Estudios realizados por pediatras y neuropsicólogos de la Universidad de Oxford comprobaron que, cuando un bebe se prende al pecho de su madre desde que nace, su cerebro recibe un alimento que impacta durante toda su vida.
Según los estudios en cuestión, durante los primeros sesenta segundos que el bebé se prende al pecho de su madre, su cerebro libera oxitocina, dopamina y endorfinas. En tal sentido, la neuropsicología reconoce que, la producción simultanea de oxitocina, dopamina y endorfinas, es la combinación química más poderosa conocida por la biología humana.
Asimismo, dichos estudios refieren que, la leche materna cambia de composición según la hora del día; mientras que la misma cambia de color y composición, si el bebé está enfermo y, a su vez, la leche cambia su composición química si hace frio o hace calor, como un mecanismo para proteger la salud del bebé.
Además, se sabe que la leche materna contiene células madres vivas, anticuerpos de la madre y más de 200 compuestos vitamínicos que la pediatría y la neuropsicología estudian para entender lo que ocurre cuando el bebé se prende del pecho de su madre.
También, los estudios de Oxford refieren que, los bebés amamantados por sus madres, al menos por un período de seis meses, tienen mayor desarrollo cognitivo, contraen menos infecciones, crecen más sanos y logran regular y manejar mejor sus emociones en su adultez.
Un dato de alto valor científico para la pediatría y la neuropsicología es que, durante la lactancia, el cerebro de la madre y el bebé piensan al mismo ritmo, creando conexiones neuronales que determinan cómo el bebé manejará el estrés, la ansiedad, el miedo y la depresión por el resto de su vida.
Por su parte, la neuropsicología sabe que, a medida que el bebé se prende del pecho de su madre, éste siente una felicidad extraordinaria, ya que durante el proceso de alimentación la madre le transmite seguridad al recién nacido.
No obstante y según le consta a la pediatría y neuropsicología, no siempre todas las madres pueden amamantar a sus hijos y, su vez, reconoce que el proceso de lactancia materna es obra materna cumbre de la biología humana.
En tal sentido, otros estudios realizados por la universidad de Harvard sobre la lactancia materna comprobaron que, cada cada vez que un bebé se prende del pecho de su madre, no sólo se alimenta, sino que éste se está construyendo asimismo.
Al profundizar los estudios referidos en el párrafo anterior, los expertos de Harvard comprobaron que, desde el nacimiento del niño y hasta los 11 años, las madres juegan un rol de primer orden en el desarrollo físico y psicoemocional de éstos, incluyendo el desarrollo de su autoestima, la tolerancia, la prudencia, la responsabilidad, la honestidad y su integridad como persona.
Asimismo, los expertos de Harvard comprobaron que, el vínculo entre la madre y su hijo desde su nacimiento continua bidireccionalmente hasta los 12 años, edad en la que el adolescente deja de escuchar y valorar los mensajes de su madre, no por mala conducta, sino que a partir de dicha edad el cerebro del adolescente comienza a premiar las voces nuevas o desconocidas y, a no escuchar, las voces de su madre.
También la neuropsicología sabe que, a partir de los 13 años la voz materna pierde su brillo frente al adolescente y que, cuando dicha voz de la madre aparece, su hijo entra en estrés, por un lado; mientras que, por el otro lado, la madre no se siente escuchada y grita, exige y da órdenes y, a su vez, ésta cree que está hablando con una pared o que su hijo no la quiere escuchar.
No obstante, la neuropsicología sabe que pese a lo que ocurre entre la madre y sus hijos, siempre habrás salidas inteligentes y humanas, siempre y cuando la madre no tome la conducta de su hijo adolescente como algo personal, sino que ésta debe hacer conciencia de que las actitudes de su hijo se debe a que su cerebro está madurando y buscando independencia.
De su lado, los neuropsicólogos de la OMS comprobaron que, cuando las madres les gritan a sus hijos, sus cerebros lo perciben como una amenaza sobre su independencia personal; mientras que, cuando los cerebros de los adolescentes escuchan voces amorosas por parte de sus madres, sus actividades psicoemocionales se ralentizan y se sincronizan con los cerebros de éstas.
Finalmente, los estudios realizados por los pediatras y los neuropsicólogos de Oxford, Harvard y la OMS comprobaron que, los hijos que se prenden de los pechos de sus madres a partir de los 20 minutos de éstos haber nacidos, se enferman menos y a medida que crecen son más seguros y, a su vez, aprenden a manejar el estrés, el miedo y la ansiedad.
“El vínculo entre la madre y su hijo, es un lazo invisible y eterno que desafía la circunstancia, el tiempo y la distancia” (DTGM, 2026).
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