La decisión de comenzar por la Constitución tiene un fundamento: toda explicación de la legislación penal debe considerar los principios que hacen legítima la actuación del Estado. La protección de las víctimas, el respeto a la dignidad y las garantías de quienes enfrentan una investigación forman parte de una misma responsabilidad institucional.
Desde el 28 de agosto, cuando comenzamos en Dajabón, hasta la jornada del 23 de octubre en Sánchez Ramírez, hemos desarrollado el programa Código Penal para la Ciudadanía en catorce provincias. En esa labor educativa elegimos un punto de partida: explicar la Constitución y las garantías que deben orientar toda conversación sobre la legislación penal. Las jornadas seguirán los lunes y viernes hasta completar el recorrido nacional previsto para diciembre.
La decisión de comenzar por la Constitución tiene un fundamento: toda explicación de la legislación penal debe considerar los principios que hacen legítima la actuación del Estado. La protección de las víctimas, el respeto a la dignidad y las garantías de quienes enfrentan una investigación forman parte de una misma responsabilidad institucional. La autoridad necesita actuar con eficacia y dentro de límites que puedan ser conocidos y exigidos por la ciudadanía.
Ese orden se refleja en los materiales. De los 44 tarjetones pedagógicos que utilizamos, 18 desarrollan fundamentos constitucionales y ciudadanía antes de que los 26 restantes aborden contenidos penales, con la guía oficial de la Procuraduría General de la República como referencia. La secuencia no es casual: primero los principios, después las conductas.
La explicación adquiere utilidad cuando permite comprender qué se protege, cuáles conductas generan responsabilidades y qué papel corresponde a las instituciones. Una persona necesita saber que su libertad convive con derechos ajenos y que la autoridad está sometida a reglas. Esa comprensión ayuda a reconocer tanto una conducta que puede causar daño como una actuación pública que merece ser cuestionada.
¡No te pierdas las noticias destacadas de Acento!
Suscríbite a nuestro newsletter y recibe las historias más importantes del día.
Por eso, la conversación ocupa un lugar central en las jornadas. Las preguntas permiten identificar dudas, precisar conceptos y reconocer asuntos que requieren atención especializada. La formación debe ofrecer un espacio donde expresar una inquietud sea posible sin temor a la descalificación. Las situaciones particulares, por su parte, necesitan reserva y examen por las instancias competentes.
Educar también exige respetar la capacidad crítica del ciudadano. Comprender una disposición permite discutir su alcance, examinar sus consecuencias y expresar desacuerdos con mejores argumentos. La divulgación institucional debe explicar con rigor, distinguir hechos de interpretaciones y reconocer cuándo una cuestión necesita mayor análisis. Una sociedad democrática se fortalece cuando sus integrantes pueden participar informadamente en los asuntos públicos.
Esta responsabilidad importa especialmente en materia penal. Una acusación difundida públicamente puede producir daños antes de que se establezcan responsabilidades. Una víctima puede sufrir nuevas afectaciones cuando su intimidad queda expuesta. La formación ciudadana debe ayudar a comprender esas consecuencias y promover una conversación pública cuidadosa, compatible con la protección de las personas y el respeto a los procedimientos.
La educación jurídica debe fortalecer la capacidad de preguntar, disentir y exigir razones. Desde el Defensor del Pueblo seguiremos llevando esa tarea al territorio. Comprender la ley ayuda a exigir que el poder se ejerza al servicio de la dignidad humana.
El doctor Pablo Ulloa, es en la actualidad el Defensor del Pueblo de la República Dominicana, poder constitucional que tiene bajo su responsabilidad defender los derechos de los ciudadanos y la buena administración pública.
Ulloa tiene una amplia formación académica, es licenciado en Psicología Industrial de la Universidad Autónoma de Santo Domingo(UASD); posee un Doctorado en Gobierno, Políticas Públicas y Sociedad; una Maestría en Economía, Políticas Públicas y Cooperación Internacional; un Máster en Alta Dirección Pública por la Fundación Global Democracia y Desarrollo, (FUNGLODE); Post-Grado en Planificación y Formulación de Política Educativa en el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE / UNESCO) en Argentina; un Máster en Cooperación y Relaciones Internacionales con América Latina de la Universidad Rey Juan Carlos de España y un Post-Grado en Negocios y Relaciones Económicas Internacionales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
En su dilatada carrera profesional y laboral ha ejercido como docente e investigador.
Además de sus importantes contribuciones al país, es reconocido por haber sido el primer director ejecutivo del Tribunal Constitucional de la República Dominicana: donde elevó los estándares de calidad institucional de dicho poder constitucional; haber sido consultor y mediador en más de ocho programas y proyectos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) y la Unión Europea.