(Este artículo no está dirigido a las mujeres que sufren violencia. Tampoco a quienes comentan indignados cada nuevo feminicidio. Está dirigido al hombre que grita, controla, amenaza, humilla, vigila, intimida o golpea, porque quizás todavía no se reconoce como alguien capaz de matar).
Frente al aumento de los feminicidios, se han fortalecido los esfuerzos para asistir a las posibles víctimas, castigando al agresor y buscando mecanismos que protejan mejor a las mujeres en peligro, lo cual es una necesidad.
El abusador, agresor o feminicida también es un ser humano que requiere atención. En ocasiones, es una persona infeliz, insegura e incapaz de tener una relación de pareja satisfactoria.
La mayoría de los feminicidas no creían que llegarían a matar a sus mujeres. Normalmente, las hacían sufrir, las ofendían y, a veces, las golpeaban; tal vez luego se arrepentían, pedían perdón y creían que con eso era suficiente.
El hombre capaz de pedir perdón “con el corazón en la mano” por haber maltratado a su mujer, que a veces la trata como a una reina, que la quiere solo para él y le da regalos increíbles, puede ser también quien la mate unos meses después.
Antes de matarla, incluso podría haber dicho que estaba en contra de los feminicidios.
Lo que hablamos no es solamente por el bien de tu mujer, sino por el tuyo también. Los que maltratan experimentan un espantoso descontrol emocional, pero, al matar, se sentirán peor, al punto de que, en algunas ocasiones, se matan a sí mismos. Matarla no es ninguna solución.
Estamos hablando de señales que podrían avisarte que, con el tiempo, podrías acabar con la vida de tu mujer, destruyendo las vidas de tu familia y la de ella. Si tienen hijos, posiblemente ya están sufriendo, pero no hay palabras para describir lo que vivirán después de que causes esa tragedia.
Cronología de los feminicidas:
En los comienzos, podrían tener unos celos exagerados, necesidad de controlarla, apartarla de sus familiares y amigos. Luego comienzan a humillarla, amenazarla, ofenderla y, a veces, incluso realizar pequeñas agresiones físicas. Las agresiones van empeorando, pudiendo llegar a necesitar atenciones médicas (a veces la mujer esconde la agresión por vergüenza o miedo). Finalmente se produce el asesinato, que puede ser: desde supuestamente “sin querer” hasta casos planificados con mucha premeditación.
Si tu mujer tiene que pedirte permiso, le impides decidir por sí misma y no puede manejar el dinero, ya estás abusando de ella, aunque nadie te lo diga. Analiza la vida de tu mujer a tu lado: ¿le causas temor? ¿Necesitas saber dónde está en todo momento? ¿La consideras inferior? ¿La culpas de tu agresividad?
Si haces algo de lo anterior, no estás defendiendo tu relación, sino perdiendo el control. Podrías creer que ser abusador es la conducta normal de un hombre.
A veces, la mujer ha agredido también al hombre, le ha sido infiel o cualquier otra cosa, pero nada de lo que ella haya hecho justifica el asesinato. Si ha sido malísima, el hombre normal no la mata, simplemente se aparta de ella.
Si tu mujer quiere abandonarte, déjala que se vaya, tú no naciste unido a ella. Con el tiempo te importará poco y habrás reconstruido tu vida de otra forma. Si la matas, tu vida nunca será igual y harás que tus amistades y familiares lamenten haberte conocido. Lo que sufres ahora no será nada comparado con lo que será tu vida después.
La incapacidad para tolerar el rechazo, especialmente cuando se combina con conductas de control, celos y violencia, constituye un importante factor de riesgo. Si eres así, comprende que, en algunas circunstancias determinadas, podrías ser capaz de matar a tu mujer.
Entre los que han asesinado mujeres aparecen personas agradables, amistosas, cariñosas, trabajadoras, prestigiosas, emprendedoras, serviciales y honestas. Pueden parecer personas maravillosas, pero son emocionalmente frágiles.
Con mucha frecuencia, cuando se produce el desastre, los conocidos dicen que jamás se habrían imaginado que eso podría suceder.
Cuando necesitas dominar a una mujer para sentirte seguro, el problema no es ella, eres tú.
La razón por la que algunos agresores terminan quitándose la vida después del crimen no es porque descubran repentinamente el amor, sino porque la violencia que destruyó a la víctima incrementa su dolor y termina destruyéndolos a ellos.
Si maltratas a tu mujer, cuanto antes busques ayuda, mejor. Buscar apoyo psicológico es un acto de valor, se necesita fortaleza para aceptar la verdad.
La violencia no suele aparecer de golpe. Cada vez que justificas un grito, una humillación o una agresión, tu cerebro se acostumbra un poco más a cruzar límites que antes parecían inaceptables. Lo peligroso no es solamente lo que haces hoy, sino aquello en lo que te estás convirtiendo.
Referencias:
Campbell, J. C., Webster, D., Koziol-McLain, J., Block, C., Campbell, D., Curry, M. A., Gary, F., Glass, N., McFarlane, J., Sachs, C., Sharps, P., Ulrich, Y., Wilt, S. A., Manganello, J., Xu, X., Schollenberger, J., Frye, V., & Laughon, K. (2003). Risk factors for femicide in abusive relationships: Results from a multisite case control study. American Journal of Public Health, 93(7), 1089-1097. https://doi.org/10.2105/AJPH.93.7.1089
Echeburúa, E., & Fernández-Montalvo, J. (2009). Hombres maltratadores de mujeres: Perfil psicológico y tratamiento. Pirámide.
Walker, L. E. (2012). El síndrome de la mujer maltratada (2.ª ed.). Desclée de Brouwer.
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