No se justifica que a esta «altura del juego» no se sepa nada en torno a su participación en la próxima contienda electoral. Los partidos tradicionales; algunos están listos, con sus maquinarias electorales; otros, preparándola y poniéndola en condiciones de competir. ¿Y la izquierda en qué anda?
Hay que ponerse a constituir una opción electoral democrática, progresista y de izquierda. Capaz de integrar amplios sectores de la sociedad. Sin corruptos ni narcotraficantes.
Constitúyanla como ustedes quieran, con personas identificadas con la nueva democracia, pero háganlo. Con un proyecto de nación donde se recojan las principales áreas gubernamentales para fortalecer y corregir sus deficiencias, aplicar una política internacional ceñida a la defensa de República Dominicana: su independencia y soberanía. Entre otras medidas realizables y ajustadas a nuestra realidad.
Un proyecto, a corto, mediano y largo plazo, político y electoral, cuyo objetivo sea avanzar en alcanzar el poder de gobernar en RD. Que identifique con claridad nuestra independencia con los partidos tradicionales, denominados mayoritarios. Y orgullosa de representar al litoral democrático, progresista y de las izquierdas.
Comiencen y avancen. No los quiero ver votando vergonzosamente por los candidatos presidenciales, congresuales y municipales del PRM, PFP, PLD, PRD, PRSC, etcétera. Es el momento, etapa democrática, de empezar a construir el voto progresista, democrático y de izquierda para avanzar, de lo pequeño a lo grande, al poder político en la democracia capitalista.
No es verdad que la izquierda, los sectores democráticos y progresistas no tengan candidatos presidenciales, posición que solo busca dejar abierta la posibilidad para favorecer en esos niveles a los partidos tradicionales en disputa por el poder.
Y no vengan con el cuento de que los acuerdos y compromisos con la derecha, con los partidos tradicionales, son beneficiosos. ¿Beneficiosos para quién? Para los grupos individuales que pactan con ellos, en perjuicio de la revolución. Pero la verdad es que son un veneno mortal que impide el nacimiento saludable de una opción electoral del litoral democrático, progresista y de izquierda.
Óigase bien: en la democracia capitalista, conversar con la derecha no es pecado; su peligrosidad pequeñoburguesa reside en cuando se utiliza con fines particulares y de grupos. «No se trata, evidentemente, de las reformas o de los compromisos y acuerdos en sí, sino del uso que se hace de ellos». J. Stalin, Los fundamentos del leninismo.
Los revolucionarios en América Latina y el Caribe han comprendido, a tiempo, el cambio radical que ha experimentado la realidad política, económica, social y geopolítica de la región y, en consecuencia, actualizan sus enfoques, cada cual de acuerdo con sus particularidades, y han decidido participar, integrando a demócratas y progresistas, con éxitos en la democracia representativa.
El gran problema de nuestra querida izquierda —y muchos dolores— es que todo lo dejan para última hora, teniendo el tiempo disponible para ponerse de acuerdo, coordinar y organizar los pasos a seguir. Muchas veces priorizan los acontecimientos internacionales ante las tareas pendientes en RD. Hay que tomar en cuenta los resultados de las pasadas elecciones nacionales, que retratan un panorama nada halagüeño, desastroso en cuanto a su participación y en el producto final electoral.
El voto de izquierda no es un peligro en América Latina y el Caribe. En nuestro país ha sido muy mal dirigido y presentado a la población: dividido, aislado y disperso. Con esas ambigüedades, es imposible penetrar en la decisión y voluntad de la gente a la hora de depositar su sufragio. La izquierda tuvo su espacio histórico y la tarea es recuperarlo con dignidad, decoro y actualización.
El movimiento revolucionario dominicano, que ocupó posiciones estelares en la vida política nacional, tiene la oportunidad de resurgir de nuevo integrándose correctamente al proceso democrático, en la democracia y en sus elecciones, con una opción electoral para participar en los comicios 2028, convocando sectores populares, sociales, democráticos y progresistas.
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