En esta segunda entrega, continuaré presentando comentarios sobre la notable vastedad temática asumida por los fotógrafos de Grufos:

Postales de la silenciosa realidad del campo

Ruralidad: Los objetivos de estos intrépidos fotógrafos no solo se interesan por los asedios de la modernidad, sino también por la silenciosa realidad del campo, especialmente el cibaeño, con sus ricos ecosistemas. Son frecuentes los retratos de campesinos: personajes sencillos y tímidos, ajenos a la cámara, pero vulnerables ante una civilización que altera su tranquilidad. Las composiciones funcionan como viñetas colmadas de rostros y cuerpos de niños, adultos y ancianos que parecen resignados a contemplar la eternidad. Estas escenas agrarias, intervenidas a veces por viviendas rurales dispersas y casi fantasmales, invitan a reflexionar sobre la soledad, la libertad y la existencia.

El arte de capturar la experiencia humana

Gente:

A estos fotógrafos les interesan todas las experiencias humanas y sus dimensiones materiales y espirituales. El estudio de la figura humana recoge con detalle los contextos de sus vivencias: la aventura de ser y estar. Los autores sitúan a los sujetos en sus circunstancias sociales, culturales e históricas, destacando costumbres, oficios, realidades y aspiraciones. Proponen al espectador retratos de personajes tanto conocidos como anónimos, en los que resaltan los rasgos singulares que los hacen visualmente atractivos.

En esta categoría conviven limpiabotas, jóvenes en los parques, niños que revolotean por doquier y escenas cotidianas de vendedores ambulantes o transeúntes. Asimismo, destacan retratos histriónicos y expresivos: la joven maquillada de payaso con un paraguas rojo, la mujer desafiante al volante de un coche antiguo, el selfi que duplica la seducción o la bailarina con su tutú sentada con gracia junto al piano —cual ángel vehemente que colma de ternura el cañón de una fortaleza histórica—, en composiciones de sutil sensualidad.

Un ritmo visual con cadencia caribeña

Identidad:

Las obras reflejan los usos y costumbres definitorios de la dominicanidad. En ellas es notoria nuestra rica composición étnica, con la presencia de mulatos, negros y criollos, así como la impronta de antepasados de diversas regiones del mundo. Las imágenes testimonian el mayor valor de esta media isla: un mestizaje absoluto que define nuestro ADN como un espacio de convivencia armónica de lo diverso. Para la crítica artística, la única superioridad étnica posible radica precisamente en la fusión genética de matices. Lo mestizo y lo mulato se perciben suspendidos en las fotografías, entrelazados con los rastros orgullosos de la herencia cultural y la nostalgia aborigen. Los fotógrafos de Grufos desvelan el colorido de esa identidad inalienable. El conjunto de estas imágenes idiosincrásicas permite vislumbrar un ritmo visual e intuir la cadencia sonora en las poses de personajes cotidianos y artistas populares que cantan, lloran y suenan a través de instrumentos tradicionales como saxofones, güiras y acordeones.

Testigos de la fe y el misticismo

Religiosidad:

Estas fotografías testimonian la fe, los cultos y la experiencia sincrética de un pueblo apegado tanto a lo panteísta como a lo etéreo y sobrenatural. El milagro y el asombro se manifiestan en rostros iluminados que participan o contemplan rituales sagrados o paganos. Sus gestos traslucen profundas reflexiones sobre el sentido de la vida terrenal, las esperanzas y aquellas utopías de un porvenir más allá de la muerte que suelen acrecentarse en la vejez.

Eternizar la vorágine de la fiesta profana

Carnaval:

Se trata de una categoría ampliamente cultivada por los fotógrafos de la agrupación. Muchos autores han asumido las fiestas carnavalescas como motivo principal de su búsqueda identitaria y experimental para hilar quimeras a través del libre entusiasmo. Cada año, especialmente entre febrero y marzo, acontece a lo largo de nuestra geografía una amplia variedad de manifestaciones de carnestolendas con una profunda carga mágico-religiosa; una religiosidad profana liberada en vorágines de ejércitos de personajes tradicionales. A la par de estas manifestaciones, se desata en estos artistas la necesidad de fijar en imágenes este dinámico entorno caribeño. Esta es una seña de identidad visual del Grupo Fotográfico de Santiago, respaldada por un amplio historial de exposiciones exclusivas sobre el tema.

Grufos no se limita a registrar el colorido del carnaval santiaguero, sino que se desplaza por la región del Cibao y todo el país para recoger testimonios de los distintos disfraces, máscaras y provocaciones lúdicas de personajes y comparsas de nuestro centenario folclor.

Fernando Cabrera

Escritor

Graduado en: Doctorado (PHD) en Estudios de Español: Lingüística y Literatura, Maestría en Administración de Empresa e Ingeniería de Sistemas y Computación.

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