Ya uno ni se asombra cuando Donald Trump nos azota con algún estrambótico trabucazo en las redes sociales sobre los más diversos temas, que van desde insultos a Bruce Springsteen ("ciruela seca" y cantante "malo y muy aburrido"), hasta amenazar a Irán con su destrucción total.

Pero confieso que me espanté cuando le entró a troche y moche al papa León XIV, a quien consideró "débil ante el crimen", "terrible para la política exterior", un "papa político" que siempre buscaba "complacer a la izquierda radical", publicando luego una imagen generada por IA, posteriormente borrada, que lo presentaba blasfemamente cual si fuese Jesús, culminando finalmente con otra imagen en la que es abrazado por el Hijo de Dios.

Recordé a Stefan Zweig cuando describe el colapso mental de Nietzsche: "’Ya no soy un hombre, soy dinamita'. 'Soy un pasaje de la historia universal que divide en dos toda la historia de la humanidad', grita en un acceso de hybris, en medio de un atroz silencio".

"Del mismo modo que Napoleón ante Moscú ardiendo, con el invierno frente a él, el infinito invierno de Rusia, y a su alrededor los restos miserables de aquel gran ejército, lanza aún las proclamas y alocuciones más amenazadoras y grandiosas (grandiosas hasta rozar el ridículo), Nietzsche, ante el Kremlin en llamas que es su cerebro, compone, con los restos de sus pensamientos, libelos terribles. Ordena al emperador de Alemania que venga a Roma para ser fusilado; invita a las potencias europeas a una acción militar contra Alemania, a la que quisiera ver encerrada en una camisa de hierro".

"Nunca un furor tan apocalíptico se ha debatido tan en el vacío; nunca una hybris más magnífica ha elevado a un espíritu tan lejos de las cosas terrestres. Sus palabras suenan como martillazos dados contra el edificio mundial; pide que el calendario sea modificado y cuente, no desde el nacimiento de Cristo, sino desde la aparición del Anticristo; coloca su imagen encima de las más altas figuras de todos los tiempos; el delirio mental de Nietzsche es más grandioso que el de los demás enfermos del espíritu".

Como diría esa gran psicoanalista, Celia Cruz, lo de Trump es mental: una megalomanía y egocentrismo que nos recuerda a Calígula y Nerón. Y en la que, lamentablemente, no hay método. Como católico, creo que de esto solo Dios podrá salvarnos, pues, como dice Shiping Tang, uno de los más distinguidos académicos chinos de las relaciones internacionales, "¡por primera vez en mi vida, creo que el mundo se está encaminando hacia una catástrofe épica!"

Aunque el papa no sea un político ni el catolicismo una religión de Estado, nada político le es ajeno a la Iglesia católica, como pretende, con fe de recién converso, J. D. Vance. Y es que, como señala Juan Pablo II, "la verdadera santidad no significa huir del mundo, sino más bien esforzarse por encarnar el Evangelio" en todos los ámbitos, incluso "en la participación social y política".

Ahora tan solo podemos, siguiendo a León XIV, orar, pues "la oración nos educa para actuar", para que "el Santo Nombre de Dios —el Dios de la vida—" no sea "arrastrado en discursos de muerte" y para que podamos construir juntos un mundo de paz.

Eduardo Jorge Prats

Abogado constitucionalista

Licenciado en Derecho, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM, 1987), Master en Relaciones Internacionales, New School for Social Research (1991). Profesor de Derecho Constitucional PUCMM. Director de la Maestría en Derecho Constitucional PUCMM / Castilla La Mancha. Director General de la firma Jorge Prats Abogados & Consultores. Presidente del Instituto Dominicano de Derecho Constitucional.

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