Estamos transitando los primeros meses de un año que no se parece a nada de lo que hayamos vivido recientemente. El ritmo de los acontecimientos ha tomado una velocidad inusual, empujándonos hacia una realidad que parece acelerarse para situarnos en el lugar que nos corresponde. En este escenario de gran dinamismo, donde el aire y el fuego dominan el clima astrológico, surge una invitación a la maestría interna. El próximo 26 de febrero, el planeta Mercurio comenzará su fase de retrogradación en el signo de Piscis, extendiéndose hasta el 20 de marzo. Este evento, lejos de ser un simple contratiempo logístico, representa una oportunidad de oro para cultivar el arte de la pausa y reconectar con una sabiduría que la lógica convencional suele pasar por alto.
Hemos visto que la cultura popular ha reducido las retrogradaciones de Mercurio a una serie de fallos tecnológicos, retrasos en viajes o malentendidos comunicativos. Si bien estas son manifestaciones posibles debido a la cercanía del planeta con la Tierra durante este periodo, no constituyen el centro de la experiencia. La verdadera propuesta de este tránsito es el desarrollo de la capacidad de observar al observador. Dentro de cada uno de nosotros habita una voz que narra la realidad de manera constante; aprender a tomar distancia de esa narrativa nos permite identificar apegos, bloqueos repetitivos y puntos ciegos que condicionan nuestra vida.
El llamado del agua en un mundo acelerado
El 2026 está profundamente enfocado en avances en la tecnología, emprendimientos y nuevos inicios. Sin embargo, las tres retrogradaciones de Mercurio de este año ocurrirán íntegramente en signos de agua: Piscis, Cáncer y Escorpio. Este diseño celeste parece indicarnos que las respuestas más importantes de este tiempo no se encuentran en ninguna inteligencia artificial ni en el análisis lineal de datos. El elemento agua nos llama hacia adentro, apelando a nuestra capacidad de empatía, perdón e inspiración creativa.
En la mitología, Mercurio era el mensajero capaz de viajar entre el Olimpo y el Inframundo. Durante su retrogradación, el planeta desaparece visualmente de la esfera celeste al acercarse al Sol, lo que simboliza un viaje hacia lo más profundo de nuestra psique. Es un periodo donde la mente lógica se disuelve para dar paso a una conciencia en espiral. En Piscis, los límites entre lo real y lo simbólico se mezclan, recordándonos que el tiempo y la sanación no son procesos lineales, sino experiencias que requieren ser sentidas varias veces y procesadas emocionalmente para extraer de ellas una verdadera sabiduría.
Navegar entre el eclipse y la estructura
Este Mercurio retrógrado no ocurre en el vacío; su influencia se entrelaza con eventos que marcan el pulso del primer trimestre del año. El pasado 20 de febrero, hace apenas unos días, se produjo la conjunción entre Saturno y Neptuno en el grado 0 de Aries. Este encuentro representa un hito donde nuestros ideales se encuentran con la realidad estructural, revelando qué es sostenible y qué es simplemente una ilusión.
Simultáneamente, nos encontramos atravesando la primera temporada de eclipses del 2026. El eclipse anular de Sol en Acuario del 17 de febrero ya comenzó a movilizar estructuras de identidad y visión de futuro. No obstante, es el eclipse de Luna llena en Virgo del 3 de marzo el que guarda una relación directa con este tránsito, ya que Mercurio es su planeta regente. Al estar retrógrado durante este eclipse, la revelación de información o los cierres de ciclos que se presenten no serán necesariamente factuales o externos. Se trata de una gran comprensión interna de situaciones que ya estaban ocurriendo bajo la superficie y que ahora exigen ser procesadas con honestidad.
La intuición como brújula de soberanía
Ejercer el arte de la pausa significa reconocer que nuestra sensibilidad es una fuente de información válida. Durante estas semanas, es común experimentar un agotamiento que llega a niveles básicos o una sensación de que el sistema nervioso está procesando una actualización profunda. Estos síntomas son señales de que el cuerpo está recibiendo una gran cantidad de información que la mente lógica procesa de forma más lenta.
La sabiduría de la intuición se convierte así en nuestra principal herramienta de soberanía personal. En un periodo donde la mente racional puede sentirse confundida o desbordada, la voz interna ofrece una guía que a menudo es más precisa que cualquier búsqueda externa. El 7 de marzo, cuando Mercurio y el Sol se unan en el corazón de Piscis —momento conocido como el Cazimi—, se abrirá una ventana de claridad excepcional. Es el instante en que la esencia y la capacidad de análisis se encuentran en el mismo lugar, permitiéndonos visualizar el inicio de un nuevo capítulo con mayor ligereza y autenticidad.
Recomendaciones prácticas para este tránsito
Navegar este periodo con maestría requiere de regulación interna y una disposición a soltar el control. Para ello, te propongo algunas prácticas para integrar esta energía de manera, como priorizar el descanso y cualquier actividad de que apoye la regulación del sistema nervioso; cultvar espacios de expresión sin estructura racional inmediata para procesar etapas del pasado; evaluar tus límites emocionales y fortalecer tus sistemas de apoyo; practicar la pausa ante la impulsividad, especialmente a mediados de marzo por la conjunción entre Mercurio y Marte; mantener una alimentación consciente eligiendo alimentos de fácil digestión; y, postergar, siempre que sea posible, la firma de contratos o acuerdos definitivos hasta que Mercurio salga de su sombra post-retrógrada el 9 de abril.
Conclusión
Dominar el arte de la pausa nos permite transformar la confusión en compasión y la duda en un instinto refinado. Al final de este tránsito, la limpieza de nuestras rutinas y la honestidad con nosotros mismos nos darán el sustento necesario para avanzar hacia un modelo de vida basado en la coherencia interna.
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