EEUU está en guerra, inmerso en un conflicto mal concebido con Irán. Sin embargo, la semana pasada, tras haberle advertido supuestamente al presidente Donald Trump que su secretario de Defensa, Pete Hegseth, estaba infligiendo un "daño generacional" a las fuerzas armadas estadounidenses, el secretario del Ejército, Dan Driscoll, presentó su dimisión. Aunque se han designado sustitutos temporales, la salida de Driscoll deja a EEUU sin un secretario del Ejército, un jefe del Estado Mayor del Ejército, un comandante de las fuerzas del Ejército en Europa ni un secretario de la Marina confirmados por el Senado, todo ello mientras el conflicto con Irán pone a prueba los límites de los recursos militares estadounidenses. Los adversarios de EEUU seguramente estarán celebrando el continuo mandato de uno de los secretarios de Defensa más inadecuados de la historia moderna de EEUU.

La salida de Driscoll era previsible tras meses de tensiones con Hegseth. Pero su dimisión — no fue un despido — debe tomarse en serio. Este veterano de la guerra de Irak, de 40 años, no es ningún agitador del "Estado profundo". Cuenta con un fuerte respaldo del movimiento MAGA del presidente y es amigo íntimo del vicepresidente JD Vance. Su salida equivale a una crítica contundente a la gestión de Hegseth desde el propio centro del movimiento MAGA.

El detonante inmediato parece ser la purga sistemática llevada a cabo por el secretario de Defensa contra la cúpula militar profesional y experimentada, especialmente contra aquellos dispuestos desafiar a Hegseth. El jefe del Pentágono ha sacado a dos docenas de generales y almirantes de todas las ramas de las fuerzas armadas, ya sea mediante despidos o destituciones forzosas. También ha bloqueado decenas de ascensos.

Entre los destituidos se encuentran, en abril, el general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército y principal aliado de Driscoll en los esfuerzos por modernizar la fuerza terrestre mediante la reforma de las adquisiciones y la transición hacia tecnologías como los drones y la inteligencia artificial (IA), basándose en las lecciones de los conflictos de Ucrania e Irán.

El contexto más amplio de la salida de Driscoll es el rápido agotamiento de las municiones debido al conflicto con Irán y la creciente preocupación por la capacidad de la cadena de suministro militar. Las operaciones relacionadas con Irán han consumido aproximadamente dos tercios del inventario estadounidense de interceptores Patriot previo a la guerra, lo que ha mermado la preparación estratégica de EEUU, ha presionado a las fuerzas de la OTAN en Europa y ha aumentado la vulnerabilidad de Ucrania ante los ataques rusos.

Según informes, varios altos mandos militares de EEUU le advirtieron a Hegseth el mes pasado que prolongar las operaciones a gran escala contra Irán era insostenible y podría debilitar la capacidad del país para hacer frente a amenazas en otras regiones. La insistencia de Trump en mantener abiertas todas las opciones militares respecto a Irán ha mantenido a más de 50,000 tropas en estado de alerta durante meses.

Un ejemplo de la presión sobre los recursos es el hecho de que EEUU no cuenta actualmente con ningún grupo de combate de portaaviones en la región de Asia-Pacífico que es un fallo logístico sorprendente para una administración que había declarado que le daría prioridad a esa zona. El USS George Washington, con base en Japón, fue desviado al Medio Oriente en agosto para relevar al USS Abraham Lincoln, el cual acaba de atracar en Tailandia tras una estancia en alta mar de más de nueve meses, superando con creces los límites habituales de despliegue.

El Pentágono ha rechazado las afirmaciones sobre una escasez crítica de armamento y ha calificado de "totalmente infundadas" las sugerencias de que la institución se encuentra en un estado de desorden. Insiste en que continúa adelante con las reformas destinadas a acabar con la inercia burocrática y a restablecer un estricto control civil. No obstante, la salida de Driscoll plantea interrogantes sobre el futuro del proceso de modernización general que él supervisaba, así como sobre si el deseo de Hegseth de ejercer un control centralizado está socavando la transformación tecnológica que él mismo impulsó inicialmente. El secretario de Defensa ha hecho hincapié en su enfoque de "volver a lo básico", centrado en la disciplina, la preparación física y el fomento de un "espíritu guerrero" masculino.

Dadas las aparentes ambiciones políticas del propio Hegseth, dicho enfoque también parece estar diseñado para sintonizar con la visión que Trump tiene de las fuerzas armadas. Al igual que Hegseth, el presidente valora la lealtad y la obediencia por encima de la experiencia. Sin embargo, cuanto más se prolongue esta situación, más podría ponerse en duda la preparación militar de EEUU.

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