El desarrollo suele definirse en función del crecimiento económico y el aumento del Producto Interno Bruto de un país. Sin embargo, esta visión a menudo pasa por alto que toda prosperidad, tanto material como inmaterial, descansa sobre un fundamento esencial que rara vez se contabiliza adecuadamente: la naturaleza.

El capital natural, en esencia, es el conjunto de recursos y servicios que la naturaleza proporciona (renovables y no renovables) y que sustentan la vida y la economía. Esto incluye los bosques, ríos, mares, suelos fértiles y la variedad de plantas y animales. A través de estos sistemas, la naturaleza nos provee de bienes esenciales como el agua potable, alimentos, madera y medicinas, además de beneficios como clima estable, aire limpio y suelos saludables para la agricultura.

De hecho, más de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) mundial depende directa o indirectamente de los ecosistemas, ya sea a través de la agricultura, la pesca, el turismo o la provisión de agua y energía.

En la República Dominicana, los ecosistemas marinos y costeros, como arrecifes de coral, manglares y praderas marinas, aportan cerca de US$1,700 millones anuales (equivale a un 1.4%) del PIB nacional, según ha evidenciado el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su estudio sobre valoración económica de los servicios ecosistémicos. Igualmente, se estima que los ecosistemas terrestres, el sector agropecuario, por ejemplo, contribuyó entre 2016 y 2023 con un 5.6% del PIB.

Sin embargo, a pesar de su gran importancia, el capital natural se encuentra en peligro. Esto se debe, en gran medida, a su disponibilidad limitada, la explotación desmedida y los efectos del cambio climático, provocando pérdidas significativas y, en muchos casos, irreversible de la biodiversidad.

A nivel global, se estima que el capital natural ha disminuido un 40% en poco más de dos décadas. En el caso de la República Dominicana, según datos del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, desde 1995 provincias como pedernales, Puerto Plata, San Cristóbal y Barahona, han registrado pérdidas de entre 30% y 40% de sus tierras agrícolas.

“En República Dominicana, conservar y proteger el capital natural es clave para la sostenibilidad de sectores estratégicos como el turismo, el café, la agricultura y la gestión del agua. Invertir en su conservación es invertir en el futuro del país”. Pierre Candelon, oficial de Medio Ambiente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Por lo tanto, enfrentar estos desafíos requiere integrar la naturaleza en el núcleo de las decisiones económicas. Una estrategia clave es asignar un valor monetario a los beneficios, tanto directos como indirectos, que la naturaleza aporta a la economía y al bienestar humano. Países como Colombia y Costa Rica han avanzado en este sentido a través de la contabilidad del capital natural (Natural Capital Accounting, NCA), una herramienta que permite generar evidencia económica para justificar la protección y restauración de los ecosistemas.

Costa Rica, por ejemplo, con la asistencia técnica del PNUD y la iniciativa de Biofin, logró estimar el valor anual total de su capital natural que fue de 14.5% mil millones, equivale a 23% del PIB del país para el año 2019. En línea con esta valoración, también ha podio movilizar y catalizar cerca de USD$84,9 millones, bajo soluciones financieras novedosa, como bonos temáticos para áreas protegidas, plataforma de concesiones, campaña e iniciativas de crowfunding y capital semilla de emprendimiento.

En República Dominicana, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, con el apoyo del PNUD y financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), impulsan la iniciativa "Promoviendo rutas para una economía basada en la naturaleza en la República Dominicana". Esta iniciativa tiene como objetivo acelerar la transformación de sectores económicos dependientes de la naturaleza en el país, como el turismo, el cacao y el café, y movilizar recursos para la conservación del capital natural.

Asimismo, el proyecto Biodiversidad en Paisajes Productivos (BPP), también implementado por el Ministerio de Medio Ambiente y el PNUD, está demostrando que la gestión sostenible de los ecosistemas no solo es viable, sino que genera beneficios económicos, sociales y ambientales. El análisis Focalizado de Escenarios” (TSA) ha revelado que aplicar estrategias de manejo sostenible en la producción de café y cacao puede aumentar la rentabilidad del sector, generar miles de millones en beneficios económicos y, al mismo tiempo, reducir la presión sobre áreas protegidas y ecosistemas estratégicos.

El referido estudio deja evidenciado que inversiones en la gestión sostenible pueden generar hasta USD 50,000 en ganancias netas por hectárea en la producción de café.  Esto no son solo datos, sino beneficios tangibles que impactan directamente en el bienestar y calidad de vida de los y las caficultores.

Por consiguiente, el uso responsable, la conservación y protección del capital natural no solo garantizan el crecimiento económico, sino también el bienestar humano. Tal como pasaría en nuestro hogar, ocurre con la naturaleza, si gastamos demasiado estaremos en deuda y posteriormente en bancarrota.  Apostar por el capital natural no solo es una estrategia de sostenibilidad, sino una decisión inteligente para garantizar el bienestar, el crecimiento económico y el desarrollo sostenible del país.

Fuentes:

Alexander Vallejo

Licenciado en Derecho. Posee una maestría en Desarrollo y Cooperación Internacional por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Además, cuenta con una certificación internacional en Monitoreo y Evaluación de Proyectos por Humentum Academy. Actualmente se desempeña como analista de Gestión de Proyectos en el PNUD República Dominicana.

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