El emigrante es percibido por sus familiares y conocidos como alguien que es "rico",ya que la diferencia salarial entre su país de origen y su país de "acogida",suele ser importante entre los sectores de menores recursos.
También muchos inmigrantes tienen una actitud de falseamiento de su realidad, comunicando a familiares y relacionados que ahora tienen ropa de marca,a veces que tienen coches de ensueños y una vida de "tutumpote" (es decir,de personas que gozan de altos ingresos y vida de confort o lujo).
Uno entre miles puede ser que haya logrado una prosperidad que permite un consumo conspicuo. Normalmente porque tiene capacidad empresarial y trabaja 18 horas al día.Otros,mediante el crimen,sea como "dealer",con grupos o redes de venta de drogas, y otros,porque una vez que logran homologar sus títulos universitarios, entran a formar parte de profesiones de altos ingresos,como médicos especialistas, abogados u otras profesiones que en algunos casos están bien pagadas, muy por encima de la media.
También, y estos son aún más escasos, los que a través de la política se hacen de una relativa fortuna. No por los sueldos de los cargos políticos sino por trapicherías, apropiación de fondos destinados a campañas electorales, donaciones a cambios de trato de favor o de cualquier tipo de corruptela. Hay quienes tuvieron la visión de que era más rentable regresar a su país de origen,y allí hacer política y si lograba éxitos,hacerse no rico sino millonario. Pero repito, todos estos caso son muy minoritarios.
En su inmensa mayoría los que emigran llevan una vida de duro trabajo,de ahorro y hasta de escasez o austeridad,si tienen que,de su salario,enviar remesas a sus familiares o atender demandas de gastos extraordinarios de los mismos.
Por ello, hay que justipreciar el aporte de los remesadores,los estados beneficiarios deberían recompensarlo,con exenciones de ciertas tasas de aduanas cuando visitan el país, y traen electrodomésticos,ropas u otros bienes de consumo, por ejemplo,cada dos o tres años, para evitar que las visitas de estos se conviertan en un negocio lesivo a la recaudación estatal.
Por último, hay que hacer un llamado a los "familiares vampiros", aquellos que se recuestan en sus sofás, no se esfuerzan en generar ingresos,y se hacen totalmente dependientes de los trabajadores emigrantes,muchas veces abusando con sus demandas constantes de dinero, a estos abnegados trabajadores en el exterior.
Aunque pueda existir una diferencia salarial o de ingresos,entre el país de origen y de residencia del trabajador emigrante, si este quiere vivir de acuerdo a las exigencias de su grupo de ingresos,no puede tener esa sangría permanente de envío de remesas.
El trabajador tiene el derecho de llevar una vida similar a las que hacen sus iguales en el país donde trabaja satisfaciendo sus necesidades materiales y culturales. Las cargas externas no pueden ser un fardo permanente sino una ayuda temporal para que los que la reciben se pongan a generar ingresos por si mismos.
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