CAPÍTULO 1
COUP DE FOUDRE
El amor a primera vista no tiene fronteras, color, edad o religión. Surge de súbito, como un flechazo que envuelve los sentidos.
Santo Domingo, Domingo 26 de mayo 2019. 7 p. m. Novo Centro.
Aurelio Javier la vio sentada a distancia. Portaba un jean azul, blusa blanca, ojos morunos, cabellos recogidos. Nada extraordinario. Pero algo en ella le atraía. Sus instintos le decían algo, un no sé qué. Juraba que la había visto antes. A su lado, le acompañaba una dama, de lentes, entrada en años. Esperaban ver un filme.
No supo cómo pasó, pero la mujer de los ojos morunos se aproximó al mostrador de venta de golosinas y Aurelio pudo verla más de cerca.
Con atrevimiento, Aurelio le preguntó.
—Nos conocemos?
—Su nombre?
—Lucía Mendieta, respondió rápidamente sin parpadear.
—Mendieta? Familia de Roberto Mendieta?
—Sí, es mi tío.
—Ah… es mi amigo y compañero.
El diálogo terminó ahí. Sin más. Empero, algo comenzaba a rondar por la cabeza de Aurelio. No recordaba dónde, pero esa cara la había visto antes en alguna parte, aunque no se percataba. No sabía en qué circunstancia y lugar.
Pero dio la casualidad que las dos damas iban a ver el mismo filme que Aurelio: “Colours”. Un año después, retrotrayendo la situación de aquella noche, él pensó que el azar jugó su papel. Bien pudo pasar que no coincidieran en la misma sala, y el coup de foudre se diluyera puesto que en ese momento varias películas estaban siendo proyectadas en salas diferentes y pudo haber sucedido que no fueran a ver el mismo filme. Una verdadera casualidad que tuvo sus consecuencias.
Todo pasó, pues, fugazmente. La proyección “Colours” no era nada del otro mundo. Resumía la historia de Laura, chica pobre de un pequeño pueblo del interior del país que sin saberlo heredó de su madre el estro de la pintura. Sin embargo, sus contradicciones con un amargado padre que se oponía a su inspiración artística, le afectaron, aunque al final devino en una reconocida artista. La trama no era bien articulada y los actores no descollaban en diálogos que despertaran interés del espectador. Por momentos, el drama carecía de interés y se caía.
La película terminó y al descender y bajar las escaleras para salir de la sala, una visión raudamente atrapó a Aurelio. Esa era la mujer que había visto un año antes en la tienda de un reconocido articulador de ediciones.
Recordó su elegancia de aquel momento. Y entonces fue cuando al bajar los escalones, Aurelio se atrevió de nuevo a dirigirle la palabra.
—Ahora recuerdo Lucía, la vi una vez en la tienda de Malaquías. Ella no reaccionó. Simplemente, sonrió con amabilidad.
Y ahí terminó todo. En el hall, Lucía le presentó a la señora que le acompañaba que resultó ser su madre.
—Es mi madre, le dijo su nombre, pero Aurelio la confundió con una reconocida geóloga marina cuando en realidad se trataba de Eliane Maurois de Mendieta, la viuda de Santiago Mendieta.
Sin saber por qué razón, Aurelio quedó impactado al fugaz contacto con aquella mujer. Empero, desconcertado y poseído de una torpeza increíble, cometió un error. No le pidió su número de teléfono.
Desliz que muchos días después le costaría caro.
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