Decía en la entrega anterior que los imperios occidentales nos han vendido la idea de la dicotomía democracia vs. dictadura, pero en la historia ha habido múltiples formas de organización del Estado y la sociedad, y ahora mismo las diferencias entre las distintas formas de gobierno se han venido atenuando.

De ahí que, vistos los diversos factores que inciden en la crisis que muchos atribuyen al liberalismo, tales como la crisis de representación democrática, la desigualdad económica, la corrupción pública y la falta de respuesta a las carencias de la población, en todo el mundo los pueblos, incluyendo Estados Unidos y Europa, han venido perdiendo el apoyo a la democracia

¿Quién se habría imaginado veinte años atrás ver una dictadura en Estados Unidos antes que democracia en Rusia? Sin embargo, EUA se parece cada día más a una de las dictaduras que conocemos en América Latina. Allí existen, desde hace mucho, sistemas de vigilancia y detección que nada tienen que envidiar a los de China, como los de la tecnológica Palantir usados por el ejército, la policía y ahora el ICE. Estados Unidos vive hoy una época postconstitucional en que, tanto a nivel interno como externo, el único límite al presidente y a los grandes conglomerados tecnológicos es la fuerza, que es inconmensurable.

Las imágenes de individuos sin identificar armados hasta los dientes,  con el rostro enmascarado cual una especie de Banda Colorá, como se ve con los agentes antiinmigrantes; ver renombrar espacios públicos con el nombre de Trump; desconocer al Congreso o verlo sometido a un lugar de aplauso a las acciones del Ejecutivo, domesticar a la justicia y amedrentar la prensa; el uso de los órganos de seguridad y de justicia para perseguir a los enemigos políticos, todo ello se parece mucho a las dictaduras que hemos visto de este lado. Ya ni siquiera es seguro que tendrán lugar las siguientes elecciones o que estas sean limpias.

Si tal ocurre al interior de la sociedad norteamericana, peor se ven las cosas en el plano internacional. Por ejemplo, Trump amenaza e impone aranceles o amenaza con la fuerza militar a gobiernos por querellas personales, o los premia a cambio de regalos y negocios. Sencillos deseos o antojos condicionan su política exterior, como su arancel a los países europeos que se opongan a que él tome Groenlandia. Hasta Alemania retiró de inmediato varios militares que había mandado a la isla.

Trump impuso aranceles a la India indignado por el rechazo a su oferta de mediar durante las tensiones con Pakistán, y posteriormente escribió al primer ministro noruego indicando que ya olvidaba su compromiso con la paz por no habérsele conferido el premio Nobel. ¿Esas son cosas de democracia?

Quizás Putin tenga en Rusia tanto poder personal para decidir cosas así por sí mismo, pero no lo tiene Xi Jinping en China, pues allí el poder es colegiado, y toda gran decisión está sujeta a debates internos y sometido a frenos que impiden que una sola persona adopte todas las decisiones sin haberlas consensuado con un grupo de líderes fuertes capaces de contradecirla.

Y los chinos, cuando es investigado o castigado algún alto jerarca político o militar, por corrupción o por alguna falta grave, lo ven como normal y se sorprenden que en los países occidentales las leyes son como telarañas, hechas para atrapar los insectos pequeños, mientras los papeles de Epstein, al tiempo de mostrar una justicia que resistió proteger a tantas víctimas, niñas y adolescentes, desnudan la podredumbre moral que afecta a “las mejores familias” de EUA y Europa.

Al tiempo que las grandes civilizaciones antiguas (la India, China, Persia, Rusia, Turquía, etc.) procuran adaptar sus modos de vida a sus raíces históricas sin hipocresía, la democracia está en crisis no solo en los EUA, donde los grandes conglomerados han capturado el Estado, sino también en la propia Unión Europea. Lo muestra el caso de Francia, en que se convocaron elecciones para después virtualmente desconocer sus resultados; Rumania, en que sencillamente anularon las elecciones cuando ganó quien no era del agrado de la Unión Europea, o en Moldavia, en que abrieron pocos colegios electorales en las zonas en que tenían mayor posibilidad de perder.

Isidoro Santana

Economista

Ex Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, agosto 2016-2019. Economista. Investigador y consultor económico en políticas macroeconómicas. Numerosos estudios sobre pobreza, distribución del ingreso y políticas de educación, salud y seguridad social. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro fundador y ex Coordinador General del movimiento cívico Participación Ciudadana y ex representante ante la organización Transparencia Internacional.

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