Sin lugar a dudas, el turismo dominicano vive uno de sus mejores momentos en cuanto a cantidad de visitantes se refiere. La inversión extranjera fluye y el país se sigue consolidando como líder indiscutible del Caribe. Sin embargo, detrás de este éxito encontramos una realidad de la cual están conscientes los principales líderes del sector y que impacta significativamente: muchos de nuestros destinos han avanzado más rápido que la planificación urbana que debería sostenerlos.
A este crecimiento sin planificación no podemos llamarlo progreso; es sencillamente una acumulación de problemas.
Nuestros principales destinos turísticos, sobre todo Punta Cana, han experimentado una expansión acelerada, impulsada por la demanda internacional y la inversión del sector privado. No obstante, este crecimiento ha sido en muchos casos fragmentado, reactivo y poco articulado con una visión territorial integral.
Hoteles, plazas comerciales, parques temáticos y proyectos inmobiliarios emergen a gran velocidad, muchas veces sin una coordinación real con los debidos planes de ordenamiento territorial, acordes con la capacidad de la infraestructura existente, ni con criterios de sostenibilidad ambiental y urbana. El resultado de esto es un modelo que funciona mientras tanto, pero que se expone a múltiples amenazas.
El turismo no solo ocupa espacio, consume territorio. En destinos como Punta Cana, la presión sobre los recursos básicos comienza a mostrar señales preocupantes. El crecimiento hotelero y residencial demanda volúmenes cada vez mayores de agua, en una zona donde el equilibrio hídrico es frágil. La generación de residuos sólidos supera, muchas veces, la capacidad de gestión local, afectando tanto la imagen del destino como su sostenibilidad ambiental. De igual manera, en aspectos de movilidad, en poco tiempo la falta de planificación vial ha derivado en congestión, aumento de tiempo de traslado y una experiencia turística cada vez más vulnerable.
Otros destinos como Puerto Plata y Santo Domingo enfrentan un reto distinto y crítico: la convivencia entre ciudad turística y ciudad habitada. Lo que hoy es una incomodidad, mañana puede convertirse en una crisis estructural.
Punta Cana es, sin duda, el mayor caso de éxito turístico del Caribe. Sin embargo, precisamente por eso, es también el territorio donde más urgente se vuelve la planificación. El éxito exige orden y decisiones urgentes.
El Gobierno dominicano ha anunciado en múltiples ocasiones que presentará el plan de ordenamiento territorial para Punta Cana, el cual, según comunicaciones oficiales, iba a ser presentado antes del cierre del 2025. Luego se presentaría en Fitur 2026. Al día de hoy, ese plan sigue sin hacerse público.
Nos preguntamos: ¿por qué, al destino más importante del país, la planificación sigue llegando tarde?
La ausencia de este instrumento puede tener consecuencias fatales. Y es que no se trata de un tema técnico menor. Se trata de definir con urgencia densidades de desarrollo, uso del suelo, capacidad de carga, infraestructura crítica y sostenibilidad ambiental del principal activo turístico del país.
Cada nuevo proyecto que se aprueba sin una visión integral aumenta el riesgo de saturación del destino, deterioro ambiental, presión sobre servicios básicos y pérdida de competitividad a mediano plazo.
Lamentablemente, el turismo no espera. La inversión tampoco. Por eso, postergar la presentación e implementación de un plan de ordenamiento en Punta Cana no es un simple retraso administrativo; es una decisión que impacta directamente la sostenibilidad del modelo turístico dominicano.
El sector privado necesita reglas claras, con un plan coherente, completo y una estructura municipal lista para asumirlo e implementarlo. Las comunidades necesitan equilibrio y el destino necesita dirección. Sin planificación, cada actor opera bajo su propia lógica. Con planificación, se construye un destino.
Siempre es aconsejable analizar las lecciones aprendidas de destinos turísticos tradicionales. El turismo mal gestionado se paga caro. Ciudades como Barcelona, Venecia o Cancún han demostrado que el turismo sin planificación urbana genera rechazo social, deterioro ambiental, pérdida de autenticidad y, eventualmente, pérdida de competitividad.
El turismo no colapsa de un día para otro. Se deteriora lentamente, hasta que deja de ser deseable.
Nuestro país necesita algo más que crecimiento: requiere planificación, gobernanza y voluntad política. Nuestro verdadero desafío no es seguir creciendo. Es crecer con orden. Y hoy, más que nunca, Punta Cana necesita algo más que éxito; necesita planificación.
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