Con este grito en la garganta, lanzado al viento y a los cuatro puntos cardinales de la nación, se realizó la última marcha en la ciudad de Santiago, contra la exploración minera de la Cordillera Septentrional y su pretendida explotación de la misma, pero es todavía la hora que el Gobierno ha hecho caso omiso a este reclamo y siguen apareciendo documentos y testimonios de la connivencia entre las instancias gubernamentales que tienen que ver con este renglón del Estado y compañías extranjeras presentes en la nación y el lugar.
Cada vez más crece la conciencia de que esta área del país se respete y se le dé carácter sagrado, ya que la subsistencia de los campesinos que allí residen, como gran parte de la reserva acuífera de la provincia de Santiago y Puerto Plata tienen sus raíces en la localidad. En la región hay ejemplos y testimonios de lo que una explotación minera puede producir en las reservas de agua, y con ellos nos limitamos a decir lo que está pasando en Cotuí.
Hay autoridades que el juicio que le dan a las manifestaciones, es que ellas tienen carácter político partidista lo que está fuera de toda verdad, cuando lo que deberían hacer es sentarse con los cabezas de las instituciones que se hacen presente en las marchas y dialogar la situación y desde ya buscar la solución, que no sería otra más que la detención de lo que se está haciendo y se espera realizar.
En la marcha convergen sacerdotes, pero no es un asunto solo de la Iglesia, la cual está llamada a acompañar a todos aquellos y situaciones que pongan en tela de juicio el bienestar de los hijos de Dios, y en este caso, de la obra que él ha puesto en nuestras manos, la cual debemos cuidar y proteger y no dañar, basado en simples intereses capitalistas foráneos, que lo único que desde la colonia les ha importado es lo que de aquí se pueden llevar y expropiar, sin importarles las consecuencias que dejan, junto a la triste traición que vemos por parte de los nuestros que colaboran con ellos.
La lucha continuará hasta ver la respuesta, que esperamos que sea, la desaparición de los exploradores de las compañías mineras que están en este juego, y la palabra seria por parte del Gobierno, de que toda la Cordillera Central se respete como santuario nacional, y algún decreto o ley que declare toda la zona como área protegida, para que se garantice de cara al futuro, de que ningún gobierno de turno intente de nuevo conceder los tristes y perjudiciales permisos que se han dado y que han originado esta lamentable situación.
Por eso el próximo 24 de abril la lucha sigue, se seguirá marchando y clamando hasta ver realizado lo que se pide, aunque como el pueblo de Israel ante las murallas de Jericó, se tengan que dar las vueltas que sean, hasta que la muralla de la indiferencia gubernamental caiga y se escuche este clamor de todo un pueblo, que lo único que quiere es que la obra creadora de Dios en la Cordillera Septentrional se preserve y no se ocasione un daño que lo lamentemos todos, y se respete la dignidad y disposición de la gente que allí reside. Por eso ellos y todo un pueblo mantienen el grito de que «la cordillera no se negocia», sino que se debe respetar todo lo que en ella hay, todos los que en ella habitan y a todo un pueblo que entiende que de ella depende su subsistencia y hasta la vida.
Compartir esta nota