Además de mi diaria rutina, cada mañana recibo la visita de mi hijo mayor antes de irse a su trabajo. Temprano me llama, me pone a mi nieto para que me salude y luego pasa por mi casa.

En estos días, esa rutina ha sido interrumpida. Mi hijo se encuentra en China, la diferencia de horas es de doce, pero eso no impide que me llame desde que el sol amanece allá, hasta que se oculta, interrumpiendo mi sueño.

Cada vez que mis hijos están de viaje los extraño demasiado y es que los tres formábamos un equipo insustituible, suerte que el mes de julio cuando mi hijo menor estuvo fuera con su esposa dejaron a mi nieto conmigo, pero fue difícil porque cada día temprano en la mañana recibo su llamada mientras se dirige a su trabajo.

Una de estas mañanas en que la nostalgia me acompañó se me ocurrió poner en la televisión la plataforma YouTube. ¡Tremendo error! Busqué a Danny Rivera porque necesitaba compañía para realizar una de las tareas que menos me gustan, doblar ropa lavada y de paso, arreglar gavetas.

Dany Rivera es alguien especial en mi vida. Llegó en la década de los años setenta y ochenta, en mi plena juventud, en la época en que soñaba, tenia grandes ilusiones, es más, vivía enamorada, pero del amor.

Danny es el único artista que he ido a ver, no una, tres veces de las que se ha presentado en el país.

He sido una privilegiada porque poseo dos fotos, una en la que lo contemplo y él me está mirando y otra de mi hijo Luicho acompañándolo con el violín y en el que hay una sintonía de amor entre músico y artista, tal como lo describí en un artículo el 19 de febrero del 2022, en este mismo medio.

Si poseo esas fotos debo agradecerle a la magia y el talento del artista del lente Pedro Bonilla.

También debo agradecerle a Pedro que fue el instrumento para que Danny me enviara el mensaje más hermoso que he recibido. Lo guardo como un tesoro.

Debo contar que si Danny me acompañó esa mañana no dejó de ponerme nostálgica, porque los años que se fueron jamás volverán.

Cada canción me transportaba a esos años en que las preocupaciones no existían, en que se soñaba con un futuro como un cuento de hadas, en que todo era color de rosas.

De esa época tengo que recordar un rinconcito en la calle Arzobispo Nouel, llamado “La Taberneta” de comida italiana, allí se podía escuchar la voz de Danny interpretando sus canciones, que todas estaban pegadas, como se dice en el argot popular.

Escuchar “Amada amante”, “Madrigal”, “Para decir adiós”, etc. es para soñar despierta.

Danny Rivera es parte de mi vida, es mi pasado, es mi presente para vivir el ayer y es ese que por siempre vive en los que una vez fuimos jóvenes soñadores.

¡Te amo Danny!

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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