La identidad, elemento incitador de la masacre

La identidad es un elemento incitador de la masacre de 1937. En un tono peyorativo y violento los personajes dominicanos, en su mayoría militares, esgrimen contra los haitianos la raza, la cultura, la lengua, la moral, etc.

En diferentes pasajes de la novela de Freddy Prestol Castillo. se repiten los tópicos de la raza y la lengua en pleno “corte” como elementos distintivos de los haitianos en relación con los dominicanos. En Dajabón, en la frontera el haitiano es : “un labio grueso” y “una articulación de sonidos ambiguos” del español.

“Ahora no hay peones haitianos. El haitiano desapareció desde que el capitán Ventarrón inició El Corte". "¡El Cortel" ¡Qué temblor y pavura vi en más de un labio grueso, afro-español, y en más de un labio grueso, afro-español y en más de una articulación de sonidos ambiguos, pugnando por hablar claro el español, para demostrar que era dominicano quien hablaba!”(p.27).

A esos elementos raciales que distinguen al haitiano del dominicano,  se agregan los de índole moral: el dominicano es víctima del haitiano ladrón, sucio, haragán, gente peligrosa, diabólica.

El Sargento acusa al padre Marcene, que lava en río Masacre acompañada de su perro “sarnoso”, que su padre es ladrón de ganado.

Marcene. haitiana. Escapada del "Corte". Lava en el Masacre. el río internacional pequeñito. Junto a Marcene. Está. sarnoso. el perro "Pítí". Perro haitiano. corredor. fugitivo. leve como la hoja seca del "chacha".

Marcene no ha sabido nada de sus padres. desde la fuga. El Sargento. desde el fortín. le dijo que su papá era un ladrón de ganado. Marcene, haitiana, no contesta.”(p.30).

El propietario de las “mejores tierra”, Juanico, ahora se hallaba en la ruina por la extinción de su ganado. Una causa eran las guerras, las “revoluciones”; otra, “era el robo de los haitianos”.

“Los tiempos habían cambiado para Juanico. Había desaparecido el ganado; de una parte, por las guerras, las "revoluciones", que mataban reses y hombres. Otra causa de extinción del ganado era el robo de los haitianos. Decía Juanico hallarse en la miseria, pero era simple traza campesina. Propietario de las mejores tierras desde "La Carbonera", "Joussard", "Doña María", "Santiago de la Cruz" hasta "Partido" y "Vaca Gorda", término de su gran hato rustico, donde jamás había sembrado una mata de hierba.

El propietario Juanico va adonde el general y acusa a  “eto "mañese" (los haitianos)” de no solo robarle el ganado sino de acabarlo diezmándole los productos agrícolas . No le paraba una salea ni una becerra: “ no quedó un rabo e yuca” …y pa mí tengo, que los haitianos trabajan con el Diablo!…”

Ahora andaba con un gran reloj, "líontína" y una gran cadena de oro en el bolsillo; su "cachimbo", un roto sombrero de alas enormes y un "sable de cabo", terciado.

-Yo tengo que jablay con ei Generai… eto "mañese" (los haitianos) me han acabaol… Ya no me para una "salea" ni una becerra… No tengo una res… y de ante, no podía caminai por la sabana… poique antonce no era rná que una mancha prieta de ganao…  Ah! "mañeses" del Diablo!… Anteanoche estubién aquí, y no quedó un rabo e yuca pa los probe negros jijo mío… y pa mí tengo, que los haitianos trabajan con el Diablo!… Caminan con la noche como de díal…

En este extenso fragmento, que describe el acto de la matanza, se percibe un conjunto de apreciaciones peyorativas sobre las víctimas: “matá pronto!… maldito mañé!”, “¡Cállate, negro el diablo! …”; “!… Pa acabá con estos negros, con esta , que se han cojío la tierra de los dominicanos! Palante!”.Por otro lado, el reclamo de la identidad dominicana por parte de los haitianos: “Yo dominiquénl…”.

“ La sabana es inmensa. La “cedula” —un documento de identificación exigido por las leyes de Santo Domingo— sería el pretexto. Iban los soldados bajo el pretexto de la búsqueda de infractores a la ley que obligaba a portar el documento identitario y arreaban grandes masas de haitianos hacia los llanos lejanos. Lejos de las aldeas podrán realizar más ampliamente el festín homicida. Los haitianos iban mansos, en filas largas. Viejos, como Tamí, el limosnero; jóvenes y muchachas de carnes duras y fuerte grajo. Colores varios en las rústicas vestimentas.

Por su parte, los soldados tragaban ron repetidamente.

-Muchachos… romo! …romo! que vamo a trabajai, decía el Sargento, mientras saludaba militarmente a los soldados, casi sin levantar el rostro. Todos bebían.

