Semana Santa también es GAGÁ. GAGÁ es cultura. Y es parte de la marca país.
Escribo como Palmaritera, criada escuchando y bailando al ritmo de los Culoechivo o Rompe Cuero de palmarito, esos descendientes de polo y cabral pero que previo a eso fueron ligao entre haitianos, dominicanos y mucho amor en las siembras de cafe más me alla de la aprobación de las memorias históricas.
Vivir los palos o atabales es una cosa indescriptible que me sirvio de base para llegar al Gagá, recuerdo que las de las periferias bajábamos a perseguir a pie, en motores y pasolas el gaga que salia dese el batey Central! Ya en la adultez conocí los que salen desde batey 2, el 5 y el 6 sin dudas una super ceremonia cultural. Hoy, en pleno 2026 cuando hemos perdido tanto y hacemos crítica de las redes, la gente no aprecia ni valora lo auténtico, lo local, la cultura pareciera que solo aplica a sigun… porque ahi van con su persecución con saña de lo que no es de su agrado, disfrazandolo de “orden público” cuando aqui todos y todas sabemos que es Es racismo. Es negacionismo. Es fascismo estatal.
GAGÁ es cultura. Y es parte de la marca país.
El Gagá es otra cosa! Mezcla trompetas. Tambores distintos. Un desfile que no se queda quieto con sus pasos al ritmo de los instrumentos, ese roce, ese calor, agitación y se combina con una época sagrada: Semana Santa.
El Gagá llegó, se sembro y en los bateyes y barrios lo hemos cultivado como siembra de caña, porque nada nace sólo, porque tambien hay que regar, acompañar y luego se corta.. el gaga habita mas alla porque la gente no se quedo solo en el batey, se movió , por los ingenios donde pasaron los abuelos y abuelas mios, tuyos, entremezclados se partieron la espalda para que este país comiera azúcar.
Por eso, cuando llegaban los días mayores, nosotros —los de Palmarito, los del barrio, los que crecimos con el retumbe de los Culoechivo en los oídos— nos organizábamos. Bajábamos en grupo. Unos a pie. Otros en motores y pasolas. Las muchachas agarradas de la cintura del que manejaba. Íbamos al batey Central, luego al batey 2, después al 5 y al 6.
Persiguiendo el Gagá como quien persigue el espíritu.
Eso no es "contaminación sónica". Eso es cultura viva. Eso es memoria que se mueve. Y eso es parte de lo que somos como país, aunque la publicidad turística prefiera mostrarnos solo playas y resorts.
La misma represión, siempre en Semana Santa
Cuando una ve acciones como el caso de Villa Hermosa, La Romana. La Policía Nacional detuvo a cinco personas por hacer un Gagá en la madrugada. Les quitaron las trompetas y los tambores. "Horarios establecidos", dijeron. "Contaminación sónica", dijeron.
¿Y los conciertos al aire libre, las fiestas en las calles, los musicologos, los drinks con músicatodos los dias y a todas horas? ¿Y los fuegos artificiales que se tiran bajo cualquier excusa yba cualquier hora en las calles de la ciudad, en el Malecón? Esos no molestan. Porque no huelen a batey. Porque no suenan a negro. Porque no les recuerdan a los señores que esta isla también es mezcla, Caribe, negritu, África.
Esto no es nuevo. Ya pasó en San Pedro de Macorís, en cabral, en san luis, en villa mella quisieron confinar el Gagá a los bateyes como si fuera un virus que hay que aislar. En años anteriores, en Haina y en La Romana, lo mismo. Cada Semana Santa, el mismo cuento. El Estado fascista —porque hay que llamarlo por su nombre, aunque arda— aprovecha la "Semana Mayor" para criminalizar lo africano que llevamos dentro.
Y lo peor: la gente se lo cree. El dominicano promedio asocia el Gagá con "vudú", con "cosas de haitianos". Ignorancia. Racismo puro. Porque el Gagá que yo vi en el batey Central de Barahona era sincretismo: la cruz y el tambor, la vela y el palo, la virgen y el espíritu del cañaveral. Eso no es Haití. Eso es la isla. Eso somos nosotros.
Y ya que hablamos de Haití, déjenme decir algo claro, sin pelos en la lengua: Haití es nuestro país hermano.
Compartir esta nota