Esta semana, otorgaron el Premio  Nobel de   Medicina 2026,  al neurocientífico estadounidense  Karl Deisseroth, y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel, por descubrir la optogenética un método que permite controlar  mediante la luz  células nerviosas que inciden en los recuerdos, los sentimientos y los comportamientos.  Usaron para sus experimentos cerebros vivos de ratones.

Según los expertos, con esta técnica se sientan las bases de una  nueva era en la neurociencia; dado que  podrán redibujar y cartografiar  áreas y funciones del cerebro e intervenirlas, en el tiempo y en el espacio,   con extraordinaria precisión y rapidez, en milésimas de segundos.

El jurado que otorgó el Premio, y el también el psico neurólogo  colombiano  Orlando Cortes, quien trabajó con esta  revolucionaria  técnica en Alemania  junto a uno de los ganadores del Nobel, afirmaron que gracias a este descubrimiento se entenderá  con más claridad las causas de enfermedades neurológicas y psiquiátricas, como la esquizofrenia, depresión, las adicciones,   el párkinson, la propagación del cáncer o metástasis  entre  otras. Aunque un  trascendente   conocimiento como este suele requerir cerca de 20 años para salir de un laboratorio y  convertirse en un medicamento para mejorar la calidad de vida a seres  humanos; ya la industria farmoquímica esta muy cerca de   ofrecer  ese servicio a la humanidad.

Esta herramienta comenzó a desarrollarse a principios del presente siglo, tiene una larga historia intelectual detrás.

El investigador inglés,  Francis Crick, Premio Nobel de Medicina de 1962, compartido con otros investigadores  por los descubrimientos relacionados con los ácidos transmisores de la herencia, o ADN,  entendía que el cerebro era el órgano más complejo, y se interesó en la relación entre el cerebro y la consciencia. Se planteó que al  activar  ciertas neuronas sin tocar las demás era posible establecer esa relación, sin embargo, en aquella  época esa pretensión,   parecía cercana a la ciencia ficción.

Cuando estudiaba Psicología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en la década de los setenta, mi talentoso profesor de neurología, Dr. José Joaquin Puello, recién llegado de Inglaterra, llevó al aula un cerebro humano conservado. En él, identificaba grandes áreas cerebrales y las divisiones entre ellas, y sus alumnos, los seguíamos como quien observa un bosque y apenas distingue los caminos que separan los árboles. Nos explicaba que el cerebro estaba formado por unas 90 mil neuronas, las cuales eran muy pequeñas y se comunicaban una a la otra. En la actualidad, las investigaciones han establecido que el cerebro humano adulto lo forman cerca de 86 a 100 mil millones de neuronas  y una sola neurona puede conectarse con miles, a través de códigos electroquímicos.

Por ese tiempo, veía aplicar choques eléctricos parietales o cerca de las orejas   a enfermos mentales a los que dormían durante días, y así trataban de aliviarlos. Es decir, se sabía que ciertas áreas del cerebro afectan a determinadas funciones; y que el empleo de la corriente eléctrica era un procedimiento  importante en esos procesos mentales.   Ahora la optogenética ilumina este campo. Lo cierto es que en ciencia todo se relaciona. Lamento carecer de capacidad para explicar cómo ocurre.

Este descubrimiento, se benefició del Proyecto central de neurociencia lanzado por el presidente Barak Obama en 2013, con un aporte inicial de 100 millones de dólares con  el objetivo de entender cómo funcionan las neuronas cerebrales.

Antonio Damásio, por su parte,  neurocientífico portugués, profesor de la Universidad del Sur de California y autor del reputado texto,  El error de Descartes, logró superar el planteamiento de separación entre mente y cuerpo. ¡El dualismo! Comprobó que funciones mentales superiores propias del pensamiento, el lenguaje, y la personalidad están relacionados con circuitos neuronales, con sustancias químicas y factores bioeléctricas; tal y como lo optogenética.

Por tanto, este Premio Nobel de Medicina, confirma la vigencia de  lo dicho por el filósofo y premio Nobel de Literatura,  Beltrand Russell, en el sentido de que los científicos hacen posible lo imposible.

¡Debemos mantener la esperanza en la ciencia!.

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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