En estas primeras mañanas de 2026, dedico por completo la tinta azul de mi pluma a mi ilustre vecino, el doctor Ernst Noël. Como director del Centro Nacional de Transfusión Sanguínea, este hombre se posiciona como actor estratégico, ligado a las más altas responsabilidades por los dramáticos desafíos sanitarios y médicos de nuestro tiempo. Desde el amanecer del 31 de diciembre de 2025, este vecino ejemplar ocupaba las primeras páginas de mi último cuaderno de notas del año, personificando en su figura a nuestro director del Programa Nacional de Seguridad Transfusional y a todos los profesionales de la salud pública. Después llegó el espanto de la noche. Como una plaga previsible, el terrorífico concierto de los disparos estalló y tronó durante demasiados minutos alrededor de mi zona, entre las once y cincuenta y cinco y la medianoche y quince, sumiéndome en una profunda reflexión sobre nuestras miserables nuevas realidades.
Inmediatamente después del doctor Noël, se impuso en mi mente la figura del doctor Hary Jeudy, otro servidor de esta humanidad doliente. Una noche, hacia las diez, el decano de la Facultad de Medicina y Farmacia (FMP) telefoneó al doctor Jeudy, jefe del Servicio de Cirugía del Hospital General, para invitarlo a la histórica entrega de la biblioteca del doctor Julien J. Supplice por parte de su familia, en el auditorio de la FMP. El médico confesó más tarde su angustia: «Cuando vi el número del decano en la pantalla a las diez de la noche, solo pensé en una urgencia quirúrgica, en una emergencia por heridas de bala».
Ya en 2020 la labor era inmensa. En julio de 2021, el doctor Ernst Noël nos maravillaba una vez más al repasar la heroica historia de la transfusión sanguínea en Haití en las páginas de la revista Info-Chir (número 35). Nuestro primer banco de sangre se inauguró el 12 de junio de 1951. El periódico Le Nouvelliste, en su edición del 6 de julio de 1951, dedicaba un reportaje al acontecimiento bajo el titular: «EL BANCO DE SANGRE, lanzado hacia su futuro».
Este retorno a las fuentes de la esperanza me devuelve brutalmente a la realidad de nuestro siglo. Desde mediados de diciembre de 2024 hasta los últimos días de la primavera de 2025, recogía cada mañana en mi patio al menos un fragmento de proyectil de largo alcance. Entre estas balas perdidas que llueven del cielo, las fisuras invisibles de nuestra salud mental, la lacra del alcoholismo, la furia mortal de las carreteras y los estragos silenciosos de la hipertensión y la diabetes, el año 2026 se nos impone como el de una redención obligatoria, una redefinición profunda de nuestra conciencia ante la vida y la enfermedad.
Sin embargo, al escribir las palabras al amanecer del primero de enero, ignoraba todavía que el verano de este mismo año me arrojaría a la hoguera de un proyecto titánico: la escritura de un libro dedicado a nuestra historia médica, construido codo con codo junto a médicos convertidos en hermanos de armas. En esta aventura del espíritu, mi ilustre vecino, el doctor Ernst Noël, conserva un lugar sagrado. Los ciclos del tiempo no mienten: hace ya un cuarto de siglo que nuestros destinos se cruzaron por primera vez bajo las solemnes bóvedas del Ministerio de Salud, en el corazón del emblemático Palacio de los Ministerios.
Este hombre de ciencia es también novelista. Publicada bajo el sello de Pro Éditions en mayo de 2021, Du rouge sur des gants blancs (Rojo sobre guantes blancos) sigue siendo su segunda obra maestra. Médico y pedagogo infatigable, el doctor Noël disecciona en ella, con el bisturí del novelista, la sociedad haitiana posterior a la caída de los Duvalier. Pinta allí una patria exangüe, aterrorizada, entregada a la psicosis de una libertad naciente donde los sindicatos y el libre pensamiento eran todavía perseguidos como delitos. Como recogía Le Nouvelliste el 22 de junio de 2022, la obra resume aquella época de plomo en una fórmula terrible: «Era rojo cualquiera que osara pensar de otro modo o crear algo nuevo».
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