Ante el deterioro de la situación social, los pueblos occidentales se han venido radicalizando y, en Europa, en su esfuerzo por impedir el ascenso de partidos extremistas, se ha venido abriendo una profunda brecha entre los ciudadanos y sus gobernantes. Ya ni siquiera estamos seguros de que el veto obedezca al loable propósito de frenar el ascenso del fascismo, sino que puede no ser más que intentos de perennizar el dominio de la llamada coalición de centro, de socialdemócratas, conservadores y verdes, al tiempo de impedir el ascenso de todos los que quieren poner fin a la guerra con Rusia.
Frente al tratamiento a que los está sometiendo el gobierno estadounidense, los pueblos europeos están despertando de un sueño. Antes, gracias a la presión que les imponía la existencia al lado de la antigua Unión Soviética, por un lado, y a las luchas de los sindicatos y el ascenso de partidos de centroizquierda, por otro, habían logrado construir sociedades más justas y prósperas, al tiempo de escudarse bajo el manto de protección militar de los EUA para evitar seguir matándose entre ellos mismos y eludir grandes costos militares. La mejor imagen histórica de Europa.
Como compensación, prometieron a los EUA fidelidad y lealtad eterna, así como acompañarlo, apoyarlo o, al menos, dar su visto bueno a todas sus guerras, agresiones y sanciones en otras regiones del mundo.
Mientras tanto, fueron tejiendo la historia de que ellos constituían, junto a los Estados Unidos y sus aliados del Pacífico y Oceanía, el lado bueno de la historia, la “Civilización Occidental”, “el jardín”, frente a “los otros”, los semisalvajes, “la jungla”, aquellos a los que se debía amaestrar, enseñar a civilizarse para que un día llegaran a ser como ellos.
Pero parecen olvidarse de que todos los grandes genocidios de los últimos cien años y poco antes fueron llevados a cabo por esa “Civilización Occidental”, incluyendo el holocausto contra los judíos por alemanes y la masacre de Nanjing en China por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial, las atrocidades de los ingleses en la India, los crímenes contra la población africana, las mutilaciones masivas del rey Leopoldo II en el Congo Belga, hasta el actual y televisado genocidio contra palestinos en Gaza.
Mientras Europa vivía ese sueño, los pueblos de Asia, Oriente Medio, África y América Latina vivíamos una dura realidad. Y no era por Trump, porque igual nos iba con Reagan, los Bush, Clinton, Obama y cuantos presidentes han pasado por ahí. La diferencia entre Trump y sus predecesores es la desvergüenza con que usa el poder imperial para obtener beneficios privados, y que ahora no esconde en guantes de terciopelo su puño de hierro.
Ahora también los europeos van a ser pagadores de rentas. Como el capitalismo estadounidense devino en capitalismo financiero, en que los grandes capitalistas, pero también una parte apreciable de la población, no viven de lo que producen, sino de las rentas, las cuales se obtienen gracias a las ganancias en inversiones bursátiles, los intereses pagados de la deuda pública y de las deudas corporativas, los servicios tecnológicos y de seguros, así como de la propiedad inmobiliaria, ahora EUA necesita obligarlos a que paguen.
Esto pasa por impedir que los europeos graven los servicios de las tecnológicas ni les apliquen leyes antimonopolio o controlen sus exorbitantes ganancias, inducirlos a que inviertan sus capitales en Norteamérica sin repatriar después sus ganancias, obligarlos a depender de Estados Unidos en el suministro caro de petróleo, gas y carbón y, particularmente, que estén dispuestos a cofinanciar sus iniciativas de guerras.
Los europeos están ahora en shock por el tratamiento a que los está sometiendo su socio, al ver que los está sacando de su mundo de ensueño, de que para el imperio ya no son parte del jardín, de la “Civilización Occidental”, sino simples museos que guardan recuerdos de épocas ya idas; que ya no los necesita, sino que ahora son parte de “los otros”. Y aun así, confían en que la pesadilla dure poco, pero viene el primer ministro canadiense, que conoce mucho de eso, y les dice que ya se acabó, que no va a volver, que ellos "sabían que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa, pero esta ficción les era útil."
Para nosotros, los habitantes del Sur Global, esto no es ninguna sorpresa; lo que me sorprende es lo habitual que ahora resulta ver en los medios de comunicación decir que “el imperialismo ha regresado”, como si alguna vez se hubiera ido. Pregúntenle a las habitantes de Vietnam, o a los latinoamericanos, a todos los países que han sido sometidos a sanciones, bloqueos, amenazas o ultimátum y, para más, a los que han sido bombardeados en la antigua Yugoeslavia, Iraq, Irán, Libia, Siria, Afganistán, Yemen o Palestina.
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