A principios de los años 2000, junto con dos amigos, fundé una empresa de «comercio electrónico» en los Países Bajos. En aquel momento, vender por Internet era una apuesta incierta. Tuvimos que construir prácticamente todo desde cero: negociar con proveedores, organizar inventarios, definir procesos logísticos y encontrar la manera de entregar productos a clientes que, en muchos casos, aún desconfiaban de comprar en línea.
Pero, más allá de los desafíos operativos, había uno especialmente complejo: el pago. En los Países Bajos, las tarjetas de crédito nunca tuvieron la adopción masiva de Estados Unidos, la banca digital apenas comenzaba y plataformas como PayPal aún no desempeñaban el papel que tienen hoy. Convencer a alguien de comprar era difícil; lograr que pudiera pagar de forma sencilla y segura lo era aún más.
Con errores, aprendizaje y algo de perseverancia, logramos crecer y vender la empresa en 2004, superando ampliamente nuestras expectativas iniciales.
Hoy, mirando hacia atrás, esa etapa marcó el inicio de una transformación profunda del comercio. Sin embargo, lo que está ocurriendo ahora con la inteligencia artificial podría ser aún más disruptivo. Estamos entrando en una nueva fase: el paso del comercio electrónico al comercio autónomo.
Quince años de transformación
El comercio electrónico puede definirse como la compra y venta de bienes y servicios a través de medios digitales. Aunque la definición parece sencilla, la forma en que consumidores y empresas interactúan dentro de este ecosistema ha cambiado radicalmente.
La primera gran transformación fue el paso a un mundo «mobile first». El teléfono inteligente se convirtió en el principal dispositivo para buscar, comparar y comprar productos. La segunda fue el auge de las redes sociales. Los consumidores dejaron de depender exclusivamente de buscadores y comenzaron a descubrir productos a través de recomendaciones, influencers y contenido personalizado. La tercera transformación fue la sofisticación del marketing digital. El SEO, la publicidad programática y el análisis de datos permitieron segmentar audiencias con una precisión impensable hace apenas una década. También se produjo una revolución en los pagos. Las billeteras digitales, las transferencias instantáneas y los sistemas de autenticación redujeron drásticamente la fricción en el proceso de compra. Finalmente, la logística alcanzó niveles extraordinarios de eficiencia. Los consumidores pasaron de esperar semanas por un pedido a exigir entregas en uno o dos días, e incluso en pocas horas en algunos mercados.
Todas estas innovaciones tuvieron algo en común: el consumidor seguía siendo quien buscaba, comparaba y tomaba la decisión final. Eso está empezando a cambiar.
La llegada del comercio autónomo
La inteligencia artificial agéntica representa una nueva etapa en la evolución del comercio electrónico. Un agente de IA es un sistema capaz de comprender objetivos, recopilar información, analizar alternativas, tomar decisiones y ejecutar acciones en nombre de una persona. Ya no se limita a responder preguntas; puede actuar. Imaginemos que una persona necesita comprar una computadora portátil. Hoy probablemente visitará varias páginas web, leerá reseñas, comparará especificaciones y dedicará horas a la búsqueda.
Dentro de pocos años, el proceso podría ser muy diferente.
El usuario simplemente le dirá a su asistente de IA: «Necesito una laptop para trabajo y edición de video, con una batería de larga duración y un presupuesto máximo de 1.000 dólares». El agente analizará cientos de opciones, comparará precios, revisará opiniones, verificará tiempos de entrega y seleccionará la mejor alternativa. Incluso podrá completar la compra automáticamente una vez obtenida la autorización correspondiente.
La búsqueda tradicional comenzará a ser sustituida por la delegación de decisiones.
