Pienso que eres amable hasta extremos de blandura, magnánimo, generoso, listo para compartir tu último centavo; no sientes ni envidia ni odio; eres sencillo de corazón; tienes piedad por los hombres y por los animales; eres confiado, sin resentimiento ni malevolencia y no eres rencoroso”. -Anton Chejov-

El próximo cinco de septiembre el PRM culmina una serie de reuniones estatutarias en las que serán ratificadas y puesta en posición las nuevas autoridades del partido gobernante. Tomarán las riendas de esa organización el presidente Luis Abinader y Juan Garrigó Mejia. Sellando una alianza que inició en 2011 con la elección del primero como compañero de fórmula de Hipólito Mejía y continuó con la transformación de la ASD en el Partido Revolucionario Moderno.

Allí se consolida un liderazgo nuevo y competente que ha venido trabajando la política de cerca con los suyos desde su llegada al país en 2016, abriendo puertas y creando espacios para que gente sin nombre alcance posiciones de alto valor en las estructuras de la organización que le toca dirigir por los próximos cuatros años.  Y, toma forma el perfil del hombre destinado a dar continuidad a la visión  de nación enraizada en el liderazgo de una familia constituida en refugio de quienes vemos la política como el sacerdocio.

Negar que ser hijo de Carolina y nieto de Hipólito no le agrega valor a su paso por el trajinar electoral, sería lo mismo que desconocer su entrega por las causas de los cientos de compañeros a los que ha ayudado sin importar su posición social o lugar de procedencia. Juan Garrigó es el dirigente perremeísta de mayor contacto con las bases a pesar de sus 31 años, conoce en su partido al cojo sentado y al ciego dormido; recuerda con precisión los nombres de sus compañeros y los lugares que visita; escucha, resuelve y no hace alarde del dolor ajeno.

Juan es un político de convicción y preparación. Ha desempeñado roles estelares en la conformación y estructuración de la marca que llevó al poder. Como la hormiga, trabaja sigiloso y sin aspavientos los aspectos más delicados de los procesos electorales. Concilia y armoniza con una ecuanimidad asombrosa. Es de tratos finos y de posiciones firmes; no agrede, no ofende, no insulta y su voz suave ha servido de aliento para los heridos en cada proceso donde las decisiones superiores, dejan marcas en la espalda de algún compañero.

Cualquiera pudiera imaginar que los privilegios que ha tenido por la estirpe que lleva en la frente, lo haría insensible al dolor de otros, pero no. Posee como nadie sensibilidad humana, tacto, don de gente  y la nobleza de quienes le anteceden. Es además un gerente probado, disciplinado y ético. En su condición de hombre público ha sabido entender las necesidades humanas, ha dado cátedras en la ejecución de sus responsabilidades y hecho de su labor un homenaje al cuidado de los recursos del Estado sin que ello implique dejar sin respuesta a quienes buscan en él una vía para resolver un problema.

Así es Juan, parafraseando a Salomé Ureña “generoso y bueno,… lleva de virtud germen oculto”. Confiado, benevolente, empático, educado y paciente. Paciencia que ha puesto en sus manos las características de un hombre de Estado en este mundo turbulento con una juventud apática y distanciada del sentir social. El universo hoy juega a su favor y la vida lo impulsa al siguiente mosaico, como el niño que inicia sus andanzas dando el más importante y primer paso hacia el porvenir.

Joan Leyba Mejía

Periodista

Periodista, Abogado y político. Miembro del PRM.

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