En el artículo anterior, dejamos colgando la idea que actualmente las mayores amenazas a la democracia dominicana no vienen necesariamente del exterior, o de un sujeto outsider del sistema político, sino de condiciones sociales producidas por la democracia misma.
Desde mediado de la década del noventa, en la sociedad se han desarrollado cuatro condiciones sociales que –de forma no determinista- han fragmentado la sociedad y están poniendo en riesgo la democracia dominicana: primero, el incremento de la brecha social entre élite, clase media alta y precariados; segundo, aumento de la desconfianza con las instituciones y la clase política (ver último informe de latinobarómetro); tercero, el fortalecimiento de la polarización cultural; y cuarto, la erosión del capital social.
En el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sobre democracia y desarrollo, presentado en Santo Domingo el 8 de Junio de 2026, se destacan los logros en el desarrollo económico, pero se advierte también sobre el incremento y la profundización de la brecha social y la falta de desarrollo humano en el país: Según declaración pública del ministro de Economía, más del 80% de los asalariados dominicanos ganan menos de 40 mil pesos mensuales, por debajo del costo de la canasta familiar.
El último informe de Latinobarómetro 2026, destaca, entre otras cosas, que el apoyo a la democracia dominicana bajó ocho puntos de 55 % en 2024, a 47 % en 2026. Más de la mitad de los dominicanos dice no apoyar la democracia. El 61 % indica que no se preocupa por el modelo de gobierno mientras resuelva sus problemas. Mientras, el 80% de los dominicanos dice no confiar en los partidos políticos y el 68 % dice no sentirse representado por el Congreso Nacional.
Por otro lado, en la opinión pública se ha incrementado la polarización ideológica-cultural. En las plataformas digitales cada día son más notables las retóricas de odio, memes, videos y algoritmos que fomentan la polarización ideológica: progresistas/conservadores, derecha/izquierda, nacionalista/pro-derechos humanos. En los medios, proliferan los discursos extremistas que buscan la polarización cultural y la construcción de un enemigo, un chivo expiatorio a quien culpar.
Como también, en la sociedad dominicana se ha producido una erosión del capital social y una crisis de la ética de la solidaridad, asociado al auge del individualismo y la meritocracia de la clase media. El 69% de los ciudadanos dominicanos respaldan que el gobierno sea mano dura, en pocas palabras que puede violentar los derechos humanos, en particular, los acusados de delincuencias y los inmigrantes haitianos.
Vamos a sostener que, con el desarrollo de la democracia e ideología neoliberal a partir de mediado de los noventa, se han fortalecidos las relaciones instrumentales, clientelares, los valores del individualismo utilitarista: el dame lo mío, búscame lo mío; salvase quien pueda, deteriorando los valores de solidaridad de la cultura cívica dominicana.
La ética neoliberal y la erosión del capital social
En principio, debemos destacar que la literatura sociológica contemporánea se ha interesado por aclarar la compleja relación entre la ética liberal y la erosión de la solidaridad y el capital social. Desde la década del 1980, la sociología estadounidense –por sólo mencionar una- se ha interesado por establecer la relación entre los valores del individualismo y la crisis de la democracia norteamericana.
Autores como: Robert Bellah, Robert D. Putnan, Richard Sennett, Christopher Lash, James D. Hunter y Jeffrey Alexander, a pesar de las diferencias, comparten la idea que la democracia necesita un mínimo de solidaridad e interés por los otros que la ética liberal destruye. Para los autores, los valores del liberalismo político fortalecen el utilitarismo y debilitan la solidaridad de la cultura cívica que hace posible la integración de la sociedad.
La ética neoliberal pone el énfasis en el "individualismo egoísta y utilitario", desplazando los valores morales y, las tradiciones culturales que fortalecen la solidaridad y el sentido de pertenencia del individuo a la comunidad.
