El pasado fin de semana, dos turistas franceses fallecieron en un accidente de tránsito ocurrido en la comunidad El Catey, en la provincia de Samaná. De igual manera, en el mes de marzo, dos turistas canadienses perdieron la vida en un accidente en la zona turística de La Romana.

En febrero del pasado año, un total de 13 ciudadanos chilenos resultaron heridos tras el siniestro vial ocurrido en el Boulevard Turístico del Este.

Estas muertes se suman a los cientos de accidentes de tránsito que ocurren cada año en nuestras carreteras y que involucran a turistas.

Más allá de la tragedia humana que representan estos hechos, existe un impacto menos visible, pero igualmente preocupante, y es el daño que provocan a la imagen internacional del destino.

Quien visita nuestro país por primera vez suele quedar impresionado por la belleza de nuestros paisajes. Pero basta con recorrer algunas de nuestras carreteras, o intentar desplazarse por la ciudad de Santo Domingo, para descubrir una realidad que muchas veces queremos esconder. Lo que para muchos dominicanos se ha convertido en una rutina diaria, para numerosos turistas representa una experiencia estresante, peligrosa y difícil de comprender.

No es casualidad que nuestro país figure entre los países con mayores índices de mortalidad por accidentes de tránsito en el mundo. Tampoco es casualidad que cada vez sean más frecuentes los accidentes que involucran a visitantes en las principales rutas de acceso a nuestros polos turísticos.

Sabemos que, en estos tiempos, a través de las redes sociales y las plataformas digitales de viajes, las experiencias negativas se difunden con rapidez. Un turista que se siente inseguro al desplazarse por las carreteras de un país no solo disminuye sus deseos de regresar, sino que además influye en las decisiones de cientos de potenciales viajeros.

Particularmente preocupante es el efecto que esta situación tiene sobre un segmento de alto valor para la industria turística: los viajeros independientes que acostumbran a alquilar vehículos para recorrer destinos, descubrir comunidades locales y consumir productos turísticos fuera de los circuitos tradicionales.

Muchos de estos visitantes descartan conducir en nuestro país después de leer los comentarios, ver vídeos o escuchar testimonios sobre el comportamiento agresivo de los conductores dominicanos, el incumplimiento de las normas de tránsito, la falta de señalización adecuada y la presencia masiva de motocicletas circulando en condiciones de evidente riesgo.

El fenómeno de los motoristas merece mención especial. Aunque constituyen un componente fundamental de la movilidad nacional, la ausencia de control efectivo sobre estos genera situaciones de alto peligro, tanto para residentes como para visitantes. La circulación descontrolada en todas las vías (incluyendo túneles y elevados), las violaciones constantes a las señales de tránsito, los desplazamientos en dirección contraria y el escaso uso de equipos de protección (cascos) forman parte de una realidad que sorprende y asusta a cualquier extranjero.

La situación ya no se limita al gran Santo Domingo. Punta Cana, principal destino turístico del país, comienza a experimentar síntomas preocupantes de congestión vehicular. Los tapones, que hasta hace pocos años parecían exclusivos de la capital, se han convertido en una realidad cotidiana para residentes, trabajadores y turistas.

El crecimiento acelerado del destino, la expansión inmobiliaria, el aumento del parque vehicular y la falta de una planificación integral de movilidad amenazan con reproducir en la región Este los mismos problemas que hoy afectan a la capital.

Resulta contradictorio que, mientras el país invierte millones de dólares en promoción internacional para atraer visitantes, se preste tan poca atención a uno de los aspectos que más impacta la experiencia turística: la movilidad.

Si aspiramos a consolidarnos como líder turístico regional durante las próximas décadas, el tránsito debe convertirse en una prioridad nacional.

La solución requiere una combinación de medidas estructurales y acciones inmediatas.

Es indispensable fortalecer la educación vial desde las escuelas, desarrollar campañas permanentes de concienciación en televisión, radio y plataformas digitales, mejorar significativamente la señalización turística y vial, incrementar la fiscalización efectiva de las infracciones y profesionalizar el transporte turístico.

Asimismo, resulta urgente acelerar los proyectos de infraestructura vial en los principales polos turísticos y desarrollar planes integrales de movilidad para destinos como Punta Cana, antes de que el problema alcance niveles inmanejables.

Nuestro país ha demostrado que puede liderar el Caribe en crecimiento turístico. Ahora debe demostrar que también puede liderar en seguridad vial. Porque un destino donde el visitante teme conducir es un destino que pierde competitividad. Y porque ninguna estrategia de promoción internacional puede compensar el daño que provoca una carretera insegura o un tránsito fuera de control.

La verdadera experiencia turística comienza mucho antes de llegar a la playa. Empieza en el trayecto. Y hoy, ese trayecto se está convirtiendo en una de nuestras mayores debilidades.

Magaly Toribio

Mercadóloga y Hotelera

Magaly Toribio, Hotelera y mercadóloga por convicción, politóloga para intentar entender el mundo, amante de las palabras y la buena lectura. Ex- viceministra de turismo, reconocida en múltiples ocasiones por los principales gremios del sector turístico nacional e internacional. Experta en marketing turístico y gestión sostenible de destinos turísticos. Investigadora, académica y consultora privada de empresas, universidades y destinos turísticos. Presidente de la empresa TARGET Consultores de Mercadeo y creadora de la primera empresa del país suplidora de soluciones de movilidad para turistas con discapacidad, Scooters DR.

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