A la memoria de Juan Manuel, con cariño

Cuando supe que era cierto quedé estremecido, como abatido por un espectro que te sustrae el ímpetu. El corazón de Juan Manuel se había detenido. Mientras secaba mis ojos con las manos, en ese absurdo y común intento humano por disimular el llanto, lo recordé en las innúmeras facetas de su extraordinaria vida. Y mientras pasan las horas y los días, ahora que sé que no le abrazaré más, porque nuestro caminar por la tierra es fugaz y perecedero, trato de pensar en lo que seremos nosotros sin él.

Quizás por eso no sale de mi mente la melodía de Horacio Guarany que Mercedes Sosa me enseñó a amar: “si se calla el cantor, calla la vida / porque la vida, la vida misma, es todo un canto. / Si se calla el cantor, muere de espanto /la esperanza, la luz y la alegría”. Pienso que ocurre lo propio con nuestros maestros, que, como los cantores, están llamados a ser auténticas voces de nuestra conciencia y origen del pensamiento crítico en nuestras vidas.

Hace muchos años Facundo Cabral decía que el cantor no es simplemente el que puede cantar, sino el que “debe hacerlo”. Juan Manuel Guerrero reflejaba eso en la enseñanza del Derecho, era profesor porque debía serlo, porque era parte intrínseca de sí mismo. Las ideas brotaban de sus labios con inusitada fluidez, como quien lee un teleprónter, como si fuese inagotable el catálogo de temas que podría tratar. Y a eso se unía la jovialidad que le caracterizaba -tan resaltada por todos en días recientes- y que le permitía abordar con una sonrisa la más dura crítica a una institución social o jurídica.

Ahora que su presencia no nos acompaña -aunque sus ideas le sobrevivirán por mucho- es importante que quienes aprendimos de él acometamos la sagrada tarea: que no calle el maestro. Que su compromiso con el Derecho público y la buena administración sean también para nosotros un reto en las aulas, un desafío en la continua construcción doctrinal y una meta constante en el diálogo académico. Guarany rogaba, en la penúltima estrofa de su himno, “que no calle el cantor, porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime (…)”. A nosotros, los discípulos de Juan Manuel Guerrero de Jesús, nos queda la responsabilidad de evitar a toda costa ese silencio.

Como ocurre con todos, también el corazón de los maestros parece detenerse. En la PUCMM lo sufrimos hace un tiempo ya, cuando en el borroso junio de 2023 ocurrió tan triste evento con Juan Alfredo Biaggi Lama, maestro de muchos, amigo de todos y mentor de quien escribe. Ahora nos alcanza la desdicha en la piel de Juan Manuel Guerrero, quien en las aulas encarnó a un auténtico quijote y a un verdadero sembrador. Pero cuando el corazón de los maestros parece detenerse, por sus enseñanzas late en el pecho de sus discípulos.

No todos los docentes pueden ser llamados maestros. Juan Manuel Guerrero, sin embargo, merecía ese título con creces. Que estos momentos de congoja y aflicción tan rudos e inesperados sean también ocasión de un compromiso genuino en la más joven generación de la academia jurídica dominicana por continuar e incrementar los esfuerzos de nuestros predecesores. Que no calle el cantor. Que no deje de latir el corazón del maestro.

Pedro Luis Montilla Castillo

Docente de Derecho Público

Abogado especialista en Derecho Constitucional y Administrativo. Docente de Derecho Público en PUCMM, UNPHU y ENJ.

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