría que una figura política concreta se proyecte suficientemente ante el electorado.
Uno de los aspectos singulares de los resultados electorales del 2024, es que el PLD ocupó la segunda posición a nivel municipal con un 23.7%, y la FP quedó en tercer lugar con un 13.3%. Por el contrario, a nivel presidencial, esta última organización alcanzó la segunda posición con un 28.85% y el PLD solo alcanzó 10.39 %. Estos números podrían indicar, en el caso del PLD, que a nivel de los municipios y distritos municipales esta organización conserva o, en todo caso, conservaba importantes niveles de organización y liderazgo; lo que habría que indagar es si esta situación se mantiene y en qué medida podría servir de base para un relanzamiento nacional que la coloque en una mejor posición en términos electorales.
De cara al próximo proceso electoral, si el PLD logra proyectar una imagen positiva, recuperar credibilidad y ser percibido, por una parte significativa del electorado, como una opción real de poder, estará en mejores condiciones para convertirse en el centro de una eventual alianza con otras organizaciones políticas. Si, por el contrario, persiste la percepción de que es un partido en declive y sin posibilidades reales de retornar al gobierno, difícilmente podrá ejercer un papel de liderazgo en una coalición, pues pocos están dispuestos a asociarse con quien consideran un perdedor. Convertirse en el eje de una coalición constituye, por tanto, uno de sus principales retos. Para lograrlo, deberá demostrar unidad interna, presentar una candidatura presidencial atractiva y construir un discurso capaz de conectar con las expectativas y aspiraciones de la sociedad.
Esos son sus retos.
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