Amigo lector:
Se puede aprender mucho sobre economía básica a partir de principios y preceptos de las ciencias económicas, veamos:
1. Podríamos decir que el capitalismo es un sistema que comienza no con quitar, sino con dar a los demás la oportunidad de ganar.
Esto puede sonar contraintuitivo; sin embargo, la motivación fundamental del emprendedor es satisfacer no su propia necesidad, sino la de sus clientes (consumidores). Ese es su único camino hacia el éxito y la rentabilidad.
De ahí que, una vez que obtiene ganancias, el emprendedor invariablemente invierte su nuevo capital en expandir su negocio, lo que a su vez crea mejores productos, más empleos y más riqueza para más personas.
2. David Ricardo decía: "Nada contribuye tanto a la prosperidad y la felicidad de un país como las altas ganancias".
Juzgar las ganancias obtenidas en una economía libre sin comprender lo que significan para la nación en su conjunto es no comprender la economía.
Los países donde los ciudadanos generan ganancias saludables con sus esfuerzos individuales son países con:
- Una base impositiva más alta, mayor inversión en investigación y desarrollo.
- Mejores servicios públicos.
- Una filantropía y beneficencia más sólidas, no demagógicas y clientelares.
- Una sociedad equilibrada donde el esfuerzo se premia, promoviendo así la prosperidad y el desarrollo de competencias laborales.
3. En una nación, como la nuestra, donde todos quieren vivir a costa del Estado, se olvidan de que el Estado vive a costa de todos.
Nuestras reflexiones sobre el gasto público serían radicalmente diferentes si primero comprendiéramos que el gobierno no tiene dinero para gastar sin antes quitárselo a alguien más.
Ya sea mediante la confiscación (impuestos) o la deuda (futura confiscación), el gasto público, legítimo en la medida en que financia las necesidades de la nación, siempre implica la extracción de riqueza del sector privado.
El gobierno necesita ingresos para funcionar; todos estamos de acuerdo en eso. Pero, llegado cierto punto, pregunto: ¿quién gastará el dinero con mayor eficacia: los burócratas o las personas que trabajaron para ganarlo?
4. Las diferencias en hábitos y actitudes son diferencias que influyen en el conocimiento y las habilidades; de ahí que tales diferencias crean alternativas de interpretación en los resultados económicos de un Estado/nación.
Ningún intento de fabricar un resultado económico igualitario, de índole socialista, puede tener éxito. Esto explica por qué las diferencias entre las personas, como sus hábitos, habilidades, actitudes y objetivos, siempre conducen a la desigualdad.
Por mucho que lo intenten los gobiernos, no pueden obligar a la gente a ser igual. Esto se llama realidad. Lo contrario es solo "bulto y circo".
5. La propiedad privada está intrínsecamente ligada al progreso de los Estados/nación.
Sin derechos de propiedad, la libertad no puede existir. Si los individuos no tienen control sobre su propiedad, entonces el Estado lo tiene. Si el Estado es dueño de tu propiedad, el Estado te posee a ti. Si el Estado te posee, entonces nos adentramos a un "feudalismo socialistoide".
Uno de los logros más notables de la izquierda ha sido correlacionar la propiedad privada con la codicia. Esto suele poner en aprietos a quienes defienden la propiedad privada. Sin embargo, una vez que estos "se encaraman" al tren del poder, no quieren soltar las propiedades "adquiridas".
Amigo lector: ser propietario otorga dignidad a las personas. Y quienes poseen propiedades serán mucho mejores administradores de ellas que cualquier tercero imparcial.
Todos los amantes de la libertad deberían ser firmes defensores de la propiedad privada. Sin ella, una sociedad productiva y libre es imposible.
6. "El libre mercado no es un sistema; por ende, NO existe en ninguna legislación, ley, proyecto de ley, reglamento ni libro. Nadie inventó el capitalismo. Es lo que las personas libres hacen de forma natural: intercambiar bienes y servicios para su propio beneficio".
Antes de que existieran intervenciones, regulaciones, estipulaciones y controles, existieron seres humanos que actúan, se asocian, cooperan, construyen y crean. Esa libertad económica es lo que llamamos capitalismo.
Cuando las personas son libres de hacer lo que quieren, dentro de los límites de la ley, por supuesto, dan lo mejor de sí mismas. Así de simple y maravilloso.
7. El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre; el socialismo es exactamente lo contrario.
Los seres humanos somos seres imperfectos, tomamos malas decisiones sin importar el tipo de economía en la que nos encontremos.
La izquierda cree que podemos evitar el lado oscuro de la naturaleza humana si simplemente eliminamos el capitalismo. Pero lo único que hace la izquierda es reemplazar a un actor imperfecto, el individuo, por otro actor imperfecto, pero más poderoso: la burocracia gubernamental y clientelar, en el mejor de los casos, y un leviatán demagógico y corrupto, en el peor de ellos.
Resumen:
En definitiva, la diatriba conceptual sobre el peso moral y político de estos dos sistemas jamás cesará, porque el ser humano siempre estará expuesto a la codicia, el rencor y la arrogancia, emociones alimentadas —y manipuladas— por ambos modelos. Sin embargo, la "ilusión de tener" seguirá siendo el motor que impulsa la superación individual, pues la posesión y acumulación de bienes otorgan resiliencia económica y capacidad de maniobra ante las crisis. De ahí que el capitalismo, con todas sus imperfecciones, resulte tan atractivo hoy día.
Para los dominicanos, esta reflexión no debe quedarse en teoría: implica asumir hábitos concretos que fortalezcan su libertad económica, como aprender a ahorrar de manera sistemática, evitar el endeudamiento impulsivo, invertir en educación técnica y financiera, defender la propiedad privada, y desconfiar de cualquier discurso que prometa igualdad sin esfuerzo. En un país donde la movilidad social depende cada vez más del mérito y la disciplina, cultivar estas prácticas no solo protege al individuo, sino que contribuye a una ciudadanía más responsable, menos manipulable y más preparada para prosperar en un entorno competitivo.
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