Los negros iban a cumplir una sentencia de muerte, sin protesta. Sabían que toda clemencia era imposible.

Gritos de horror callados por la trágica muerte. Espanto, estertores. I silencio. I otra vez los gritos de los otros a quienes les llegaba el turno. Uno grita:

-No matá a mí… Yo dominiquénl…

-No matá… tomá cuátt (ofrecía dinero).

Gritaba un soldado, ebrio, endemoniado:

-Levanta el brazo… matá pronto!… maldito mañé!

-¡Ah, bon dieu !. … y caía.

Los puñales continuaban la siega, como en una vasta era. Los segadores eranmozos del campo que antes de soldados habían aprendido en sus aldeas a destripar verracos. Toda esa arte surgía ahora, trágica, implacable.

Uno gritaba:

-¡No mata, Pié… no me matá!…

-¡Cállate, negro el diablo! …

Y.… seguía la música sorda de los puñales bajo sol, mientras huían, asustadas, las abejas de los apiarios.

Sol de las diez, bravo, urente, sol de la Línea Noroeste, mientras sucumbe todo un pueblo, que cae como las espigas de un inmenso maizal.

-Muchachos! Palante!… Pa acabá con estos negros, con esta , que se han cojío la tierra de los dominicanos! Palante!

El Sargento gritaba. Dentro de su embriaguez, en el momento del sacrificio de los negros de Haití, inexplicablemente venía a su mente algo que surgía del subconsciente: estos negros, son bueno… ¡Pero son ladrone! ¡Deben morir!

I así fue la vendimia roja. I como la quería el Capitán, como la quería el amo del Capitán y de todos: el amo de la República Dominicana.

–Carajo! decía un sargento de Mao –ojos de fiera, modales burdos, pelambre rala,

Carajoooo!… voy a recoidai mi tiempo, cuando ei Generai asaitó la Foitaleza de Santiago… que peleamo jata con lo diente!… Látima que eto maidito no pelean!… ¡Pero lo que voy a hacé con eta  “cotorrita”… Tendrán que nombraime”General!” (pp. 32-33).

La paradoja, soy dominicano, no soy haitiano y viceversa

Se ha observado, la identidad es un concepto que encierra dos partes, dos mitades. Por un lado: la unidad, la afinidad, la analogía; por otro: la diferencia, la distinción, la desigualdad.  Se apoya en la retórica de la paradoja:  encierra una contradicción. Afirma y niega lo que es: soy esto y no soy aquello.

Sergio Valdés Bernal(1998) define la identidad cultural cubana en estos términos: unidad y diferencia.

Según ese autor, el español es la lengua común de todos los países hispanohablantes, pero no garantiza una cultura común. Pues, dejan de ser iguales los factores geográficos, político y económicos(e históricos, agregó yo).

“Por eso podemos hablar de una identidad cultural, puesto que, si bien los latinoamericanos poseemos un componente hispánico en la cultura común a todos nosotros, esta no es absolutamente idéntica en cada uno de nuestros respectivos países por motivos de índole diversa.”

Por tanto, los cubanos tienen una identidad propia porque siendo de habla hispana, son diferentes a los demás países hispanohablantes por otros muy distintos factores. Así, la identidad es un constructo formado por sinónimos(igualdad) y por antónimos (diferencias).

La lengua y el sujeto

Sin embargo, esa es la verdad y el sofisma, la gran paradoja. Todo eso es cierto, ¿pero, son del mismo nivel todos los factores que integran una cultura?

Como factor identitario, ¿es la lengua comparable a la política, la geografía, la economía, la religión?

Me parece que no. Es la lengua la que manda y la subjetividad de las personas en el universo de la cultura de su lengua. Cada uno es lo que considere ser . “Es ego quien dice ego”, dice Emile Benveniste . Y así los pueblos y los conglomerados humanos.

¿De qué política, geografía y economía pueden hablarles a los cubanos hoy de la Habana y Miami?  Indistintamente donde vivan, unos se consideran culturalmente cubanos, otro no.

La identidad como ideología

La identidad no puede tratarse solo desde la perspectiva del campo de batalla: los amigos contra los enemigos y al ataque… En contra de eso, hay múltiples factores medianeros.

La identidad implica solidaridad,  convivencia, historia común de vida y lucha, experiencias y valores humanos. Las emociones y los sueños de cada individuo y de los pueblos juegan un rol fundamental.

A no ser que se haga de la identidad un esencialismo y por vía de consecuencia una ideología. Y aquí surge la figura que permite a Teun van Dij(1999) definir lo que es una ideología:  Nosotros contra Ellos. Ellos contra Nosotros .

