Higüey existe, según una tradición muy arraigada en la composición social de esta ciudad, que hubo un acontecimiento histórico a una distancia de cuatro (4) kilómetros por donde existió el antiguo camino que conducía a la carretera a la Sección de Santa Cruz de Gato. Un hatero arreaba por aquel camino su carreta de bueyes en un día de Corpus Christi, sin darse cuenta de que era un día de fiesta de precepto religioso y que toda la gente se abstenía de realizar cualquier tipo de trabajo.

Cuenta la tradición oral y el historiador Vetilio Alfau Durán que la carreta se atascó en un terreno pantanoso y el hatero, lleno de ira, agarró una garrocha en mano y le vociferaba al buey delantero, cuyo nombre era Esperanza, y le gritaba de forma reiterada “Ceja Esperanza”.

En medio de un silencio abismal donde sólo se escuchaba el ladrido de un perro rodeado de árboles de javilla, algarrobos y cocoteros, el buey le habló y le dijo:

Caramba, ¿cómo es posible que mi amo ni siquiera el día de Corpus Christi me deje descansar”?

Desde aquel momento memorable se preserva una cruz de madera, en la cual se detienen los peregrinos que visitan el Santuario de Nuestra Señora de la Altagracia. Según relata el fallecido sacerdote Mocano, el presbítero Benito Taveras, en aquel lugar existe un río subterráneo que sale de la montaña que queda al frente de lo que hoy llamamos el Cruce de Ceja Esperanza.

EL-RELOJ-PUBLICO-DE-HIGUEY-DONADO-POR-EL-LAICO-AGUSTIN-GUERRERO
EL RELOJ PÚBLICO DE HIGÜEY DONADO POR EL LAICO AGUSTÍN GUERRERO

Puso Dios en el alma de la humanidad el sentimiento del amor al prójimo y en medio de los matices de la aurora, en que el incendio del sol de América ilumina las mentes de sus mejores hombres.

Cada mañana vemos colocado sobre el campanario de la vieja Iglesia de San Dionisio el reloj público de Higüey.

Refiere el historiador Vetilio Alfau Durán en sus anotaciones en la Revista Clío lo siguiente:

El día 9 de octubre del año 1896, se produjo la inauguración del Reloj Público de Higüey, a la que asistieron cientos de personas de toda el área rural y urbana.

Refiere el historiador Alfau Durán que el día 2 del año 1896 el rico domiciliado en la comunidad de El Guanito del Municipio de Higüey, Don Agustín Guerrero, acompañado de los señores Teófilo Reyes, Antonio Pichardo, Luis Campillo y Manuel Herrera, realizó una donación cuyo texto es el siguiente:

A la virgen de nuestra Señora de la Altagracia, de un reloj   de torre de su exclusiva propiedad, el cual lleva el nombre de  su  mismo donante y con tal motivo se desapodera desde este momento y para siempre del derecho de acción, posesión,   titulo, voz y recurso que en dicho reloj tenía adquirido, y todo  lo cede, renuncia y traspasa a favor de la donada a la que ha de hecho y de derecho corresponde

Agustín Guerrero era oriundo de la Comunidad de El Guanito, del Municipio de Higüey. Formó con su esposa Cándida del Río una hermosa familia. Era un hombre de inmensa fortuna. Según cuenta el padre Vallejo, Don Agustín Guerrero guardaba las morocotas de oro, que eran el dinero de esa época, en bidones de acero que se conservaban en su habitación.

Falleció en Higüey el 1.º de octubre del año 1901; fue el abuelo del Dr. Jaime Guerrero Ávila, quien fue ministro de Obras Públicas, administrador de la Lotería Nacional y oficial del Estado Civil en el gobierno dominicano de su época.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

Ver más