"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad". —Víctor Hugo—.
Eduardo Familia Fransua (Kikilo) es el vivo retrato de una marca sociopolítica instaurada en el seno de una familia partidaria, que heredó, aunque sean otros los usufructuarios, el sabor amargo de las luchas interminables por el control de un estamento nacido de la indignación, la segregación, la impotencia y el abuso de poder. Símbolo que representa un liderazgo local con matices nacionales que guardan una estrecha relación con el origen de un partido cuyo espejo, aunque entre cortinas, es la mancha indeleble que deja a su paso: una cocina apagada, un padre desesperanzado, un niño hambriento y una madre angustiada.
El hoy alcalde de "Villa Hermosa", contradicción lingüística con la realidad estructural de la localidad, expresa sin temor que, a pesar de sus orígenes, como el de la mayoría numérica de sus compañeros de partido, es valorado desde lo humano por una familia de aquilatado poder político y económico, que vio en él condiciones únicas para ser lo que es. Kikilo no es la excepción. Es solo la continuidad coherente del accionar de un líder que heredó a su hija el amor sin poses a los más débiles y la defensa categórica de los principios que le adornan.
Su grito no es desesperado como el de Carlos Cuauhtémoc Sánchez; es una alerta que pone en relieve la opacidad reflexiva de sus iguales frente a la posibilidad de repetir errores de un pasado reciente. Pasado que acecha y que, por las variables dependientes del ahora, podría producir otro éxodo, no desde adentro hacia fuera, sino desde adentro a la aniquilación de lo que somos como grupo representativo en la esfera política interna. Y, por descontado, la pérdida total de una identidad construida con el sacrificio y el sudor de la gente.
Gente que, por obligación y por principios históricos, debe ser el centro del accionar de todo hombre o mujer inspirado en el legado de José Francisco Peña Gómez. Características necesarias en el interés de representar, desde cualquier espacio, con cercanía, empatía y compromiso, sello del "peñagomismo puro" frente a la arrogancia de políticos que ven en la base la alfombra donde estrujar su megalomanía, pero se esconden en artilugios estratégicos para evitar a toda costa el aroma desprendido por el pueblo que los hace grandes y poderosos.
Esa es la simiente de una realidad que quiere ser alterada por quienes odian lo que somos desde nuestros espacios vitales, pero buscan encontrar en nuestra sana intención de continuidad el beneficio directo del sufragio sin mojarse las nalgas en las aguas turbias de nuestra realidad material. Posponiendo, con aviesa intención, el abordaje temático de las garantías dirigenciales como soporte genuino de la sostenibilidad de la marca y la interacción del poder con el conjunto de la misma.
El presente puede ser un soporífero extenuante para la concreción de proyectos ajenos a la voluntad interna, refugiados en mecanismos distractores para evitar lo que a leguas ya se ve: una gran debilidad para expresar, por medio de las ideas, un enunciado sólido sobre su visión de nación. El futuro… descansa en el trabajo y la valentía de dirigentes que, como Kikilo, apuestan por liderazgos genuinos y humanistas que ven en cada contacto con la gente sus necesidades y que busquen, a través del poder, mejorar cada espacio donde nacen los sueños de cada dominicano, ya que "primero la gente".
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