La identidad y la ideología entre los dominicanos y los haitianos

En el tema dominico-haitiano la identidad se distingue por la búsqueda de definición y diferenciación del pueblo dominicano frente y contra al pueblo haitiano y viceversa. Operan los criterios de origen o procedencia, raza,  cultura, lengua, religión, música, baile, costumbres, modo de vida, etc.

En esa relación de factores no está ausente la ideología, pues,  es el factor dominante: Nosotros contra Ellos. Y eso se oye desde ambas riberas del río Masacre.

A excepción de la lengua, el factor capital, la identidad de los dos pueblos comparte significativos elementos comunes que mutuamente se niegan.

Julia Álvarez en su obra Una boda en Haití(2012) sitúa el problema de la identidad entre los haitianos y los dominicana a partir de una experiencia de su infancia:

“Cuando yo no quería irme a dormir, me decían que el hombre del saco haitiano –el Cuco- vendría por mí y a comerse a los niñitos dominicanos”, dijo Álvarez. “Tú crías a un niño con este tipo de historias en su cabeza, y subliminalmente está aterrado, porque eso cala muy hondo” Acento.com, 29/09/201).

Desde la infancia muchos dominicanos tenemos en la memoria las miradas del haitiano ladrón de niños y criminal.  En el sur del país los padres salían corriendo para proteger a sus pequeños desde había haitianos rondando en los alrededores de los hogares.

Estas otras miradas del haitiano sucio,  traidor, sinónimo de maldad son comunes entre los domin9icanos. Mi madre, Rita Moquete, no quería saber de trabajadora doméstica de nacionalidad haitiana. Cuando sus hijos la contratábamos no la aceptaba. Si se la imponíamos, su rechazo la llevaba a no comer la comida que ella cocinaba y la vigilaba en todo momento. Al poco tiempo decía: “A esa señora la tengo que botar, que el que brega con haitianos brega dos veces.”

Y, sin embargo, mi madre era un alma de Dios, una bella persona. Pero como Julia Álvarez y como yo, y la mayoría de los dominicanos, se educó con la idea de que los haitianos son malos.

Trabajos críticos

Los trabajos críticos han dado mucha importancia al discurso sobre la identidad, sobro todo al aspecto lingüístico. La palabra perejil es la marca más notable de la discriminación, usada sobre todo en las novelas de los autores haitianos, pero también, corriente entre los dominicanos con respecto a los haitianos.

En ese sentido, quiero destacar el trabajo de Aurea María Sotomayor-Miletti,(2011) “Pronunciar “perejil” en el río Masacre”, quien afirma:

“Perejil” es la palabra cuyo valor social, al ser emitida, equivale a sobrevivir o a morir dependiendo de cómo se pronuncie bajo un estado de terror donde el intercambio lingüístico entre haitianos y dominicanos, además de la mutua influencia entre español y creole, va impactando paulatinamente la “pureza” lingüística del español que el estado dominicano desea imponer como lengua única y legítima para consolidarse.” (p.186)

También, en la tesis doctoral intitulada La narrativa y el discurso sobre la identidad nacional dominicana de Hayden Carrón Namnún (‎2009) para quien el discurso de la identidad fue un arma utilizada por Trujillo para formar y animar las bandas asesinas, se expone:

El Masacre se pasa a pie es una novela-testimonio que trata sobre uno de los períodos más oscuros de la dictadura de Trujillo: el asesinato de entre doce y veinte mil haitianos en la franja fronteriza y en la región Cibao en el año 1937. Con el propósito de “blanquear” la frontera e impedir la “invasión” de los negros haitianos (que generalmente eran requeridos para trabajar en los ingenios azucareros), el régimen dispuso la puesta en libertad de presos con crímenes de sangre y reclutó entre las aldeas un gran número de “reservistas” que, armados y dirigidos por militares, formaron sobre la identidad dominicana bandas cuyo único objetivo era asesinar a la mayor cantidad de haitianos que encontraran a su paso. (p.260)

Numerosos autores estudian, desde diversas perspectivas, el discurso de la identidad como uno de los elementos fundamentales del ser dominicano: Dipp, H. T. (1992), Raza e historia en Santo Domingo: los orígenes del prejuicio racial en América; Arturo Jimenes Sabater,  El otro del nosotros: Informe de investigación acerca del prejuicio anti haitiano en la ciudad de Santiago, de la República Dominicana; un aporte a la comprensión y al acercamiento de dos pueblos; Deive, C. E. (1992), Vodú y magia en Santo Domingo; Deive, C. E. (2013), ¿Y tú abuela dónde está? El negro en la historia y cultura dominicanas; Persinal, C. A. (2010), Encuentros y desencuentros de la cultura dominicana; Franco, F. J. (1997), Sobre racismo y antihaitianismo y otros ensayos; Rosario Fernández, Reina (2016), Raíces de la identidad dominicana.

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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