La publicación en Madrid, España, de Donde todo triste ruido hace su habitación (1984-2019), por la prestigiosa editorial Visor Libros de Poesía, constituye uno de los acontecimientos más significativos para la poesía dominicana contemporánea. La obra de José Mármol encuentra en esta edición una suerte de consagración internacional y, al mismo tiempo, una posibilidad de releer en conjunto una de las trayectorias líricas más densas, filosóficas y coherentes de la literatura dominicana reciente. El volumen recoge más de tres décadas de escritura, desde 1984 hasta 2019, permitiendo apreciar las mutaciones de una voz poética marcada por la introspección, la reflexión ontológica y una constante indagación en el lenguaje.

Desde sus primeros libros, la poesía de Mármol se distingue por una tensión entre el pensamiento y la imagen, entre la experiencia existencial y la conciencia verbal. Hay en él una vocación de absoluto, una necesidad de interrogar el ser, el tiempo, la memoria y el vacío. Esa búsqueda atraviesa toda su obra y convierte cada libro en una estación de un mismo viaje interior.

El ojo del arúspice (1984) inaugura ese trayecto con una poesía de resonancias simbólicas y metafísicas. El título remite al antiguo adivino que interpreta las entrañas del mundo para descubrir signos ocultos. Desde este primer momento aparece un poeta obsesionado con descifrar el misterio de la realidad. La palabra es asumida como revelación y como riesgo. Ya en este libro inicial se perciben influencias de la gran tradición moderna hispanoamericana y europea: la densidad de Octavio Paz, el dramatismo de César Vallejo, la lucidez filosófica de Rainer Maria Rilke, Manuel del Cabral, Roberto Juarroz, Franklin Mieses Burgos, Pablo Neruda, Pedro Salinas, entre otros. Sin embargo, la voz de Mármol surge desde una sensibilidad propia, marcada por el insularismo caribeño y por una meditación existencial profundamente contemporánea.

Cosas hay metiendo olor de sueño en el vacío el mundo es una imagen de opuestas voluntades” (Pág. 54).

Con Encuentro con las mismas otredades 1 (1985) y posteriormente “Encuentro con las mismas otredades II (1989), el poeta desarrolla una escritura más crítica y reflexiva. Ambos libros funcionan como una exploración de las estructuras de poder que organizan la vida moderna: el lenguaje, la cultura, la historia, incluso la conciencia. Las “otredades” del título no son únicamente figuras poéticas o existenciales; también son los sistemas simbólicos que condicionan al individuo. La poesía se convierte aquí en una forma de resistencia y cuestionamiento. El sujeto lírico dialoga con el desencanto de la modernidad y con la sensación de que el ser humano vive atrapado en mecanismos que reducen su libertad espiritual.

A mi devenir quizá espera lo que otro soñó en su día más incierto” (Pág.175).

En 1989 aparece uno de los libros fundamentales de su producción: La invención del día, con el que obtuviera el Premio Anual de Poesía Salomé Ureña de 1987. Muchos consideran esta obra como el momento de plena madurez de Mármol. El libro despliega una poesía de extraordinaria intensidad filosófica y verbal. La noción del “día” como invención revela la conciencia de que la realidad es una construcción frágil, provisional, hecha por la percepción y el lenguaje. Aquí el poeta alcanza una gran depuración expresiva. El verso se vuelve más meditativo, más concentrado, y las imágenes adquieren una luminosidad abstracta. El tiempo, la muerte y el deseo aparecen como ejes centrales de una poesía que busca reconciliar la experiencia sensible con la reflexión metafísica.

pero el tacto
asomante de mi ser
restó una sombra” (
Pág. 254).


Con Lengua de paraíso (1992), ganador del Premio de Poesía Pedro Henríquez Ureña, se produce un pequeño giro dentro de esa trayectoria. Sin abandonar la densidad conceptual que caracteriza su escritura, el poeta incorpora una sensibilidad más vinculada a la naturaleza, al cuerpo y a los espacios de la memoria insular. El paraíso del título no es una realidad ingenua ni edénica; es un territorio perdido, fragmentado por la historia y por la conciencia moderna. La lengua poética intenta reconstruirlo desde el recuerdo y desde el deseo.

Tú para ti desde todas partes tú) / Jinete del sexo en el instante interminable” (Pág. 325).

Ese diálogo entre técnica, modernidad y trascendencia alcanza una nueva dimensión en Deus ex machina (1994), libro con el que Mármol obtuviera el Premio de Poesía Casa de Teatro y Accésit al Premio Internacional de Poesía Elíseo Diego. El título, tomado del antiguo recurso teatral, permite al poeta reflexionar sobre el artificio, la tecnología y la condición contemporánea del ser humano. Hay en este libro una percepción crítica del mundo moderno y de sus simulacros. La máquina aparece como metáfora de una civilización que ha desplazado la experiencia interior. Sin embargo, Mármol no cae en un discurso puramente pesimista; su poesía intenta rescatar todavía una posibilidad de sentido a través de la palabra. El poema funciona como espacio de resistencia frente a la mecanización de la existencia.

Me siento del tamaño y hondura de las cosas, de cuanto me rodea, de cuanto no existió” (Pág.                                                                                                                                                            392).

En Criatura del aire (1999), la escritura adquiere una dimensión todavía más espiritual y etérea. El aire se convierte en símbolo de movilidad, fugacidad y trascendencia. El sujeto poético parece desprenderse de la materialidad para habitar un territorio más abstracto y meditativo. La respiración, el silencio y la levedad ocupan un lugar central en una poesía que se acerca a veces a la contemplación mística.

