En la tercera edad puede haber deficiencias y limitaciones tanto físicas como mentales. Es importante señalar que uno de los factores que más contribuyen al deterioro es creer firmemente que, por ser mayores, es normal estar en malas condiciones

Hay evidencias científicas que muestran que la inactividad y la falta de propósitos repercuten negativamente a nivel físico y mental. En cada amanecer es necesario tener razones suficientes para levantarse de la cama, no tener esas motivaciones es de alto riesgo.

Algunas personas anhelan el momento de pensionarse para no “hacer nada”. Realmente, aunque se deje el trabajo que se realizó durante décadas, desconectarse de todo sería casi una forma de suicidio.

Usted puede seguir desarrollándose y es lo ideal. Hay etapas para realizar trabajos más exigentes y otras en las que conviene disponer de más tiempo para descansar y desarrollar actividades que antes resultaban difíciles o que no podíamos permitirnos.

Sin embargo, el río que deja de fluir se seca y desaparece. Un órgano que no se use podría atrofiarse. Incluso los objetos pueden deteriorarse también cuando no se utilizan.

Ciertamente jubilarse proviene de la palabra júbilo, pero ese júbilo no debe interpretarse como no hacer nada, sino como una oportunidad para llenar la vida de una forma más gratificante, personalizada o acordes con nuestra verdadera identidad.

Los niños enfocan sus propias vidas desde el “yo seré”, los adultos en su plenitud desde el “yo soy”, pero si el adulto mayor se expresara casi siempre desde el “yo era”, puede estar dejando de reconocer las posibilidades que aún tiene por delante.

Actualmente las personas de 60, 70 y 80 años, parecen ser muy diferentes a lo que solían ser en décadas anteriores. Ahora parecen vivir y en otros tiempos parecían solo sobrevivir.

Nuestro cerebro responde a los estímulos del entorno, pero también a nuestras ideas o interpretaciones de la realidad, es decir, a lo que creamos que está sucediendo, aunque nuestra interpretación no concordara con los hechos reales. Creer que ya tu cuerpo y tu mente perdieron su capacidad de adaptarse es de las creencias más negativas que podemos tener.

Con los años suele haber una reducción del nivel de actividades, pero también se requeriría una modificación de la cantidad de alimentos que se ingieran.

El exceso de calorías, cuando se mantiene en el tiempo, favorece la acumulación de grasa corporal, el sobrepeso y la obesidad, y puede contribuir al desarrollo de dislipidemias, aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares y respiratorias, entre otras complicaciones.

Existe evidencia científica que relaciona la inactividad física y la falta de propósito vital con peores resultados de salud, deterioro cognitivo, depresión, pérdida de autonomía e incluso mayor mortalidad. [pubmed.ncb…lm.nih.gov], [cambridge.org]

El retirarse no mata, pero desvincularse sí. Podrías pensionarte en tu trabajo, pero si eso significa salir de circulación te destruye progresivamente.

Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austríaco, estuvo durante años en campos de concentración nazis. A partir de su experiencia y de su reflexión clínica, destacó la importancia del sentido de la vida para afrontar condiciones existenciales extremas.

Una pregunta que todos deberíamos poder responder es: ¿para qué quiero estar vivo? Resultando de vital importancia, que tengamos buenas respuesta a esa pregunta. La respuesta de “no sé”, debe ser motivo de alarma y hacernos pensar razones para seguir viviendo.

Muchas personas que han sobrevivido a condiciones muy difíciles han expresado que el motivo fueron sus hijos.

Dar puede interpretarse como un sacrificio, pero también a menudo es una poderosa motivación existencial. En este contexto, creer que otros te necesitan, podría contribuir a una vida longeva.

Puedes dejar tu trabajo, pero nunca tu vida. Continuar viviendo en el sentido más pleno significa mantener tus relaciones sociales y familiares, participar de actividades comunitarias, nuevos aprendizajes, tener planes y ver los años que te quedan como una oportunidad.

La edad alcanzada por nuestros padres no determina necesariamente la que podremos alcanzar nosotros. Además de los avances de la medicina, hoy sabemos que la longevidad depende de múltiples factores, entre ellos la herencia genética, el ambiente y nuestros hábitos de vida. La epigenética, por su parte, estudia mecanismos que regulan la expresión de los genes en respuesta a diversos factores biológicos y ambientales.

Un estudio prospectivo realizado en un monasterio descubrió que no todas las monjas que presentaron alteraciones neuropatológicas propias del Alzheimer manifestaron la enfermedad. Aparentemente, aquellas con una mayor sociabilidad y redes de apoyo más activas lograron compensar el deterioro cognitivo, pese a presentar las mismas alteraciones cerebrales.

Combatir la inactividad y el desánimo mediante la activación física dosificada y el cultivo del silencio consciente y el propósito (como el voluntariado, la mentoría, el arte o el aprendizaje continuo) no solo alarga la vida, sino que devuelve la dignidad y la plenitud a los años ganados.

Está bien que aspiremos a añadir años a nuestras vidas, pero también necesitamos añadir propósito a nuestros años.

Referencias:

Boyle, P. A., Buchman, A. S., Barnes, L. L., & Bennett, D. A. (2010). Effect of a purpose in life on risk of incident Alzheimer disease and mild cognitive impairment in community-dwelling older persons. Archives of General Psychiatry, 67(3), 304–310.

Buendía, J. (Ed.). (1994). Psicología gerontológica: Envejecimiento, calidad de vida y salud. Ediciones Pirámide.

Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.

Luis Ortiz Hadad

Médico

El Dr. Luis Ortiz Hadad, nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 17 de septiembre del 1958. Graduado de Doctor en Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el 1983. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España (1984-1986). Se especializó como Cirujano General en el Hospital Central de las FFAA-Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en (1988-1992). Haciendo la subespecialidad en Cirugía Colorrectal en Marsella, Francia (2000-2001). Es Psicólogo Clínico egresado con los máximos honores de la Universidad de la Tercera Edad (2022). Ha sido profesor de Anatomía y Cirugía por más de 20 años en la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Es miembro del Comité Editor de la Revista Archivos Médicos Dominicanos (AMED). Presidente de la Sociedad Dominicana de Coloproctología (2011-2013), Presidente de la Academia Dominicana de la Medicina (2016-2018) y Presidente de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores (2023-2025). Es miembro del Colegio Médico Dominicano, del Colegio Dominicano de Cirujanos, de la Sociedad Dominicana de Coloproctología, Asociación Latinoamericana de Coloproctología, Academia Dominicana de Medicina, del Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) y de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores. Presta sus servicios como Cirujano Coloproctólogo y Coordinador del Internado de Cirugía de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) en el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), donde también desarrolla desde el 2022 un programa de Meditación Terapéutica Racional Emotiva. Es escritor de artículos semanales en el periódico acento desde el 2020 y es autor de los libros: Cincuenta Reflexiones. Breve guía para el Homo sapiens y Piensa bien, Vive mejor: Una terapia racional emotiva social. Es reconocido por sus actividades a favor de un mayor desarrollo humano como estrategia prioritaria para el mundo de hoy y enseñanzas de autoayuda basadas en las neurociencias.

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