OpenAI, Anthropic y la nueva carrera tecnológica
Lo más interesante es que esta transformación ya está en marcha. OpenAI, Anthropic, Google y Amazon están desarrollando capacidades que permiten a los sistemas de IA interactuar con aplicaciones y ejecutar tareas digitales. OpenAI ha incorporado funciones que permiten a ChatGPT utilizar herramientas externas y realizar acciones cada vez más complejas. Por su parte, Anthropic presentó «Computer Use», una capacidad de Claude que le permite navegar por páginas web, hacer clic, completar formularios y ejecutar procesos digitales de manera similar a un ser humano. Aunque estas tecnologías todavía se encuentran en una etapa temprana, la dirección es clara: los asistentes digitales evolucionarán hacia agentes capaces de actuar en representación de sus usuarios. Y una de las actividades más frecuentes será comprar.
Cuando los algoritmos se convierten en clientes
Este cambio tiene profundas implicaciones para las empresas. Durante los últimos veinte años, las plataformas de comercio electrónico fueron diseñadas para atraer la atención humana. Se optimizaron colores, imágenes, promociones y experiencias visuales para aumentar las conversiones. Sin embargo, los futuros compradores podrían no ser personas. Los agentes inteligentes no se dejan influenciar por fotografías atractivas ni por campañas emocionales. Evalúan información estructurada, disponibilidad, reputación, precios y tiempos de entrega.
Por esta razón, las empresas deberán garantizar que sus catálogos sean fácilmente interpretables por sistemas de IA, que sus inventarios estén actualizados en tiempo real y que la información de sus productos sea precisa y completa.
Así como durante años las organizaciones invirtieron en SEO para ser encontradas por Google, ahora deberán aprender a optimizarse para agentes inteligentes. Algunos expertos ya hablan de GEO (Generative Engine Optimization) o incluso de Agent Optimization como la próxima evolución del marketing digital.
¿Qué significa esto para la República Dominicana?
Aunque estas tendencias puedan parecer lejanas, probablemente llegarán más rápido de lo que muchos imaginan. Hoy el comercio electrónico dominicano se concentra principalmente en marketplaces generalistas, comercios especializados, supermercados digitales, servicios turísticos y plataformas de entrega a domicilio. Todas estas categorías pueden beneficiarse de la IA agéntica.
Las empresas establecidas deberían comenzar desde ahora a preparar sus datos. Esto implica digitalizar inventarios, mejorar la calidad de los catálogos, integrar sistemas modernos de pago y garantizar que la información de los productos sea consistente y fácilmente interpretable por sistemas automatizados. También deberían explorar herramientas de IA para mejorar la atención al cliente, automatizar procesos internos y optimizar operaciones logísticas.
Para los nuevos emprendedores, la oportunidad podría ser incluso mayor. La IA está reduciendo drásticamente muchas de las barreras tradicionales de entrada. Hoy una pequeña empresa puede crear contenido publicitario, diseñar campañas de marketing, generar imágenes y ofrecer soporte al cliente utilizando herramientas de inteligencia artificial a una fracción del costo que hubiera requerido hace apenas cinco años.
Los emprendedores dominicanos tienen la oportunidad de construir empresas preparadas desde el primer día para una economía dominada por agentes inteligentes.
Conclusión
Cuando fundé mi empresa de comercio electrónico a principios de este siglo, el principal desafío consistía en convencer a las personas de comprar por Internet. Hoy esa discusión parece casi absurda. La próxima revolución será diferente.
Ya no se trata simplemente de digitalizar las compras. Se trata de permitir que sistemas inteligentes participen activamente en las decisiones de consumo. Durante los próximos años veremos cómo millones de personas comienzan a delegar tareas de búsqueda, comparación y compra en agentes de inteligencia artificial. Las empresas que continúen diseñando sus negocios exclusivamente para clientes humanos podrían descubrir demasiado tarde que sus nuevos clientes son algoritmos.
La pregunta ya no es si la inteligencia artificial transformará el comercio electrónico. La verdadera pregunta es qué tan preparados están los comercios dominicanos para competir en un mundo donde las decisiones de compra serán tomadas, cada vez más, por agentes digitales.
Porque el futuro del comercio no será únicamente electrónico.
Será autónomo.
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