Con frecuencia recibo familias cuyo motivo de consulta es un hijo o hija adolescente, el típico reto que implica ser padre o madre en esta etapa de desarrollo, que si no se busca ayuda y tienen la información clara de lo que está ocurriendo en esta transición, podría deteriorarse la relación y provocar mucho dolor a toda la familia.

En estos casos hay preguntas que suelo hacer y que dejan a los padres y madres impactados: "¿Recuerdan su propia adolescencia?" "¿Cómo eran?" "¿Cómo la vivieron?" "¿Se recuerdan a ustedes mismos siendo adolescentes?" A partir de ahí y, por supuesto, sin la presencia de sus hijos e hijas, comienzan a bajar las defensas y a activarse las memorias de la segunda etapa más transformadora de la vida.

Antes de continuar, me gustaría aclarar una acepción del término que se ha popularizado mucho entre los padres y madres que plantea que se llama adolescencia porque "adolecen de"…madurez, criterio, opinión y todo lo que se les ocurre atribuir. Ellos y ellas no adolecen de nada. Adolescencia viene del latín adolescere, que significa "crecer o desarrollarse". El o la adolescente se puede literalmente entender como "quien está creciendo" o "quien está en proceso de madurar".

Dicho esto, entender que lo que está ocurriendo en el cuerpo, en la psiquis y en el mundo emocional de los y las adolescentes explica perfectamente lo que se vive en casa día por día. Es importante que madres y padres se eduquen, busquen información, vayan a sus recuerdos, a su historia familiar, pues es la única manera de ponerse en su lugar y mirarles desde la empatía, desde el momento transformador que están viviendo. Aman a papá y a mamá, pero requieren diferenciarse de ellos para poder definir su propia identidad; por eso prefieren a sus grupos de pares, que les devuelven una imagen más parecida a la de ellos y ellas.

A quienes corresponde entenderles es a los adultos, evitar tomárselo personal e intentar transitar este momento sin herir, ofender y gritar. Entender que colocarse en la posición autoritaria de "estas son mis reglas y hay que cumplirlas" solo entablará una lucha de poder que, de seguro, ellos y ellas tendrán más resistencia que los adultos para mantenerla. Por este camino ya hoy no es posible lograr que maduren y completen su ciclo.

Por supuesto que se requieren reglas, estructura y orden, sobre todo por la indefinición interna que llevan. La clave podría ser la forma, la manera de hablar de esas reglas, entendiendo siempre que a ellos y ellas les podrían parecer difíciles, pero que les toca jugar su rol parental y maternal. Es el momento de aprender a negociar las reglas que se habían establecido en la niñez, ser estratégicos y buscar nuevas maneras de convivir con este ser humano en transformación.

Aunque no lo creamos, las adolescencias de hoy son más complejas que las vividas por los padres y las madres. Antes, por las características sociales y culturales, todo estaba más definido, más claro; por eso el reto es mayor y se requiere información, ayuda y empatía.

Hoy, para ellos y ellas, también el reto es mayor: existen más riesgos, más libertad, la cual sin responsabilidad podría ponerles en situaciones peligrosas; además, mucha competitividad; mucha violencia en casa y fuera de ella: en la escuela, entre iguales, en las redes, en los medios de comunicación. Posturas extremas y radicales con discursos de odio que, por la vulnerabilidad que atraviesan, podrían hacerles presas fáciles. Amén de las redes internacionales de depredadores sexuales que nadan por la red y que sin salir de casa podrían atraparles en una situación muy peligrosa para toda la familia.

Todo esto es mucho, pero asustarse no ayuda; para mí la clave es la información, el mantenerse conectados sin cortar la comunicación y renovar las reglas antiguas. Estar pendientes, aceptar que el abrazo físico y la presencia frente a sus pares cambia en esta etapa, pero regresará más adelante. Ni tiranizar ni soltarlos: es una distancia prudente que permita respirar a ambos. Si no quieren hablar, escriban, dejen mensajes, no dejen de hacerles saber que les aman y que siempre y bajo cualquier circunstancia, estarán a su lado.

Evitar juzgarles, compararles, criticarles y comenzar a mirarles desde lo difícil que ha de ser sentir que no saben quiénes son, que hoy sienten u opinan algo y ya mañana no es igual, que no dominan sus cuerpos o no se sienten bien con lo que el espejo les devuelve. Manifestarse de manera errática, descontrolada a veces y con dificultad para pedir disculpas, aunque sea lo que sientan en su corazón.

Todo esto solo es posible en el amor empático, en el respeto y la búsqueda de nuevas maneras de vincularse, reconociendo que es solo una transición que con el tiempo pasará y regresarán quienes son realmente, reconstruidos por la posibilidad que les ofrecimos pacientemente de modelarse, encontrarse y aceptarse.

Solange Inmaculada Alvarado Espaillat

Psicóloga y Terapeuta Familiar

Psicóloga y Terapeuta Familiar en su consultorio privado desde 1999. Directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia de la Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional. Autora de dos libros para la Procuraduria Fiscal del Distrito Nacional y una publicación personal: “Violencia contra la Mujer, Modelo de Intervención Integral” “Heroínas en Lienzos, Palabras y Sueños” "Guía Práctica para la Familia Actual, de mi consulta y mis vivencias"

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