Vivimos los temores subyacentes de la seguridad laboral y un ejemplo de esta situación global es el cambio de parecer de tomadores de decisión al momento de cambiar de agencia de diseño web, por ejemplo, pero deciden prescindir de una porque su equipo de marketing ha comenzado a usar agentes de codificación para actualizar el sitio web de la empresa por su cuenta.
Esta señal nos muestra que no es solo la alta dirección la que, armada con agentes de IA, está saliendo de sus carriles tradicionales. Un ejemplo lo reportó Issie Lapowsky en Bloomberg, al abordar a la empresa Intuit, donde descubre que se están animando a los gerentes de producto y diseñadores a codificar sus propias características para QuickBooks, el software insignia de la empresa.
Intuit aún no ha lanzado dichos prototipos a los clientes, pero, están construyendo el puente de conversación entre el gerente de producto y el ingeniero, resolviendo la eterna disyuntiva: “Quiero algo así”.
El artículo de Lapowsky documenta cómo los agentes de IA para programación están generando un pánico de productividad entre ejecutivos e ingenieros, pero el dato más incisivo viene de la investigación de UC Berkeley: los empleados que usan herramientas de IA aumentaron tanto la cantidad de trabajo que podían completar como la variedad de tareas que podían abordar, incluso cuando no estaban obligados a adoptar la tecnología.
La paradoja es brutal: a medida que la productividad de los empleados aumentó, también lo hizo la cantidad de trabajo que asumieron, en parte porque la IA hacía fácil comenzar tareas nuevas.
La frase de un trabajador entrevistado lo captura todo: pensabas que al ser más productivo con IA ibas a poder trabajar menos, pero en realidad no trabajas menos. Los descansos se redujeron — los trabajadores adquirieron el hábito de enviar un último prompt antes del almuerzo o después del horario laboral.
Mientras tanto, el presidente de OpenAI, Greg Brockman, declaró que se siente como una oportunidad desperdiciada cada momento en que tus agentes no están corriendo. Esa frase es la destilación perfecta de lo que podríamos llamar el extractivismo cognitivo: la presión ya no es solo sobre el humano que produce, sino sobre el humano que no está delegando suficiente a las máquinas.
Esa mentalidad — cada segundo sin agentes corriendo es un segundo desperdiciado — no es nueva. Es el mismo mecanismo que la economía identificó hace más de un siglo y que hoy regresa con interfaz de chat.
La Paradoja de Jevons digital
Investigadores de UC Berkeley y Harvard Business Review advierten que el "auge de productividad" inicial puede resultar en trabajo descuidado y agotamiento — y a medida que la frustración se acumula, los trabajadores podrían renunciar.
La misma fuente traza el paralelo histórico exacto: una máquina de vapor más eficiente no redujo el consumo de carbón — lo aumentó. La invención del telar mecánico multiplicó la productividad textil — los trabajadores no trabajaron menos, trabajaron más duro en fábricas que ahora podían exigir cuotas de producción mucho mayores.
Es la Paradoja de Jevons aplicada al software: más eficiencia no produce más tiempo libre, sino más demanda de producción.
Lo que esto significa para nosotros en el Caribe
Aquí es donde los marcos analíticos que he desarrollado a lo largo de dos décadas cobran una urgencia nueva:
- Los Invisibles bajo fuego cruzado. Si Bloomberg reporta una caída del 16% en las ofertas de empleo para trabajadores jóvenes de software, nuestros profesionales dominicanos que trabajan remotamente para mercados extranjeros están en la primera línea de este ajuste. No tienen protecciones laborales locales, no participan del tejido productivo nacional, y ahora enfrentan la presión adicional de competir no solo contra otros humanos sino contra agentes autónomos. El tecno-colonialismo doméstico que denuncié se intensifica: la misma maquinaria que prometía democratizar el acceso está concentrando la presión descendente.
- El Efecto Pokémon se convierte en crisis. Gerentes de producto comenzaron a escribir código. Diseñadores abordaron tareas de ingeniería. Lo que en Silicon Valley se describe como "empoderamiento" es exactamente lo que he advertido: la ilusión de que coleccionar capacidades superficiales equivale a dominio real. Cuando todos pueden generar código pero depurar código generado por IA toma 3 veces más tiempo y los marcos de gobernanza son casi inexistentes, la calidad se convierte en la primera víctima. En un mercado laboral como el dominicano, donde ya existe distorsión entre certificaciones y competencia real, esto profundiza el problema.
- Amnesia Corporativa acelerada. La IA reduce la fricción cognitiva en aspectos como recordar sintaxis, buscar documentación y generar andamiaje, creando una fuerte percepción de velocidad. Pero las métricas de entrega como tiempo de ejecución, tasa de defectos y frecuencia de despliegue a menudo permanecen sin cambios porque los cuellos de botella migran hacia las etapas de revisión y validación. Es decir: la velocidad es ilusoria si no hay capacidad institucional de asimilar lo producido. Esto es, en esencia, la Amnesia Corporativa que documenté desde 2018 — ahora potenciada por agentes que producen más de lo que las organizaciones pueden procesar, entender y retener.
- Industrialización simbólica con nuevo disfraz. El retroceso del país en los índices globales de innovación — que ya he documentado — no se detiene mientras aumenta el consumo de soluciones de IA importadas a una escala que supera por treinta veces la inversión en desarrollo local. El pánico de productividad que Bloomberg narra en las economías productoras se traduce, en las economías consumidoras, en una doble vulnerabilidad: dependemos de herramientas cuya evolución no controlamos y absorbemos las presiones laborales sin los beneficios de la cadena de valor. Es industrialización simbólica con interfaz de chat.
La pregunta incómoda
Los marcos económicos actuales están mal equipados para manejar la escala y velocidad de la transformación en curso. Si esto es cierto para EE.UU. y Europa, es exponencialmente más cierto para el Caribe.
Bloomberg en su publicación documenta el pánico. Pero el pánico es un lujo de quienes producen las herramientas. Para quienes las consumimos sin participar en su diseño, el riesgo no es el pánico — es la naturalización de la dependencia.
La verdadera pregunta no es si los agentes de IA nos harán más productivos, sino: ¿productivos para quién, bajo qué términos, y con qué capacidad de negociación?
Entre centros de excelencia con NVIDIA, tierras raras que transformarán la economía, un puerto espacial para 2028, la expansión de la educación digital y los llamados a una IA responsable, el país acumula anuncios que lo posicionan en la danza del futuro tecnológico. Pero sin respuestas claras a esas preguntas — productivos para quién, bajo qué términos — esos anuncios corren el riesgo de convertirse en narrativa. Las respuestas pueden ayudar a establecer capacidades transversales que contribuyan al desarrollo humano, no solo al titular del día siguiente.
Reitero lo que he señalado anteriormente sobre el framework de Inteligencia Aumentada: la IA debe amplificar el talento humano, no sustituir la comprensión. La productividad sin soberanía cognitiva es simplemente velocidad al servicio de otros.
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