El regreso de la energía al centro de la economía mundial

Durante buena parte de la última década, el debate económico global estuvo dominado por temas como la digitalización, la inteligencia artificial o la transformación de los mercados financieros. Parecía que la economía mundial había dejado atrás una de sus viejas obsesiones: la energía. Sin embargo, los acontecimientos recientes en Medio Oriente han recordado una realidad histórica que nunca desapareció del todo: cuando la geopolítica se intensifica, el precio del petróleo vuelve al centro de la economía mundial.

Medio Oriente y la nueva tensión en los mercados energéticos

En marzo de 2026, la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha provocado un nuevo episodio de tensión profunda en los mercados energéticos. Ataques que han afectado rutas marítimas, infraestructura petrolera y el tránsito por el Golfo Pérsico han desencadenado una volatilidad sin precedentes, especialmente tras la práctica paralización del tráfico en el estrecho de Ormuz, un punto clave por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Esta interrupción casi total ha obligado a varios países del Golfo a reducir su producción, dada la acumulación de barriles sin posibilidad de exportación.

Durante los momentos de mayor tensión inicial, el precio del Brent superó brevemente los 120 dólares por barril, impulsado por temores de desabastecimiento. Sin embargo, en los días recientes los mercados han experimentado fuertes oscilaciones: el Brent llegó a caer por debajo de los 80 dólares antes de rebotar hacia niveles cercanos a 90 dólares, tras informaciones contradictorias sobre supuestos escoltas navales en Ormuz y discusiones dentro del G7 sobre la posible liberación de reservas estratégicas de petróleo para estabilizar la oferta global. Aun con esta corrección, los precios continúan significativamente por encima de los niveles previos al inicio del conflicto.

La tensión también se ha trasladado al mercado del gas natural licuado (LNG). La interrupción parcial del tráfico marítimo y los ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo han elevado los precios del LNG entre 25% y 50% en cuestión de días, siguiendo la misma lógica de riesgo logístico observada en el mercado del crudo. El cierre de facto del estrecho de Ormuz ha incrementado la preocupación entre inversionistas, gobiernos y organismos internacionales, especialmente por el rol de Qatar y Emiratos Árabes Unidos como grandes exportadores de gas natural licuado.

El Fondo Monetario Internacional ha advertido que una escalada prolongada en la región podría representar un “grave riesgo” para la economía global. No se trata únicamente de un problema regional: el petróleo sigue siendo una de las materias primas más estratégicas del planeta, y cualquier interrupción en su suministro tiene repercusiones que alcanzan al transporte, la producción industrial, la alimentación y la estabilidad de los mercados financieros. En un contexto en el que los precios del crudo han oscilado hasta un 50% en cuestión de días, la incertidumbre se ha convertido en el elemento dominante de la economía energética mundial.

Una de las razones que explican la sensibilidad extrema de los mercados es la enorme importancia estratégica del Golfo Pérsico. Se estima que alrededor del 20% del petróleo del comercio mundial transita por el estrecho de Ormuz, lo que convierte a este paso marítimo en un punto crítico para la seguridad energética global. Con el tránsito prácticamente detenido y varios buques comerciales atacados, cualquier noticia —sea militar, diplomática o especulativa— genera reacciones inmediatas y pronunciadas en los precios internacionales del crudo

Cuando la geopolítica se convierte en inflación

La historia económica ofrece numerosos ejemplos de esta relación entre geopolítica y energía. Las crisis petroleras de los años setenta, provocadas por conflictos en Medio Oriente, desencadenaron episodios de inflación global, recesión y transformaciones profundas en las políticas energéticas de muchas economías. Aunque el mundo actual es más diversificado en términos energéticos, el petróleo sigue siendo un componente esencial del sistema económico global.

El impacto de un aumento sostenido en el precio del crudo suele transmitirse a través de varios canales. El primero es la inflación. Cuando sube el precio del petróleo, aumentan los costos del transporte y de la producción industrial. Esto se traduce en precios más altos para bienes y servicios en casi todas las economías.

El segundo canal es el crecimiento económico. Los costos energéticos más elevados reducen el poder adquisitivo de los consumidores y aumentan los costos de las empresas, lo que puede desacelerar la actividad económica.

La política monetaria vuelve a mirar al petróleo

Este escenario explica por qué los bancos centrales observan con atención la evolución de los precios energéticos. En los últimos dos años, muchas autoridades monetarias han logrado moderar la inflación tras los picos registrados durante la pandemia y la guerra en Ucrania. Sin embargo, un nuevo shock energético podría complicar ese proceso.

En Estados Unidos, por ejemplo, el repunte de los precios de la energía podría mantener presiones inflacionarias en la economía. Esto aumenta la probabilidad de que la Reserva Federal mantenga una postura monetaria cautelosa y retrase la reducción de las tasas de interés. Si la inflación vuelve a mostrar señales de persistencia, la Fed podría optar por mantener las tasas en niveles relativamente altos por más tiempo.

Esta dinámica tiene implicaciones importantes para economías emergentes. Cuando las tasas de interés en Estados Unidos permanecen elevadas, se fortalecen los flujos de capital hacia activos denominados en dólares, lo que limita el margen de maniobra de los bancos centrales en otras economías.

