Nadie puede negar los avances en el país. Pero la oposición, a falta de argumentos para desacreditar al gobierno pregona falacias por doquier. El país pasó de la fundita colorá a los bonos electrónicos, al dinero plástico.
El grito resonaba en todo el territorio nacional. Cerca de medio siglo después la garganta se trabó. No lo dejan salir, pero sigue ahí.
Dame lo mío
“Este es el país del dame lo mío”, comentó un político a Junior Hernández, locutor y periodista. Cómo llegó el dominicano a una condición tan vergonzosa.
El citado político, nunca le dirá a Junior que ellos llevaron el país a convertirse en una guarida de gente que sólo piensa en el dame lo mío.
El Partido Reformista (PR) gobernó el país 12 años con mano de hierro. Durante su mandato encabezado por Joaquín Balaguer, las dádivas eran parte del programa de gobierno.
Balaguer daba las funditas colorá para la familia. A los niños le tocaba una bicicleta y a las niñas una muñeca. La máquina de coser las entregaba a las madres, así fueran solteras o no.
Las filas eran interminables. La práctica de repartir se veía como natural de la gestión de gobierno. La intención parecía cumplir con el rol de ayudar a los pobres. Y de paso, le entregaban también la propaganda reeleccionista.
Los reformistas, en su mayoría, nunca se quedaban con las funditas, las repartían todas. Cuando le entregaban cien funditas, repartían ciento veinte. Su objetivo era que: vuelva y vuelva Balaguer.
Al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) le tocó su turno. Los ciudadanos seguían rogando por democracia, libertad para los presos políticos, regreso de los exiliados, no más funditas… Prometían acabar con la infamia. Por eso ganó.
El triunfo perredeista convirtió a don Silvestre Antonio Guzmán Fernández en presidente de la República. Por tanto, cuando se sentó en la silla de alfileres en 1978, hasta los niños sintieron un halo de esperanza.
Por mucho que gritaron, las lágrimas se quedaron camino al rio. Los prisioneros fueron liberados, llegaron los desterrados ¿y la democracia?, bien gracias.
El país respiraba un clima de libertad y tranquilidad. Las persecuciones se tornaron más sutiles. El deseo de poner las ideas tras las rejas se hacía con discreción. La democracia requiere orden.
Las funditas colorá desaparecieron. La transformaron en cajas para darle mayor categoría. El dame lo mío adquirió otro nivel.
Los perredeístas, contrario a los reformistas, de cien cajas repartían cincuenta. Y las que entregaban a los pobres —a los del partido— les llegaban incompletas. El corte se hacía por el lado de mayor valor.
Tan cierto es lo anterior que las primeras cajas que se repartieron en 1978 traían un pollo cada una. Pero a la gente les llegaron sin pollos. Los sacaron, pusieron sus neveras “timbí” de pollos. No pudieron comérselos todos.
Los reformistas —ahora PRSC— duraron 8 años fuera del poder. Regresaron en 1986. Pero aprendieron el método perredeísta. Es decir, gobernar a su antojo disfrazados de democracia. Las dádivas, en consecuencia, siguieron el modelo revolucionario de ganar cliente en santa paz.
El Palacio Nacional, de repente se tiñó de morado. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se terció la ñoña en 1996. El presidente era el Dr. Leonel Fernández Reyna, un hombre súper moderno. Él hizo de las dádivas una humillación menos vergonzosa.
Hoy, muy pocos recuerdan el Programa Eventual Mínimo de Empleo (PEME). La iniciativa del momento resultaba una maravilla de política social. El objetivo oculto y principal era —al decir del presidente Fernández— “pagar para no matar”.
La transformación morada dejó las cajas intactas. Le agregaron, eso sí, otras modalidades coherentes con el perfil del mandatario de turno. La tecnología entró de lleno.
El PLD inauguró la era de los bonos plásticos. Tarjetas a diestra y siniestra: Bonoluz, Bonogas, Bonoromo, Bonovicio, Bonoloteria, Tarjeta Solidaridad… Los Kit para festividades también hicieron su entrada triunfal: Kid de Semana Santa, Kit de las madres, Kit de San Valentín, Kit de los padres, etc.
Queda clarito que, los gobiernos sucesivos se han encargado de ponérsela fácil a los ciudadanos. Entregarles dádivas para que no tengan que trabajar. En gente que si no le dan lo suyo no mueven un dedo. El dame lo mío, por añadidura, es una condición inducida.
En el gobierno actual hay exceso de velocidad: arrancó el Bono a Mil.
Los poderosos dan migajas a los pobres para mantenerlos tranquilos. Mientras más embobados, mejor.
En suma, los presidentes traen los bolsillos rebosados de caramelitos encantados. Caramelos envenenados para evitar las protestas. Para embobar a la gente. Contrario a Roma, primero circo, el pan queda pendiente para las próximas elecciones.
¡Atentos! será el gobierno próximo el que dará el golpe mortal al clientelismo y que la gente deje de gritar…
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