La crisis de solidaridad en la cultura cívica dominicana
En ese sentido, sostenemos que se ha producido la pérdida de la solidaridad y la erosión del capital social que le dan sentido a la democracia dominicana. De manera que para establecer algunos indicadores de la erosión del capital social o el declive de la participación cívica de los dominicanos, vamos a reseñar varios procesos sociopolíticos en curso; teniendo claro que son contingentes y coyunturales, por tanto pueden cambiar en cualquier momento: Primero, el incremento sostenido de la abstención electoral de los dominicanos desde el 2000-2024. Según los resultados del último estudio sobre la Abstención electoral en República Dominicana, publicado por la Junta Central Electoral (JCE), el promedio de abstención en los últimos procesos electorales congresuales y municipales ronda el 45%. En el 2002 (congresual-municipal separada): 49%. 2006: 42%. 2010: 44%. 2016 (elección unificada): 31%. 2020: municipal, 50.87%; congresual, 44.7% y en el 2024: municipal, 53.3%; congresual, 45.7%. Promedios resultantes de las votaciones (2002-2024): 45.1%.
El promedio de abstención electoral en las elecciones presidenciales, 2000-2024, ronda un 32.7%, con una tendencia claramente creciente. En el 2000 fue de 23.9%, 2004, un 27.2%, 2008 un 28.5%, 2012 un 28%, 2016 un 31%, 2020 un 45% y en el 2024 un 45.7%. Sin embargo, en las elecciones presidenciales 2020 y 2024, la abstención se disparó a un promedio de 45%, bastante alta si la comparamos con las cifras en las elecciones anteriores.
Segundo, la desaparición o deterioro del movimiento obrero-sindical. Aunque no existe información oficial sobre el nivel de sindicalización en la sociedad dominicana, un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), indica que la sindicalización alcanzó su pico, por encima del 15 % de la fuerza laboral en el período 1986-90, y desde entonces se ha producido una estrepitosa caída. En la década de 2010, se estimaba que sólo el 8 % de los trabajadores dominicanos estaba sindicalizados. Según la Encuesta Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT), se estimó que para el 2024, sólo 226,922 de trabajadores pertenecen a un sindicato, lo que no llega al 5 % del total de trabajadores ocupados.
Tercero, el deterioro del otrora fuerte movimiento popular. Aunque no hay datos, ni registros oficiales sobre estas organizaciones y movimientos, brevemente, podemos identificar varios procesos: En el caso del movimiento popular, no ha sido una desaparición total, sino un paso de movimientos masivos permanentes de la década del setenta, ochenta y noventa a movilizaciones esporádicas, temáticas y mediáticas a partir del 2000: Luchas barriales y provinciales por servicios (agua, electricidad, carreteras), con paros regionales frecuentes. La campaña por el 4 % del PIB para la educación (2010-2013). Marcha Verde contra la corrupción y la impunidad (2016-2017). Las protestas de 2020 en la Plaza de la Bandera tras la suspensión de las elecciones municipales y otras.
Cuarto, en relación al movimiento estudiantil, lamentablemente, el declive ha sido muy fuerte: En las décadas del setenta y finales del ochenta tenían una presencia a nivel nacional en los centros educativos y hasta en colegios privados y, hoy su presencia se reduce a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y con muchas dificultades. Según datos de la institución, no hay elecciones regulares en la Federación de Estudiantes Dominicanos, y en los pocos procesos electorales la abstención estudiantil se eleva por encima del 75-80%.
Y, un quinto indicador que nos deja ver la erosión del capital social en la cultura cívica dominicana es la desaparición de los clubes culturales en los barrios populares. En relación a los clubes culturales, el sociólogo Rafael Guzmán, en varios artículos del periódico digital el nuevo diario, sitúa la etapa de mayor expansión de los clubes populares entre los años 60 y mediados de los 80, y estima su caída a principio de los noventa. Sin embargo, hay que destacar que su declive no ha sido definitivo, sino diferenciado, durante este período se han fortalecidos también los clubes cuya función e impacto es más deportivo, como el Club Mauricio Báez, San Carlos, San Lázaro, Villa Francisca y otros.
En conclusión, estos datos son consistentes en demostrar la complejidad del malestar de la democracia dominicana y, ponen en evidencia que el nivel de influencia del trumpismo, de un outsider y el populismo político, va a depender de la fortaleza o debilidad de la democracia misma.
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