Considerando todo lo que fue, hizo y representó Roberto Clemente, es decir, su capital humano e intangible, para su equipo, para el béisbol y la cultura deportiva mundial, me pregunto: ¿cuánto debería valer racionalmente alquilar los servicios de Clemente por temporadas, hoy? Hoy, que parece que el dinero no vale, o que el capitalismo más salvaje que haya conocido la historia de la humanidad, también ha dejado su impronta en el béisbol, ya sin posibilidad de alguna marcha atrás.
Al momento en que Clemente perdió su vida -como lo hacen siempre los mártires, a destiempo: el 31 de diciembre de 1972, con apenas 38 años-, la suma de todos los salarios devengados en una carrera de 18 temporadas fue de US$758,000.00, monto menor al actual salario mínimo anual de un pelotero de MLB (US$780,000.00). Sin embargo, ese último año Clemente era uno de los jugadores mejor pagados, siendo probablemente solo superado salarialmente por Hank Aaron y Willie Mays.
Pero la valoración económica de Clemente que pretendo no consiste en una actualización de sus salarios históricos con base en la inflación monetaria, pues eran otros tiempos -no comparables con lo actual-, era otro sistema, cuando legalmente se comerciaba con los peloteros como si fuesen el activo fijo de una empresa. Estos pertenecían al equipo de por vida, o hasta que el equipo quisiese, pues solo este podía decidir si venderlos, cambiarlos o cancelarlos. Siendo así, los jugadores no tenían poder real alguno para negociar sus salarios, pues sus empleadores los fijaban en la oferta de contratación de forma unilateral y con derecho a renovar las condiciones originales cada año de forma perpetua.
Esto fue así hasta 1975, cuando dos jugadores promovieron con éxito una queja laboral en sede arbitral contra sus propios equipos, de donde resultó la posibilidad de la agencia libre, y a partir de ahí empezó a cambiar la historia hasta nuestros días, digamos que hasta llegar a la era moderna, donde destacan los contratos de Alex Rodríguez, pasando por los de Giancarlo Stanton, Mike Trout, y por supuesto, los 700 millones de Shohei Ohtani en el año 2023.
Días antes de que Juan Soto entrara en la agencia libre al finalizar la temporada de 2024, exactamente el día 13 de octubre de 2024, la periodista Laura Bonnelly publicó en su cuenta de YouTube @LauraBonnelly, una entrevista realizada a Manny Ramírez -para muchos uno de los mejores bateadores de la historia de MLB-, y ante la pregunta: “¿tú entiendes que [Soto] vale 600 [millones]?”, Manny respondió:
“yo creo que nadie vale 600, nadie vale 700, pero, estamos en un momento donde se está dando mucho dinero a los peloteros y por qué no cogerlo, ¿le voy a decir que no?, no… nadie vale ese dinero, yo no valía 200 y pico, yo no valía 25… porque nosotros lo que hacemos es jugar pelota, darle a una pelotica, imagínate el trabajo de un Presidente.”
Y así, por “jugar pelota” -básicamente por “darle a una pelotica”, como dijo Manny-, el domingo 8 de diciembre 2024, Juan Soto firmó el contrato más caro de la historia del deporte profesional a nivel mundial: US$765 millones por 15 años.
Entonces, bajo esas premisas, me pregunto: ¿cuánto valdría Clemente, hoy?, el referente de las cinco herramientas por excelencia, que bateaba lo suficientemente bien como para ganar hoy, tanto dinero como los mejor pagados, pero que también hacía de forma espectacular todo lo otro que se espera de una estrella del béisbol para justificar cualquier mega salario; y aquí lo más interesante: también era una estrella extraordinaria fuera del terreno, y como nadie más lo ha sabido hacer.
En otra entrevista, una recientemente publicada en el canal de YouTube @abriendoelpopcast, donde también se analizaba la tendencia salarial en el béisbol de nuestros días, escuché a otro Ramírez –el ex antesalista, hoy en el Salón de la Fama de los Cachorros de Chicago y miembro del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano-, Aramis Ramírez, decir que ahora Alex Rodríguez valdría 1000 millones, y así lo explicó:
“si a [Kyle] Tucker le dieron 60 por año, Alex [Rodríguez] vale 100… los contratos se hacen por comparación… fulanito gana tanto… así se hacen los contratos, por comparación… Manny estaría ganando más de 50 millones seguro y Albert [Pujols] también”.
Con su razonamiento, Aramis hace gala de un innegable saber empírico producto de su experiencia de tantos años negociando sus propios contratos frente a diferentes equipos, y de seguro que también viendo negociar a sus compañeros.
En términos económicos, lo que dice Aramis es que el salario de un pelotero se establece -sea en la oferta de contratación o agotado un proceso de negociación- con base a una comparación con los salarios de otros peloteros, después de que se identifican como jugadores equivalentes, o similares, al confrontar sus respectivos capitales humanos (talentos, habilidades y capacidades) en función del rendimiento que razonablemente puedan ofrecer durante la vigencia del contrato.
Entonces, cuando hago la posible comparación de Clemente con los peloteros de ahora, a los que se les paga todo lo que se les paga, básicamente, por “pegarle a una pelotica”, como explicó el primer Ramírez, me parece lógico especular que hoy, Clemente en su prime -una leyenda viva-, merecería un salario que rompería cualquier récord vigente. Y es que, con todo lo que representó Clemente como jugador para su equipo e incluso para el juego de béisbol y su futuro, insisto en preguntarme: ¿cuánto valdría hoy?
Con esto no critico la justificación ni la racionalidad de los salarios de Ohtani y de Soto -el mercado es lo que es-, pero si ajustamos las herramientas de Roberto Clemente a la métrica moderna, la misma que explica esos mega salarios -y aunque muchas de las cualidades excepcionales de Clemente no tendrían correspondencia en la tabla de medición contemporánea-, los contratos de aquellas estrellas se quedan cortos.
Imaginemos por un momento al Clemente de mediados de los años sesenta entrando hoy a la agencia libre de la mano de Scott Boras, según Forbes: “el agente deportivo más poderoso del mundo”. Hablamos de un atleta con cuatro títulos de bateo de la Liga Nacional y una consistencia en todo lo que podía hacer que hoy es una rareza. Pero a diferencia de Soto, cuya valía descansa casi exclusivamente en su madero, Clemente le añadiría a esa ofensiva de élite una dimensión mitológica: doce Guantes de Oro consecutivos resguardando el jardín derecho con un cañón de brazo, literalmente. En la era de la analítica avanzada y el WAR, un jugador capaz de salvar juegos con la defensa y ganarlos con el bate de forma tan dominante rompería cualquier modelo de proyección económica.
Si a este despliegue técnico le sumamos su valor intangible -ese imán taquillero y comercial que representaría ser el embajador cultural definitivo de toda Latinoamérica en un béisbol globalizado- el “21” no solo competiría con los 51 millones de dólares anuales de Juan Soto, sino que exigiría un estatus único.
En el mercado de hoy, asegurar al Clemente prime requeriría una oferta que supere fácilmente cualquier otra contratación actual. Pero más que eso, llevando al máximo mi capacidad de razonar, me parece que la mejor respuesta posible a la pregunta que intitula este trabajo es que, hoy, Clemente sería invaluable, priceless y punto.
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