Los textos previos han explorado diversos aspectos relacionados con la gestión de riesgos en las cooperativas. El propósito de estas entregas, incluyendo esta y las siguientes, es seguir apoyando a los socios de las cooperativas para que continúen su formación en este modelo de asociación solidaria que promueve el equilibrio social a nivel global. Es importante señalar que interpretar estos trabajos como críticas hacia las cooperativas sería un grave error, especialmente considerando que nuestras observaciones son aplicables a todas las empresas del mundo. Afirmo con confianza que las cooperativas son una vía efectiva para participar activamente y contribuir al desarrollo del país.

Es bien sabido que toda actividad humana conlleva riesgos inherentes; por lo tanto, comprender dichos riesgos es fundamental para asegurar la continuidad y el crecimiento saludable de las empresas. En esta ocasión, comenzamos a abordar los riesgos operacionales. Siempre existe la posibilidad de pérdidas dentro de las organizaciones, derivadas de procesos internos inadecuados o ejecutados defectuosamente, así como de controles débiles y procedimientos mal diseñados. También hay espacio para errores humanos, negligencias o fraudes. Además, es común experimentar fallos en los sistemas, obsolescencia tecnológica, ciberataques y eventos externos como desastres naturales o pandemias.

Es evidente que estos factores pueden afectar a cualquier empresa y requieren inversiones significativas para su mitigación. La gestión del riesgo operacional ha emergido como un tema global desde 1990, consolidándose a partir del año 2000 debido a tres hitos clave: el colapso del Barings Bank en 1995, donde se registraron pérdidas por USD 1,300 millones debido a deficiencias en supervisión y controles internos; la formalización bajo un marco integral en el acuerdo de Basilea II (2004-2006); y la crisis financiera del 2008.

Aunque el problema inicial surgió en el sector bancario, sus componentes afectan igualmente a cualquier tipo de organización empresarial, convirtiéndose en un riesgo transversal – especialmente relevante hoy día ante la digitalización, cadenas globales de suministro y regulaciones complejas. Una adecuada gestión actualizada de los riesgos operacionales no solo fomenta la confianza sino también asegura la sostenibilidad.

Las cooperativas se basan en la confianza mutua; sus miembros depositan ahorros, solicitan préstamos y contribuyen a la organización trabajando juntos para mejorar el bien común. Pero dicha confianza no debe estar condicionada a buenas intenciones para que sea confiable; requiere procesos claros y bien definidos de manera responsable y sistemas seguros que protejan los activos comunes.

En el entorno empresarial cotidiano, se realizan depósitos, se otorgan préstamos y se manejan transacciones, cuya naturaleza misma crea riesgos operativos. Tales riesgos pueden tener graves implicaciones económicas e incluso causar interrupciones en los servicios o un alto daño reputacional.

El riesgo operativo no siempre ocurre en un gran fraude o en el colapso completo de un sistema informático. Comienza silenciosamente: un archivo incompleto, una contraseña compartida, una conciliación no realizada a tiempo, una operación aprobada sin la documentación adecuada, o una función clave que está siendo realizada por una sola persona.

Estamos de acuerdo que el marcado de Basilea fue creado básicamente para entidades bancarias, no obstante, sus directrices pueden ser adaptadas a las cooperativas, considerando factores como su tamaño, complejidad, naturaleza y perfil de riesgo. Una cooperativa pequeña no necesita replicar la estructura de un gran banco; sin embargo, debe identificar sus procesos clave, establecer controles adecuados y asegurar una clara separación de responsabilidades.

Es importante recordar que este riesgo tiene que ver con la forma en como se llevan las cosas, pero que pueden desencadenar en otros riesgos, incluyendo los financieros. Por ejemplo, si se otorga un préstamo sin realizar una verificación adecuada de los ingresos del solicitante, la posible pérdida podría manifestarse más tarde como un riesgo crediticio. Sin embargo, su origen podría estar relacionado con una deficiencia operativa: incumplimiento del procedimiento establecido, documentación inadecuada, presión para aprobar la operación o falta de controles.

Además, realizar una transferencia a una cuenta errónea es un evento operativo; si la cooperativa no gestiona adecuadamente esta situación, podría resultar en reclamaciones legales, sanciones regulatorias y afectar su reputación. Los riesgos no funcionan aisladamente; están interconectados y pueden acumularse y amplificar sus repercusiones.

El riesgo operativo se encuentra presente en casi todas las áreas de la organización. Puede manifestarse en la administración del efectivo, la gestión de la cartera de créditos, contabilidad, tesorería, tecnología, recursos humanos, procesos de compra, archivo y atención a los asociados.

Entre las formas más comunes en que se presenta este riesgo consiste en la posibilidad de: :

1. Cometer errores al registrar aportes, depósitos, retiros o pagos.
2. Desembolsar préstamos sin cumplir con los requisitos establecidos.
3. No completar los expedientes o que estos se extravíen.s.
4. Discrepancias en caja que no son investigadas oportunamente.
5. Deficiencias en las conciliaciones bancarias y contables.
6. Accesos no autorizados a los sistemas informáticos.
7. Que los empleados y funcionarios compartan sus contraseñas.
8. Uso inadecuado de información confidencial.
9. Fraude interno o externo.
10. Acciones vinculadas a la suplantación de identidad de asociados.
11. Que fallen los sistemas informáticos y canales digitales.
12. Que se interrumpa la electricidad o problemas en telecomunicaciones., entre otros.

Por lo tanto, la gestión del riesgo operativo debe ir más allá del simple registro de pérdidas; también debería identificar aquellos incidentes que no provocaron pérdidas pero que podrían haberlo hecho. Un pago duplicado detectado antes de ser efectivo sirve como una señal de alerta y una oportunidad para el aprendizaje.

EN ESTA NOTA

Ramón Nicolás Jiménez Díaz

Economista y profesor

Ramón Nicolás Jiménez Díaz. Doctorado en Negocios Internacionales.. Maestría en Política Económica, con énfasis en Relaciones Internacionales. Maestría en Cumplimiento y Regulación Financiera. Economista, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Profesor Titular y pasado director de la Escuela de Economía. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales – UASD. Conductor del programa de televisión: Retos y Desafíos, día a día con Nicolás Jiménez (Cine Visión Canal 19). Conferencista y consultor en temas de política económica, prevención del crimen financiero, integridad institucional y desarrollo. Áreas de Especialización: Negocios internacionales y comercio exterior. Cumplimiento normativo, gobernanza y prevención del lavado de activos. Macroeconomía aplicada y análisis de políticas públicas. Geoeconomía, riesgos globales y relaciones internacionales. rnjimenezdiaz55@Gmail.com

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