Con Gaza en el corazón. No a la guerra.

Ese pensamiento recurrente que mortifica y doblega es una realidad interna para muchas personas que sufren una enfermedad mental. El dolor psíquico es capaz de aislarlas y doblegarlas, llevándolas, en los casos más trágicos, a desear la autodestrucción.

El sufrimiento psíquico que padecen los enfermos mentales no debe ser banalizado: es corrosivo y a la vez expansivo, afecta todo lo que está cerca. Es una experiencia tan íntima, silenciosa en las fases iniciales, indetectable e incomprensible, y que logra llevar a lugares oscuros, hasta extremos en que llega a robarles a los pacientes el deseo de vivir.

Es un drama vital y un fracaso social cuando no existen mecanismos de cobertura sanitaria adecuados ni lugares de protección con equipos profesionales.

Por desgracia, no existen soluciones mágicas ni fórmulas universales; cada caso es único y requiere un abordaje profesional y, la mayoría de las veces, de varias áreas de conocimiento. Por eso los denominados equipos multidisciplinares son visiones diferentes que van a tener la capacidad de abordar y trabajar en la solución de un mismo sufrimiento.

La primera y más difícil etapa es tomar conciencia de la enfermedad: es un proceso de aprendizaje del paciente y el profesional. En este duro proceso, lo fundamental será un diagnóstico adecuado; es la clave para poder trabajar en la recuperación del autocontrol de la vida, que es la libertad mental.

Sin embargo, existen muchos estigmas y distracciones en torno a la salud mental que, por lo regular, tienden a invisibilizarla. Las enfermedades mentales no son marcas, no son estigmas, no deberían generar rechazo, marginalidad ni exclusión, como si de algo contagioso se tratase. Todas estas situaciones prolongan el dolor, dejan que la situación se cronifique y destruyen familias, las arruinan literalmente. Por eso los estados deben velar por la protección de este perfil de enfermos.

Es fundamental entender que la enfermedad mental es una condición médica. Igual que la hipertensión o la diabetes, requiere valoración y tratamiento por parte de médicos especializados, no juicios o etiquetas. La enfermedad mental no es una debilidad ni una falta de voluntad; es algo que el paciente no puede controlar y que causa un sufrimiento incomprendido y difícil de medir.

El dolor psíquico también afecta a quienes rodean al enfermo: padres, hijos, parejas, quienes, muchas veces, también experimentan su propio sufrimiento al ver a un ser querido atrapado en una introspección paralizante. La persona afectada suele estar tan dominada por el dolor y el aislamiento que no es capaz de comprender lo que le sucede; simplemente sufre.

La mente crea un diálogo interno que atrapa, aísla e inhabilita. Esta disfunción la hace muy vulnerable al consumo de tóxicos para aliviar el dolor, o a ser víctima de maltrato, o también a maltratar, porque su mente está enferma.

Las personas con una condición o enfermedad mental tienen muchas dificultades en sus relaciones y, en general, el mundo externo es parte de una amenaza; sus percepciones también están distorsionadas y su relación con lo externo está enferma.

Aliviar el sufrimiento psíquico es devolver la identidad y la libertad a una persona. Es el dolor invisible e intangible, y por ello más difícil de identificar y tratar porque no se ve.

Este sufrimiento eleva al ser humano, dado que solo él padece la enfermedad mental como tal.

El lugar donde uno nace marca su pronóstico. Si las sociedades están más informadas y sensibilizadas hacia estos problemas, y existe acceso a servicios públicos de calidad, será más fácil la recuperación.

El cerebro, el órgano rector, es capaz de coordinar los movimientos del cuerpo, de controlar los pensamientos y las percepciones. Y dentro de sus múltiples capacidades, cuando se enferma, es capaz de distorsionar la realidad, de hacer que necesites calmar la angustia y los miedos irracionales, y como consecuencia, padecer un sufrimiento interno tan insoportable como es el dolor psíquico.

No a las etiquetas, no a los prejuicios. Por favor, miremos de frente el grave problema que son las enfermedades mentales, por una dignificación verdadera, con menos promesas futuras que nunca se concretan.

Clara Melanie Zaglul Zaiter

Doctora en Psiquiatría

Resido en Madrid de forma permanente desde 1999. Actualmente trabajo como Médica en la Consejería de Asuntos Sociales y Familia (COMUNIDAD AUTONOMA DE MADRID). Formada como Médica en UNIBE promoción 1996. Doctorada en Psiquiatría por la Universidad Complutense de Madrid 2001. Alumna del Doctor Juan José López Ibor y Juan Coullaut Jáuregui. Desde la Psiquiatría paso al estudio de la Demencia y el Deterioro Cognitivo Precoz. Experiencia profesional en el área de Demencias sector asistencial en grandes dependiente para las actividades básicas de la vida diaria por más de 20 años.

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