El dilema monetario para la República Dominicana

Para la República Dominicana, esta situación es particularmente relevante. El Banco Central dominicano debe equilibrar múltiples factores en su política monetaria. Por un lado, la inflación local se situó en enero alrededor del 4.98%, dentro del rango objetivo pero aún sensible a shocks externos como el aumento de los precios energéticos.

Por otro lado, si la Reserva Federal mantiene tasas relativamente altas, reducir significativamente las tasas en la República Dominicana podría generar presiones cambiarias o salidas de capital.

En otras palabras, la combinación de tasas de interés elevadas en Estados Unidos y presiones inflacionarias internas podría limitar la capacidad del Banco Central de la República Dominicana para reducir su tasa de política monetaria. Esto es relevante porque una reducción de tasas suele contribuir a estimular el crédito, la inversión y el crecimiento económico.

Una economía vulnerable a los precios del petróleo

Para economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la evolución del precio del petróleo y LNG es especialmente relevante. A diferencia de los países productores, las economías importadoras de energía son particularmente vulnerables a los cambios en los precios internacionales.

La República Dominicana importa aproximadamente el 75-85% de la energía que consume. Esto significa que un aumento significativo en el precio del petróleo se traduce rápidamente en mayores costos de importación de combustibles y electricidad. Estos costos adicionales pueden presionar al alza los precios internos y afectar la inflación.

Algunos escenarios sugieren que un aumento sostenido del petróleo y LNG podría elevar la inflación en el país entre dos y tres puntos porcentuales si se mantiene durante varios meses.

Turismo, transporte y crecimiento económico

El impacto no se limita al costo de los combustibles. También puede afectar sectores clave de la economía dominicana, como el turismo. El turismo depende en gran medida del transporte aéreo, y el combustible es uno de los principales costos de las aerolíneas.

Cuando suben los precios del petróleo, los costos de los vuelos también tienden a aumentar, lo que puede influir en la demanda de viajes internacionales.

Esto no significa que la economía dominicana vaya a detener su crecimiento. El país tiene un historial de varios años de expansión económica sólida y sostenida. Durante la última década, la República Dominicana se ha mantenido entre las economías de mayor crecimiento de América Latina, con tasas promedio cercanas al 5% anual. Sin embargo, en 2025 el crecimiento se moderó significativamente, alcanzando apenas un 2.1%. Si a esta desaceleración se suma ahora el impacto de precios energéticos más altos —resultado de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente— el panorama económico podría volverse más complejo. Para 2026, las proyecciones oficiales apuntan a una expansión cercana al 4%. Pero el nuevo escenario internacional, marcado por un petróleo más caro y una mayor incertidumbre global, podría poner en riesgo esas expectativas.

En un entorno económico internacional cada vez más volátil, sería prudente comenzar a pensar en un “plan B” que permita proteger el crecimiento y mantener la estabilidad macroeconómica del país.

La oportunidad de acelerar la transición energética

Al mismo tiempo, esta situación también plantea una oportunidad estratégica. El aumento recurrente de los precios del petróleo refuerza el argumento a favor de acelerar la transición hacia fuentes de energía renovables. Para países importadores de energía, el desarrollo de energías renovables no solo es una cuestión ambiental, sino también una estrategia económica.

La República Dominicana ha avanzado en este terreno en los últimos años, con inversiones crecientes en energía solar y eólica. Estas tecnologías permiten reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y contribuyen a mejorar la seguridad energética del país.

Si la volatilidad en los mercados petroleros continúa, la transición energética podría adquirir un nuevo impulso. Para economías como la dominicana, diversificar la matriz energética no solo ayudaría a reducir la exposición a shocks externos, sino que también podría generar nuevas oportunidades de inversión y desarrollo.

Conclusión: la geopolítica energética no pertenece al pasado

En última instancia, el reciente aumento de los precios del petróleo es un recordatorio de que la economía mundial sigue profundamente conectada con la geopolítica. A pesar del avance de las nuevas tecnologías y de la creciente digitalización de la economía, los recursos energéticos continúan desempeñando un papel central en la estabilidad económica global.

El regreso de la geopolítica al precio del petróleo muestra que la economía energética no pertenece al pasado. Por el contrario, sigue siendo uno de los factores más determinantes del presente y del futuro económico del mundo. Para países dependientes de la importación de energía, entender esta dinámica y prepararse para sus efectos será clave para navegar con éxito un entorno global cada vez más incierto.

Armand Toonen

Director Ejecutivo del Holland House Caribbean. Consejero Independiente

Armand Toonen, PDEng MSc CPIM MBA, es actualmente Director Ejecutivo del Holland House Caribbean, Consejero Independiente e inversionista. Armand tiene treinta años de experiencia en multinacionales de clase mundial que operan en servicios financieros, telecomunicaciones y alta tecnología en Europa, América y Asia. En la Republica Dominicana trabajo como Vicepresidente en Orange, AGL, Banco Santa Cruz y Altice. Historial comprobado como CEO, CCO, CMO, COO, CSO y consultor. Experiencia en “growth hacking” mediante redefinición de estrategias, transformación (digital), fusiones y adquisiciones y creación de equipos de alto rendimiento. Armand tiene un doctorado y varias maestrías en administración de empresas, ingeniería industrial y logística. Se preparó entre otros en Harvard Business School y Hemingway para el rol de consejero. Ex miembro del Programa de Liderazgo Global de Vodafone.

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