Elevación tan pura, elevación sin rastro de que ha sido.

La oscuridad se apaga y enciende a esta hora, como la vida muere, como la muerte vive” (Pág. 452).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       Luego aparece Torrente sanguíneo en 2007, donde la reflexión metafísica alcanza uno de sus puntos más extremos. El infinito es percibido simultáneamente como libertad y prisión. El ser humano aparece atrapado en el tiempo, en la conciencia y en el deseo de absoluto. La poesía de Mármol se vuelve aquí más austera, más conceptual, pero también más intensa. Cada poema parece construido como una meditación sobre los límites de la existencia.

Es la vida un tiempo que no da para vivirla” (Pág. 529).


Con Miradas paralelas (2009), el poeta explora una experiencia interdisciplinaria entre poesía y fotografía junto al artista español Ángel A. Martínez. El libro propone un diálogo entre imagen visual e imagen verbal. La fotografía no funciona simplemente como ilustración del poema; ambas formas artísticas se complementan y se cuestionan mutuamente. Mármol demuestra aquí una notable apertura hacia otros lenguajes estéticos y una conciencia contemporánea de la creación artística como espacio híbrido. La mirada poética intenta capturar aquello que la fotografía no puede retener: el tiempo interior, la vibración secreta de la memoria.

Acaece a esta hora, indeciso, nervioso, sin que nadie lo sospeche, el instante fabuloso de la eternidad fugaz” (Pág. 591).

En Lengua del mar (2012), obra galardonada con el XII Premio Casa de América de Poesía Americana, el mar reaparece como símbolo fundamental de la identidad caribeña y de la condición humana. El poeta convierte el océano en metáfora del lenguaje, del movimiento perpetuo y de la memoria colectiva. Es uno de sus libros más abiertos emocionalmente, donde el ritmo y la imagen alcanzan una gran belleza. El mar es origen, destino y espejo de la conciencia. La poesía se mueve entre la contemplación del paisaje y la meditación filosófica, integrando naturaleza y pensamiento con extraordinaria armonía.

Bahía le pondré a la barca que no tengo, al amor que he perdido, al sonido de su voz en mi delirio” (Pág. 632).

Más adelante publica en 2013, Casa de sombras, en apoyo a las fotografías de Herminio Alberti. Aquí Mármol retoma muchas de las obsesiones esenciales de su obra: la memoria, el tiempo y la fragilidad del ser. La casa funciona como metáfora del cuerpo y de la conciencia, pero también como archivo de fantasmas personales e históricos. Las sombras son los recuerdos, las pérdidas y las presencias invisibles que acompañan al sujeto. El poeta construye una atmósfera de gran intensidad emocional, donde cada imagen parece suspendida entre la desaparición y la permanencia.

El séquito burlesco se solaza, celebra lo virtuoso del macho en la danza. Comba el cuerpo de la hembra y ordena que se alce su miembro como el rayo” (Pág. 693).

En A través de mis ojos (2014), otra vez Mármol establece un diálogo poético con Herminio Alberti. El libro no es un simple homenaje, sino una reflexión sobre la infancia, la imaginación, el inconsciente, la errancia y los sueños. A través de fragmentos, aforismos y reflexiones filosóficas, el poeta revisita también su propia memoria y su relación con el lenguaje y la poesía. La mirada oblicua aparece como posibilidad de asombro frente a un mundo marcado por la pérdida de sentido.

No pensar en la nada es demasiado parecido a pensar en todo. Un círculo dichoso contra la ebriedad del sueño” (Pág. 722).

Finalmente, en Yo, la isla dividida (2019), la poesía de José Mármol alcanza una dimensión geográfica y cultural más amplia. El libro explora la relación entre espacio, historia y subjetividad. El Caribe aparece no sólo como territorio físico o geográfico, sino como símbolo de una tradición espiritual y artística atravesada por el sufrimiento, la utopía y la grandeza trágica. El poeta dialoga con la cultura universal desde una sensibilidad caribeña, creando un puente inesperado entre dos universos aparentemente distantes.

El mar que anhelaste, siempre lejos de ti. Por tus sueños castigados. Por los días elegidos. Ese mar recogido como una esperanza china” (Pág. 774).

La obra de José Mármol constituye hoy una de las aventuras intelectuales y estéticas más sólidas de la poesía dominicana. La publicación de los trece libros reunidos en Donde todo triste ruido hace su habitación (1984-2009), en Visor Libros de Madrid, España,  confirma la proyección internacional de una escritura que ha sabido unir pensamiento filosófico, intensidad lírica y rigor verbal. A lo largo de más de tres décadas, Mármol ha construido una obra coherente y en permanente transformación, una poesía que interroga el misterio del ser y que convierte el lenguaje en espacio de revelación. Su trayectoria demuestra que la poesía dominicana contemporánea posee voces capaces de dialogar de igual a igual con las grandes tradiciones de la lengua española.

Plinio Chahín

Escritor

Poeta, crítico y ensayista dominicano. Profesor universitario. Ha publicado los siguientes libros: Pensar las formas; Fantasmas de otros; Sin remedio; Narración de un cuerpo; Ragazza incógnita;Ojos de penitente; Pasión en el oficio de escribir; Cabaret místico; ¿Literatura sin lenguaje? Escritos sobre el silencio y otros textos, Premio Nacional de Ensayo 2005; Hechizos de la hybris, Premio de Poesía Casa de Teatro del año 1998; Oficios de un celebrante; Solemnidades de la muerte; Consumación de la carne; Salvo el insomnio; Canción del olvido; entre otros.

Ver más