El presidente Trump es el mismo, pero con nuevas estrategias. La sorpresa y la inverosimilitud son sus armas más poderosas.
Utilizando los recursos comunicacionales más inteligentes como armas mortíferas, Trump mueve la atención de todas las naciones hacia él y nadie se escapa en la contienda.
En esta guerra sin cuartel no se escapan amigos ni enemigos. Los aliados, acostumbrados a la obediencia, al miedo, a la cooperación y la entrega sin condiciones, ahora desean construir, a la carrera, una identidad nacional y regional que nunca construyeron.
Bajo las condiciones de un yes incondicional, bajando la cabeza sin quejas y ni palabras, la sumisión tomó el camino más corto y fácil donde no existió el decoro necesario.
Lo único que está claro, es que las nuevas medidas arancelarias tomadas por el mandatario esta semana, involucran a casi todos los países del mundo. Nadie está seguro de cómo será el nuevo e ineludible reordenamiento mundial, que habrá de producirse; y que está en marcha.
La incertidumbre que generan los aranceles impuestos por Estados Unidos, va creando tensiones comerciales y cada país da su respuesta según su propia realidad.
Se está produciendo un riesgo palpable para el crecimiento económico de todos los países.
Wall Street ha cerrado con pérdidas en las últimas horas. De igual forma, las bolsas de valores a nivel mundial han caído, afectando la economía de los países.
Estamos ante la presencia de una nueva reconfiguración y de un orden multipolar desde el punto de vista comercial y, por derivación, político.
En este nuevo contexto, el cual regirá a la humanidad, lo único que puede ser previsible es que nadie sabe quienes serán los perdedores ni los ganadores.
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